¿Tu GPU se queda corta en los juegos? Hazle overclock con ASUS GPU Tweak II

Los juegos van avanzando al igual que los motores que los gestionan y optimizan, pero conforme pasan los años siempre se les añaden nuevas características que nuestra GPU, si no es de última generación, les cuesta mover. Una solución para no perder calidad gráfica es hacer overclock a la GPU, pero muchos usuarios no saben, así que vamos a resolver las dudas mediante un software muy conocido como ASUS GPU Tweak II.

El overclock a una GPU no es algo tan complicado como en una CPU, pero según la serie de la GPU implica ciertos riesgos que pueden dañar la tarjeta en sí. Desde la inclusión de la GDDR5X, es mucho más complicado que una GPU falle, ya que tiene protección y corrección de errores implementada y además tanto NVIDIA como AMD cambiaron los controladores de memoria para albergar ECC.

Pero esto representa un número de modelos y chips bastante pequeño en comparación con el grueso de la industria solamente con mirar 5 o 6 años atrás, así que lo que tenemos que tener en cuenta a la hora de realizar overclock es que hay valores que no deben sobrepasarse y que estos dependerán de cada tarjeta en cuestión.

ASUS GPU Tweak II: una herramienta muy simple y efectiva para hacer overclock

ASUS GPU Tweak II

Vamos a dar por sentado que ya tenemos instalado dicho programa y que conocemos al mismo a través de los distintos tutoriales que hemos ido viendo y comentando. Por lo tanto, seremos más directos para conocer los valores a tocar para nuestra GPU.

Antes de nada, vamos a activar una opción que en ciertos modelos del fabricante ASUS pueden darnos alguna ventaja a la hora de realizar overclock. Para ello nos dirigiremos a las opciones del programa y una vez dentro activaremos la casilla «Overclocking range enhancement». Puede que nos pida reiniciar cuando lo apliquemos, donde de ser así aceptaremos la invitación a hacerlo.

En el caso de que no tengamos que reiniciar y volver a abrir el programa, entraremos directamente en el modo avanzado, ya que aquí tendremos los distintos valores para realizar overclock. Dichos parámetros son:

  • GPU Clock (MHz): es la velocidad a la que irá nuestra GPU. Un mayor valor implica mayor rendimiento y es el parámetro principal que debemos subir para lograr mayores FPS.
  • GPU Voltage (mV): mayor velocidad implica mayor voltaje. Este valor debemos de situarlo al máximo permitido por el software siempre y cuando no se den dos posibles casuísticas.
    • La GPU tenga una BIOS desbloqueada.
    • Las temperaturas de la GPU de stock no superen los 85 grados jugando.
  • Memory Clock (MHz): es la velocidad de la memoria de la tarjeta gráfica. Mayor valor implica mayor velocidad y por ende más rendimiento y FPS en los juegos. Es menos representativa que el valor de GPU Clock en cuanto a MHz por FPS.
  • Fan Speed (%): Velocidad del ventilador de la GPU. Podemos optar por dejarlo en auto o por forzar una curva más agresiva si queremos mantener una temperatura más baja. Esto es importante porque a menor temperatura se escala en más MHz y por lo tanto más rendimiento o estabilidad.
  • Power Target (%): también llamado PT, es un valor de limitación de energía. Parte del 100% que es a su vez el consumo de stock de la tarjeta y dependiendo del modelo se podrá subir más o menos. En cualquier caso y para no limitarnos, lo subiremos a su máximo puesto que no tiene implicación directa con el voltaje o las frecuencias más allá de ser una limitación porcentual del consumo. Un valor bajo limita la frecuencia, voltaje y por ello el consumo y lógicamente reduce la temperatura.

Estos 5 valores están relacionados, que duda cabe, por lo tanto unos afectarán a otros y hay que establecer una serie de prioridades.

Cómo hacer overclock a una GPU con ASUS GPU Tweak II

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Lo primero que tenemos que tener en cuenta es el margen térmico, es decir, con nuestra GPU en uso normal mientras jugamos, qué temperatura tenemos de media. Esta variará lógicamente entre las estaciones de invierno y verano, por lo tanto la temperatura ambiente cambiará y la GPU los sufrirá.

Este detalle hay que tenerlo en cuenta, ya que en invierno podremos apretar las frecuencias algo más que en verano. Suponiendo que nuestra GPU no pase de 85 grados de stock en gaming, temperatura ya de por sí alta para un modelo de casa, todo lo que sea inferior permite un margen (mayor o menor según el caso) de overclocking.

