Desde hace mucho tiempo, Intel ha sido una marca reconocida en todo el mundo por ofrecer una serie de procesadores de varias gamas con un gran rendimiento y potencia, aunque en los últimos años, hemos visto el declive que ha tenido la compañía, que se ha visto superada en ciertas ocasiones por sus competidores. Los problemas que tiene Intel con sus CPU no acompañan a las buenas prácticas que podían haber tenido hace tiempo, algo que los llevo a liderar el mercado.
Los procesadores de las nuevas generaciones de Intel han presentado una gran cantidad de problemas, la mayoría relacionados con la frecuencia a la que funcionan, pudiendo causar que se sobrecalentasen en diversos casos, causando que funcionasen mucho peor de lo que deberían. Esto implica, que los propios perfiles configurados por los fabricantes de placa base se han visto afectados, impidiendo que puedan utilizarse con la mayoría de procesadores, evitando que, pueda hacerse overclock en la mayoría de los casos.
Los problemas de Intel van más allá de sus procesadores
Una de las grandes ventajas que ha presentado Intel durante los años que llevan fabricando procesadores, es la estabilidad que podían presentar sus productos, algo que está claro que han perdido en los últimos años, teniendo en cuenta que una de los mayores contratiempos que hemos podido ver por parte de esta compañía, están sucediendo actualmente. Y es que el hecho de que la propia compañía no sea capaz de solucionar este tipo de problemas, resulta bastante preocupante, ya que la mayoría de este tipo de problemas debería poder solucionarlos la propia compañía.
Esto es algo que resulta realmente preocupante, tanto para los usuarios como para la empresa, ya que afecta directamente a ambos, a los usuarios por la parte de comprar un producto que no merece la pena por los problemas que puede causar hacer que funcione mejor de lo que va, y a la compañía por la mala fama que está acarreando tener este tipo de problemas. De momento, tan solo podemos esperar a que la marca creadora de los Intel Core consiga solucionar los problemas que acompañan a las últimas arquitecturas de sus procesadores, mientras que el parche temporal lo tienen que aplicar los fabricantes de placas base.
La solución la tienen que adaptar los fabricantes de placas base
Para comprender los problemas que tienen las CPU de decimotercera y decimocuarta generación de Intel, primero debemos comprender de donde viene el fallo, que se encuentra en el tipo de diseño que tienen, incapaz de soportar los perfiles preconfigurados por los creadores de las placas base. Esto, de forma resumida, implica que estas CPU no son capaces de soportar la configuración que incorporan los perfiles «Extreme«, que fija los valores PL1/PL2/PL4 en 253/253/380 W, mientras que el Iccmax es de 400 A.
En este caso, Intel ha indicado que los fabricantes deben ajustar en todas sus placas base que la configuración inicial nunca sea la «Extreme«, pero que ni siquiera sea tampoco la de «Performance«, que ofrece una mejora con respecto a los valores básicos, pero que no fuerza tanto el procesador como la «Extreme«. En este caso, desde la compañía han indicado, que desde un principio, debe ofrecer la configuración más básica, que fija los valores PL1/PL2/PL4 en 125/188/293W y el Iccmax en 249A.
