33 Immortals es el nuevo proyecto de Thunder Lotus Games, un estudio canadiense que ya demostró su talento para crear experiencias con fuerte personalidad gracias a títulos como Spiritfarer, Jotun o Sundered. En esta ocasión, el equipo deja de lado las aventuras narrativas para apostar por una propuesta más centrada en la acción cooperativa combinando elementos de los action roguelike, la progresión de los roguelite y las grandes incursiones propias de los MMO. Todo ello envuelto en una llamativa estética inspirada en las ilustraciones medievales y, sobre todo, en La Divina Comedia de Dante Alighieri.
La premisa nos pone en la piel de un alma condenada que, tras ser enviada al Infierno por los pecados cometidos en vida, decide rebelarse contra el juicio divino en busca de una segunda oportunidad. Guiados por personajes tan conocidos como Virgilio o Beatriz, recorreremos el Infierno, el Purgatorio y, finalmente, el Paraíso mientras luchamos junto a otros jugadores para desafiar el orden establecido.
Con partidas para hasta 33 participantes simultáneos (una cifra que no es casual y que hace referencia a los 33 cantos que componen cada una de las tres partes de la obra de Dante), 33 Immortals propone una experiencia cooperativa diferente a casi cualquier otro roguelite del mercado. En este análisis os contamos si Thunder Lotus ha conseguido que esa ambiciosa idea funcione tan bien en la práctica como sobre el papel.
Historia: una rebelión contra el juicio divino
Aunque 33 Immortals no es un juego especialmente centrado en la narrativa, sí cuenta con un trasfondo lo suficientemente interesante como para dar sentido a todo lo que sucede durante las partidas. La historia toma como punto de partida La Divina Comedia de Dante Alighieri, aunque no adapta el poema de forma literal, sino que utiliza su universo y sus personajes para construir una aventura propia.
Encarnamos a un alma condenada que, tras ser juzgada por los pecados cometidos en vida, es enviada al Infierno para sufrir un castigo eterno. Sin embargo, se niega a aceptar su destino y decide unirse a una rebelión formada por otras almas con un mismo objetivo: desafiar el juicio de Dios y luchar por una segunda oportunidad.
A lo largo de nuestra progresión iremos recorriendo los distintos reinos del más allá (Infierno, Purgatorio y Paraíso) mientras personajes como Virgilio o Beatriz nos sirven de guía y nos ayudan a mejorar a nuestro personaje entre partida y partida. El juego tampoco pretende desarrollar una trama compleja ni ofrecer largas secuencias narrativas; la historia está presente sobre todo como hilo conductor que justifica nuestro avance y el enfrentamiento contra los distintos enemigos y jefes finales.
Es un planteamiento sencillo, pero funciona. La inspiración en la obra de Dante aporta personalidad al conjunto y consigue que 33 Immortals tenga una identidad propia más allá de su propuesta jugable. Además, pequeños detalles como que las partidas estén formadas por exactamente 33 jugadores —en referencia a los 33 cantos de cada una de las tres partes de La Divina Comedia— demuestran el cuidado con el que Thunder Lotus ha integrado esta inspiración literaria dentro del propio diseño del juego.
Jugabilidad y mecánicas: un roguelite cooperativo con identidad propia
Si por algo destaca este juego es sin duda por su jugabilidad y sus mecánicas. Sobre el papel puede parecer una mezcla extraña entre un roguelike al estilo Hades, la progresión permanente propia de los roguelite y las grandes incursiones cooperativas de los MMO, pero una vez que empiezas a jugar te das cuenta de que esta combinación funciona sorprendentemente bien.
Aquí no existe el típico jugador capaz de cargar con toda la partida sobre sus hombros (aunque obviamente, algunos jugadores más experimentados y de mayor nivel tienen mayor peso), sino que la cooperación es el núcleo de la experiencia y prácticamente todas las mecánicas están diseñadas para fomentar que los jugadores trabajen juntos.
