6 motivos por los que es mejor comprar un SSD SATA que un NVMe para tu PC

Es normal que, con las elevadas velocidades de transmisión de datos que alcanzan los SSD NVMe, la mayoría de usuarios quieran comprar uno de estos para su equipo. Pero, hacer esto no siempre es lo mejor. Los SSD SATA también son una opción muy factible para todos los usuarios. Es por ello que, en el artículo de hoy, os vamos a dar 6 motivos por los que los SSD SATA son la mejor compra, frente a los SSD NVMe.

Todos los usuarios querríamos que todas nuestras unidades de almacenamiento fueran SSD NVMe. No por nada, son sensiblemente más rápidos que los SSD SATA normales. No hablemos ya, de un disco duro de los que se han empleado desde el comienzo de la informática de escritorio. Y, en general, serían una excelente opción. Si no fuera porque hay veces que los SSD SATA son una mejor opción.

La culpa de la lentitud de tu equipo no es por tu SSD SATA

Si tenéis un ordenador que ya monta un SSD SATA y comienza a iros lento, es muy probable que la culpa de esta lentitud no se deba, precisamente, a este componente. Si tenéis un disco duro, este puede ser uno de los motivos de esta lentitud. Aunque, si el PC es algo antiguo, lo más probable es que la causa se deba a poca cantidad de memoria RAM que tenemos en él instalado.

Por consiguiente, si vuestro sistema va lento, por mucho SSD NVMe que le pongáis, no va a dejar de ir lento. La causa es otra que deberéis de solventar de manera previa.

Los SSD SATA son más baratos que los SSD NVMe

A pesar de las continuadas bajadas en el precio de la memoria NAND Flash, y del uso de nuevos tipos de este tipo de memoria (QLC, NAND Flash con 96 capas), los SSD NVMe siguen siendo más caros que los SSD SATA. Puede que ya no tanto como al principio. Pero sí es verdad que, en las unidades más rápidas, la diferencia de precio puede ser bastante abultada.

Por ejemplo, podemos encontrar SSD SATA con una capacidad de 1 TB por unos 100 euros. Sin embargo, un SSD NVMe de la misma capacidad y que no use memoria NAND Flash QLC, puede costar el doble de precio. O incluso más, si se trata de uno de los nuevos modelos que emplean el bus PCIe 4.0 de las placas base para AMD Ryzen 3000.

Cierto es que podemos optar por modelos que sean más lentos que los topes de gama habituales. Pero, incluso así, seguirán siendo más caros que los SSD SATA normales. Quizás solo 20 o 30 euros, pero lo serán.

La potencia que consumen los SSD SATA es menor

Si os preocupa el consumo de energía de vuestro sistema, debéis de ser conscientes que los SSD NVMe consumen más potencia que los SSD SATA. De hecho, pueden llegar a consumir casi tanto como un disco duro. Y esto es aplicable, tanto a los que se venden en formato de 2,5 pulgadas, como a los que se venden en formato para ranura M.2. Cierto es que no hablamos de unos consumos exagerados. Pero ese exceso de consumo puede presentar problemas si nuestro ordenador va justo de fuente de alimentación.

Por tanto, si en vuestro equipo tenéis instalado una fuente de alimentación con una potencia más bien baja (o que no es de muy buena calidad), uno de estos dispositivos os ayudará a no saliros del máximo de potencia que ella puede dispensar.

Los SSD NVMe se calientan mucho

Uno de los grandes problemas que tienen los SSD NVMe es que se calientan mucho en funcionamiento. Se calientan tanto que, suele ser recomendable comprarles un disipador. En caso de no hacerlo, no solo podemos reducir bastante la vida operativa de la unidad de almacenamiento. También nos podemos encontrar con que la unidad se vea obligada a hacer thermal throttling y pierda todo el rendimiento que es capaz de proporcionar.

Las unidades SATA no tiene ese problema. Especialmente las que vienen en formato de 2,5 pulgadas, dado que en ellas se emplea la carcasa de la unidad como disipador. Las unidades en formato M.2 se calientan algo más. Pero no tanto como las NVMe. Por consiguiente, si estáis pensando en instalar una unidad sólida en vuestro portátil, un SSD SATA que se conecte por M.2 sería una mejor opción.

Es más fácil encontrar hardware compatible con los SSD SATA

El formato SATA lleva con nosotros de hace ya bastantes años. No podemos olvidar que fue el que sustituyó al extinto PATA (o IDE) que usaban previamente las unidades de almacenamiento. Por tanto, está muy extendido por las placas base de nuestros ordenadores.

Por contra, el uso del formato M.2 en placas base del entorno de escritorio es mucho más reciente. No solo es más reciente, sino que su uso para las unidades NVMe (ya que es el único estándar que soporta) es todavía más reciente. Esto significa que no todas las placas base van a tener la ranura M.2 conectada al bus PCIe de la placa base, necesaria para que este tipo de unidades funcione bien.

La diferencia de rendimiento entre ambos tipos de unidades es imperceptible en la vida real

Así como cuando pasamos de los discos duros a los SSD todos pudimos sentir, en la vida real, el incremento de rendimiento que traían consigo las nuevas unidades, no sucede lo mismo cuando pasamos de un SSD SATA a un SSD NVMe. Esto se debe a que, si bien en el caso del primer cambio las diferencias se medían en decenas de segundos, en el caso del segundo tipo de cambio, las diferencias se miden en menos de 10 o 15 segundos. Y los tiempos de acceso a los datos, son prácticamente idénticos en ambos tipos de unidades.

Por tanto, aunque la mejora es real y existe, no es una mejora que vayamos a poder sentir cuando lo utilicemos. Por supuesto, si todavía tenéis un disco duro tradicional en vuestro PC y podéis comprar un SSD NVMe porque habéis cambiado la placa base por una bastante moderna, hacedlo. Pero, si funcionáis ya con un SSD SATA, no vais a notar ninguna diferencia al hacerlo.