Mejora el rendimiento tus juegos asignándole más recursos de CPU

En algunas ocasiones, puede darse la situación de que necesitemos realizar tareas intensivas que consumen recursos del procesador, y éstas se ven limitadas por la potencia de éste para ejecutarse mejor o más rápido. Afortunadamente, en Windows 10 hay una manera de asignar más recursos al procesador para las aplicaciones o juegos que queremos y así mejorar su rendimiento, y os explicamos cómo hacerlo.

Antes de nada, hay que tener en cuenta que el proceso que vamos a realizar no es que vaya a aumentar el rendimiento bruto del procesador, sino que lo que vamos a hacer es asignarle más recursos pero evidentemente quitándoselos a otras cosas. En otras palabras, estaremos mejorando el rendimiento de la aplicación o juego que queramos, pero estaremos reduciendo el rendimiento del resto de aplicaciones que estén funcionando en segundo plano.

Por lo tanto, aplica esta técnica con precaución y con mesura, ya que darle una prioridad en tiempo real a un juego o aplicación podría provocar que incluso otras se quedaran bloqueadas, al no asignarle el procesador nada o casi nada de su tiempo.

Cómo mejorar el rendimiento asignando más recursos del procesador

Hoy en día prácticamente la totalidad de los programas y juegos se benefician del hecho de que los procesadores modernos tienen varios núcleos, y de hecho, más que núcleos se benefician de un mayor número de hilos de proceso. Ya que los juegos suelen ejecutar en paralelo varios hilos de ejecución para diferentes áreas del mismo como puede ser el cálculo de las físicas, la inteligencia artificial, el sonido, la creación de varias listas de pantalla. En cambio existen aplicaciones que están pensadas para funcionar con un solo núcleo y no se ven apenas beneficiadas si repartimos su ejecución entre varios núcleos.

En sistemas operativos Windows puedes hacer que una aplicación en concreto tenga mayor rendimiento simplemente asignándole más recursos del procesador manualmente.

A día de hoy los sistemas operativos son del tipo preemptiva, esto significa que no es la aplicación la que toma y cede los recursos para si misma sino el propio sistema operativo. Por ejemplo, nos podemos encontrar que un juego requiera un elevado consumo de recursos del procesador. Pero en el sistema operativo, éste no le asignará el 100% de recursos al juego porque tiene otras aplicaciones en segundo plano necesarias para el funcionamiento del sistema, la cuales si se parasen podría significar el colapso de todo el sistema.

Asignar más prioridad

Lo que podemos hacer para mejorar el rendimiento es, para empezar, asignarle más prioridad al proceso que ejecuta dicho juego. Para ello, debemos abrir el administrador de tareas (podemos hacerlo con clic derecho en la barra de inicio y seleccionando administrador de tareas, pulsando sobre el botón de inicio y escribiendo «administrador de tareas» o simplemente pulsando CTRL + SHIFT + ESC).

Con el administrador de tareas abierto, debemos ir a la pestaña «Detalles» y localizar el proceso del programa o juego al que queremos mejorar el rendimiento. Una vez localizado, pulsamos con el botón derecho del ratón sobre él, y en el menú «Establecer prioridad» tenemos las opciones para asignarle más prioridad.

Aquí podremos seleccionar prioridad «Por encima de lo normal» o «Alta«. La prioridad «Tiempo real» normalmente no es aconsejable, porque con ésta Windows dejará de lado cualquier otra aplicación o programa que tengamos en segundo plano y podría llegar incluso a bloquearse con tal de asignar el máximo de recursos del sistema a la aplicación seleccionada. Así pues, en este punto, proceder con precaución.

En este caso «Tiempo Real» hace referencia a las aplicaciones cuyas interrupciones tienen preferencia sobre cualquier otro proceso a la hora de solucionarse. Ese tipo de aplicaciones se utilizan en ciertos entornos concretos diferentes al doméstico y su selección puede llevar al traste la ejecución en todo el sistema.

Establecer afinidad limitando el número de núcleos

Esta otra opción es más efectiva y a la vez menos peligrosa que la anterior, porque aquí lo que haremos será obligar a una aplicación a que se ejecute en ciertos núcleos del procesador y no en otros. Se accede de igual manera que en la opción anterior, pero en lugar de seleccionar «Establecer prioridad», pulsaremos sobre «Establecer afinidad».

Por defecto, Windows utilizará todos los núcleos del procesador para todos los procesos que haya abiertos en el sistema, así que aquí no se trata de hacer que el juego o aplicación se ejecute en menos núcleos, sino de seleccionar cualquier otra aplicación que consuma recursos del sistema y asignarle solo uno o dos núcleos, desmarcando el resto. En algunos juegos antiguos sí puede servirnos, puesto que se ha demostrado que algunos títulos funcionan mejor con cuatro núcleos que con más, así que aquí podríamos desactivar virtualmente núcleos para ese juego en concreto.

En otras palabras, imaginad que estamos jugando a un juego pero al mismo tiempo tenemos abierto Chrome, Photoshop y otras aplicaciones que no queremos cerrar. Lo que tendríamos que hacer es establecer la afinidad en esas otras aplicaciones para que se ejecutaran solo en uno o dos núcleos, y así Windows tendría más recursos del sistema para asignarle al juego de manera dinámica. Por cierto, lo ideal si hacemos esto es asignarle núcleos que estén en el final, ya que Windows por defecto asignará siempre más recursos de los núcleos 0 y 1 del procesador.

No esperéis que esta técnica mejore de manera drástica el rendimiento, pero si estáis en la tesitura de que un juego os pone el procesador al 100% de consumo y os va lento, puede ayudaros a ganar algunos enteros de rendimiento que al final sí que se notan. ¿Dónde la recomendamos aplicar? Pues en todo aquello que se mueve en segundo plano, que teóricamente no debería consumir recursos de uno o dos núcleos, pero si que lo hacen cuando tienen una CPU de varios núcleos. En el caso de que tengáis una CPU con un sistema de núcleos híbrido como Lakefield o Alder Lake, entonces esto es ideal para asignar ciertas aplicaciones siempre en funcionamiento a núcleos menos potentes.

Por otro lado, si estáis en modo en el que un núcleo esta a más velocidad que otros podéis aprovechar para asignar los programas que requieran menos recursos a los núcleos más lentos.