Cada partida comienza eligiendo el reino que quieres «asaltar». El Infierno es el punto de partida y admite hasta 33 jugadores simultáneos, mientras que el Purgatorio reduce esa cifra a 22 y el Paraíso hay que afrontarlo en un grupo de solo 11 jugadores. Además, el juego exige haber cumplido ciertos requisitos como conseguir llaves en los niveles anteriores antes de acceder al endgame. El emparejamiento es automático, y en apenas unos segundos ya estaremos recorriendo un enorme mapa plagado de demonios, élites y mini bosses.
El objetivo inicial consiste en eliminar enemigos, abrir cofres y explorar el escenario para ir recolectando recursos que mejoren nuestro personaje, tanto a nivel de atributos como con reliquias (objetos). Los monstruos sueltan ceniza al morir, que sirve para mejorar los atributos del personaje (solo durante esa partida), mientras que los huesos que podemos encontrar en vasijas y cofres sirven como moneda para comprar mejoras o potenciar reliquias. Por su parte, también encontraremos esquirlas moradas que son la moneda permanente que utilizaremos luego en la base para desbloquear armas y otras cosas para el personaje.
El sistema de armas aporta mucha variedad. En total, hay ocho armas, cada una con sus propios movimientos y habilidades diferentes, y encontraremos desde opciones cuerpo a cuerpo como la espada, las dagas o la guja, hasta otras más orientadas al combate a distancia como el arco o las ballestas, pasando por centros de magia. Pero independientemente del arma elegida, todas comparten un dash para esquivar ataques que responde realmente bien y es fundamental, tanto jugando con teclado y ratón como con mando.
La exploración tampoco se centra únicamente en eliminar enemigos. Repartidas por el escenario encontraremos urnas, cofres y eventos que pueden recompensarnos con huesos, esquirlas, reliquias o llaves. Estas últimas tienen un papel muy importante, ya que permiten abrir cofres especiales en las llamadas cámaras de tortura, pequeñas pruebas cooperativas para grupos de seis jugadores donde hay que sobrevivir a varias oleadas de enemigos. Al superar el desafío siempre obtenemos un cofre de recompensa, pero quien tenga una llave podrá abrir un segundo con mejores recompensas.
Las reliquias, por su parte, funcionan como el equipamiento del personaje. Podemos llevar hasta 8 equipadas, subirlas de nivel usando huesos e incluso transmutarlas para convertirlas en otras diferentes si no te gustan las que te han tocado. Siempre que te toca una reliquia, es aleatoria y tienes dos opciones para elegir.
Una vez el grupo ha completado diez (o doce, depende de la partida) cámaras de tortura, la partida entra en su fase decisiva. Comienza entonces la Ascensión, un evento en el que aparecen tres enormes estrellas repartidas por el mapa mientras una especie de niebla va cerrando progresivamente el escenario. Todos los jugadores deben dividirse y alcanzar estas zonas antes de quedarse atrás, ya que permanecer fuera del área segura significa una muerte prácticamente asegurada.
Tras superar una intensa batalla en cada uno de estos puntos, los supervivientes ascienden finalmente hasta el enfrentamiento contra el jefe final del reino. En el caso del Infierno, ese honor recae sobre Lucifer, un combate bastante espectacular que mezcla múltiples mecánicas, invocaciones constantes de enemigos y numerosos ataques de área que obligan a permanecer atentos durante toda la pelea.
Otro de los aspectos que más me ha gustado es cómo el juego incentiva constantemente la cooperación. Si un compañero cae en combate todavía existe la posibilidad de reanimarlo, aunque volverá con solo una cuarta parte de su vida máxima y, si vuelve a morir, quedará eliminado de forma definitiva. Además, todas las armas disponen de una habilidad cooperativa exclusiva que únicamente puede activarse con la ayuda de otros jugadores cercanos. Es un detalle sencillo, pero consigue que incluso jugando con desconocidos exista una sensación constante de colaboración.
Quizá el único punto donde el juego muestra antes sus limitaciones sea en la variedad a largo plazo. Las partidas son muy divertidas, ágiles y encadenan muy bien un objetivo tras otro, por lo que resulta fácil terminar una incursión y pensar «vamos con otra». Sin embargo, una vez has visto varias veces el mismo ciclo de exploración, cámaras de tortura, Ascensión y jefe final, la sensación de repetición empieza a aparecer.
