Pese a que la mayoría de productos que compramos no se venden en pérdidas, hay cierto tipo de ellos que, como la Xbox, pueden salirle rentables a su vendedor, debido a que la mayoría de ingresos no vienen tras esta compra, sino por todo lo que hay detrás.
En el día de hoy, veremos cómo Microsoft sigue perdiendo dinero con su consola, tras el incremento de componentes como la memoria RAM o SSD, lo que les deja un panorama complicado, ya que incluso, volviendo a subir el precio de la Xbox, podría seguir no siendo rentable.
Vender Xbox no es rentable para Microsoft
Puede parecer raro, pero el caso es que Microsoft sigue perdiendo dinero con cada Xbox que vende. No es algo nuevo, y es que esto lleva sucediendo desde que las consolas son algo más que la venta del producto en sí, pues tanto Microsoft como Sony buscan la mayor cantidad de personas que tengan su dispositivo, para posteriormente ganar más con esos clientes, por lo que no es algo nuevo que la propia consola no sea lo que les dé el dinero.
El problema es que esto resulta cada vez más difícil de sostener. En una entrevista bastante actual, Microsoft explicaba que el precio de algunos componentes se ha disparado, sobre todo el de la memoria RAM y el almacenamiento SSD. Según la compañía, ambos llegan a costar más del doble que hace unos años y las previsiones no son demasiado optimistas, ya que podrían volver a subir de precio de aquí a 2027 por la enorme demanda que está generando la inteligencia artificial.
Esta sería la razón por la que la compañía ha elevado el precio de Xbox en los últimos meses. Muchos pensaron que era una forma de aumentar los beneficios, pero la realidad es otra. Sobre todo, esas subidas sirven para reducir las pérdidas que deja cada consola, ya que el coste de fabricación también ha subido de forma importante.
El problema es que tampoco Microsoft puede seguir subiendo el precio para siempre. Cuanto más cara salga la Xbox, más complicado será convencer a los compradores, especialmente si la competencia también cuenta con alternativas muy atractivas. Si bajan las ventas de hardware, baja también el número de usuarios que acaban comprándote juegos o pagando una suscripción, que es donde la empresa saca el mayor margen.
O sea que Microsoft está en un buen lío: producir una Xbox cada vez resulta más cara, pero si sube mucho el precio de venta, eso podría hacerle perder clientes. Por eso, todo apunta a que los próximos años serán claves para ver si este modelo es todavía sostenible o si la compañía termina apostando todavía más por los servicios y el juego en la nube.
Lo curioso es que este problema va mucho más allá de Xbox. El coste de la memoria y del almacenamiento afecta a prácticamente toda la industria tecnológica, así que los próximos años podrían traer cambios importantes en el precio de muchos dispositivos, los cuales, a diferencia de las consolas, puede que no vivan de otra cosa que la propia venta, lo que supondrá un aumento para el cliente final sí o sí.