Sigue siendo un título perfecto para echar un par de partidas con amigos de vez en cuando, pero no termina de ofrecer la profundidad necesaria para mantener enganchado durante decenas y decenas de horas. Aun así, teniendo en cuenta su precio, creo que Thunder Lotus ha conseguido crear una propuesta cooperativa muy original y, sobre todo, muy divertida de jugar.
Apartado artístico: una personalidad visual que entra por los ojos
33 Immortals no es un juego que pretenda presumir de gráficos impresionantes, pero sí que tiene un apartado artístico muy marcado y que llama mucho la atención. Todo el juego bebe claramente de La Divina Comedia como ya hemos dicho antes, con una representación muy particular del Infierno, el Purgatorio y el Paraíso que recuerda tanto a ilustraciones medievales como a grabados clásicos inspirados en la obra de Dante.
Cada uno de los tres reinos tiene su propia personalidad diferente, marcada en gran parte por el uso de distintas paletas de colores y diseños, haciendo que cambiar de un escenario a otro se note no solo en que el mapa sea distinto y haya otro tipo de enemigos, sino en la propia estética.
Además, me ha sorprendido gratamente la claridad con la que consigue mostrar la acción. Teniendo en cuenta que en pantalla pueden coincidir varias decenas de jugadores, decenas de enemigos, proyectiles y efectos visuales por todas partes, esperaba encontrarme con un auténtico caos difícil de seguir. Sin embargo, Thunder Lotus ha hecho un gran trabajo en este sentido. Los efectos son vistosos, pero nunca llegan a saturar la pantalla, y en todo momento resulta sencillo localizar a nuestro personaje, identificar los ataques enemigos y seguir el desarrollo del combate sin sensación de agobio.
No es un apartado artístico especialmente complejo ni revolucionario, pero sí uno con mucha personalidad. Esa identidad propia hace que 33 Immortals entre muy bien por los ojos y que resulte reconocible con apenas ver una captura de pantalla, algo que, en un mercado tan saturado de roguelites, tiene mucho mérito.
Gráficos y rendimiento: tan ligero como fluido
A nivel técnico, 33 Immortals es un juego tremendamente agradecido. No pretende impresionar con tecnologías punteras ni con un apartado gráfico de última generación, pero precisamente gracias a ello ofrece un rendimiento excelente incluso cuando la pantalla está repleta de enemigos, efectos y varias decenas de jugadores luchando al mismo tiempo.
Durante mis partidas no he sufrido caídas de rendimiento, tirones ni problemas de estabilidad. El juego se ha mostrado sólido en todo momento, algo especialmente importante en un título donde una esquiva realizada unas décimas de segundo tarde puede significar perder la partida. Además, los tiempos de carga son muy reducidos y el emparejamiento suele ser bastante rápido, por lo que apenas hay esperas entre una incursión y la siguiente.
En mi caso lo he jugado con todos los ajustes gráficos al máximo en un equipo formado por un AMD Ryzen 7 9800X3D, 64 GB de memoria RAM y una NVIDIA GeForce RTX 5080. Con esta configuración el juego ha permanecido constantemente en 240 FPS, limitados únicamente por la sincronización vertical de mi monitor, mientras que la utilización de la tarjeta gráfica rara vez superaba el 15 %. Evidentemente hablamos de un equipo muy por encima de los requisitos recomendados, pero sirve para hacerse una idea de lo poco exigente que resulta el juego.
En definitiva, Thunder Lotus ha conseguido una optimización muy sólida. 33 Immortals demuestra que no hace falta un gran despliegue técnico para ofrecer una experiencia fluida y estable, algo que sin duda agradecerán quienes jueguen en equipos más modestos o en dispositivos portátiles como Steam Deck.
Una banda sonora que destaca y para bien
En este tipo de juegos, la banda sonora suele ser simplemente una pieza adicional para darle mayor inmersión, que acompaña pero que no destaca. Sin embargo, en 33 Immortals la banda sonora tiene bastante más protagonismo y esto es bueno, porque las piezas son épicas y oscuras, reforzando todo el tiempo esa sensación de estar participando en una rebelión contra los mismísimos cielos.
Los efectos de sonido también cumplen con nota. Los impactos de las armas, las habilidades especiales y los ataques de los enemigos tienen suficiente contundencia para transmitir buenas sensaciones durante el combate, algo importante en un juego donde la acción es prácticamente constante. Además, ayudan a identificar con claridad muchas de las habilidades y ataques que se producen en pantalla, contribuyendo a que el caos visual nunca termine convirtiéndose en confusión.
En conjunto, no es un apartado sonoro que vaya a convertirse en uno de los grandes argumentos de 33 Immortals, pero sí uno que acompaña correctamente a la experiencia y cumple su cometido de reforzar tanto la ambientación como el dinamismo de los combates.
Precio: difícil pedir mucho más por menos de 15 euros
Con un precio oficial de 14,89 euros en Steam, creo que es complicado poner demasiados peros a 33 Immortals. Evidentemente no estamos ante un juego con el contenido de un gran AAA ni pretende ofrecer cientos de horas de juego, pero tampoco intenta vender esa idea. Thunder Lotus propone una experiencia cooperativa muy concreta, bien ejecutada y con una personalidad propia que justifica sobradamente lo que cuesta.
Es cierto que, con el paso de las horas, la estructura de las partidas puede llegar a hacerse repetitiva. Al fin y al cabo, las incursiones siguen siempre un patrón muy similar y, aunque las armas y las reliquias aportan variedad, probablemente llegue un momento en el que sientas que ya has visto casi todo lo que el juego tiene que ofrecer. Sin embargo, eso no empaña el hecho de que las primeras horas sean realmente divertidas, especialmente si juegas acompañado de un grupo de amigos.
Precisamente ahí creo que está su mayor virtud. 33 Immortals es el típico juego al que apetece volver de vez en cuando para echar un par de partidas de media hora, disfrutar de una buena sesión cooperativa y dejarlo hasta otro día. No necesita convertirse en tu juego principal para justificar la compra, y por menos de 15 euros ofrece una relación calidad-precio francamente buena. Si te atrae su propuesta y disfrutas de los roguelites cooperativos, me parece una compra muy recomendable.
Conclusión: un roguelite cooperativo que no podemos dejar de recomendar
Thunder Lotus ha conseguido algo que no es nada sencillo: crear una propuesta que se siente diferente dentro de un género tan saturado como el de los roguelites. 33 Immortals no reinventa la rueda, pero sí mezcla ideas procedentes de los action roguelike, los MMO y los juegos cooperativos para ofrecer una experiencia muy divertida, accesible y, sobre todo, pensada para disfrutar en compañía. La inspiración en La Divina Comedia le aporta una identidad propia, mientras que su dirección artística, su excelente optimización y unas mecánicas cooperativas bien planteadas consiguen que cada incursión resulte entretenida de principio a fin.
Eso no significa que sea un juego perfecto. La falta de variedad acaba haciendo acto de presencia tras unas cuantas horas, ya que la estructura de las partidas apenas cambia y el factor sorpresa termina desapareciendo. Es un título que invita más a volver de vez en cuando para jugar un par de partidas que a pasar semanas completamente enganchado. Pero tampoco creo que esa fuera la intención de Thunder Lotus.
Lo que también es cierto es que el juego requiere mucho de otros jugadores, necesita que haya gente jugando porque, como hemos explicado, por ejemplo para entrar al Infierno necesitas 33 personas. Y, lamentablemente, hay muchas ocasiones en las que no encuentras jugadores suficientes ni para eso. Y es una pena porque es un juego muy divertido y entretenido, y honestamente me cuesta entender por qué hay tan poca gente jugando a solo un mes de su lanzamiento.
Por todo ello, considero que 33 Immortals es una compra muy recomendable, especialmente teniendo en cuenta su ajustado precio. Si buscas un roguelite diferente, con un fuerte componente cooperativo y partidas relativamente cortas que puedas disfrutar tanto con amigos como con desconocidos, aquí encontrarás una propuesta muy sólida. Puede que no vaya a convertirse en el juego al que dediques cientos de horas, pero sí en uno de esos títulos a los que siempre apetece volver para echar «una partida más».