Menor temperatura de stock deja mayor margen, menor temperatura deja menos margen para subir. En cualquiera de los casos el modo de proceder es el mismo:

  1. Subiremos el PT a su máximo valor. Normalmente este suele ser un 20% o un 30% más sobre el 100%, lo cual indica que si nuestra hipotética GPU consumiese 100 vatios al 100% del PT, ahora podría consumir 120 vatios o 130 vatios al 120% y 130% respectivamente. Esto es una simple regla de tres y vale para toda GPU.
  2. Subiremos el voltaje a su máximo teniendo en cuenta las consideraciones de este apartado anteriores. Cada arquitectura tendrá un voltaje máximo limitado por BIOS, así que no se puede dar un valor general aquí, simplemente desplazamos  el slider hasta el máximo, de manera que no nos limite. Esto puede ajustarse más tarde si nos pasamos de temperatura en full.
  3. Si buscamos el mayor overclock posible tendremos que poner el ventilador al 100% fijo, lo que implica mayor sonoridad claro. En cambio, si queremos buscar el típico overclock de 24/7, o bien podemos hacer una curva personalizada pinchando en el botón User Define, o bien podemos dejarlo de stock y que la BIOS sea la que regule las RPM según la temperatura de la GPU.
  4. Con esto claro y nuestras pretensiones fijas llega el momento de empezar a subir los MHz de la GPU. Esto es crucial, ya que mucha gente comienza con la VRAM, lo cual es un error claro de concepto. La GPU incluye los controladores de la VRAM dentro del propio chip, por lo que si no se regula correctamente su frecuencia y voltaje da igual lo que logre subir la VRAM, no será estable por culpa de la GPU.
    1. Comenzaremos con una subida de +50 MHz en GPUs que tienen mucho overclock de fábrica (conviene saber la velocidad de nuestro modelo frente a la velocidad de las especificaciones originales de AMD y NVIDIA para el mismo chip). Esto se hace para no forzar un pantallazo o un cuelgue para los usuarios que ya de por sí tienen el mejor modelo dentro de la serie. El resto puede empezar por +100 MHz fácilmente.
    2. Una vez seteado y aplicado el valor, tendremos que irnos a un test de estrés o benchmark muy exigente. NO recomendamos usar Furmark o similares, ya que estresan por encima de las posibilidades eléctricas de la GPU, es decir, exigen a toda la tarjeta por encima de lo que un juego o benchmark haría y encima no usan las últimas tecnologías. Nuestra recomendación es usar test específicos de 3DMark, como Time SPY, DLSS, ancho de banda del PCIe o VRMark. Cada uno extraerá lo necesario dentro de un campo concreto sin sobrepasar los límites, asegurando el overclock y su estabilidad.
    3. Si logra pasar todos los test podemos subir otros 25-50 MHz (según el modelo de GPU). Si logra pasar los test se vuelve a repetir la operación, así hasta que falle, se quede colgado o aparezcan rarezas en pantalla, o simplemente se reinicie el PC. En ese momento bajaremos para la siguiente prueba 13 MHz en GPUs NVIDIA y 10 MHz en GPUs AMD y vuelta a empezar con los test. Si sigue sin estar estable la GPU, volvemos a rebajar las mismas cifras y así hasta que sea estable y con temperaturas no superiores a 85 grados, algo muy importante para la integridad de todo el PCB.
  5. Una vez que ya tengamos el valor de la GPU máximo, toca hacer exactamente lo mismo con el valor de la VRAM, pero en este caso subiremos de 100 MHz en 100 MHz, SIEMPRE, insistimos, con el valor de la GPU con su máximo overclock. Esto nos llevará mucho menos tiempo, porque la mayoría suben entre 500 y 700 MHz de media.
    1. Solo hay que tener en cuenta una cosa: si tenemos GDDR5 o inferior en nuestra GPU, pasarnos de overclock puede dejar la tarjeta como un pisapapeles. En cambio, si tenemos GDDR5X o superior, más MHz puede no aportar mayor rendimiento porque entra en juego ECC. Las puntuaciones de test como 3DMark Time Spy serán cruciales para saber donde está el límite, mientras suban, todo va bien, en cuanto perdamos puntuación, hay que bajar MHz en las VRAM.
  6. Una vez que tengamos el valor máximo, solo nos queda pasar test como las «Pruebas de esfuerzo» de 3DMark. Esto nos dará una idea de cómo se comporta la tarjeta con full overclock y sobre todo, que margen porcentual de estabilidad tiene. Lo ideal es sobrepasar el 98%, lo cual indicaría una estabilidad altísima, pero no todos la consiguen. En tal caso tendríamos que bajar un escalón el overclock a GPU o VRAM o a los dos, habría que probar.
  7. Después de tal cantidad de test, no hay nada como jugar, comprobación insitu que no puede realizarse y se debe realizar mientras que estamos probando las frecuencias y su subida, principalmente porque no son escenarios igualitarios, ni controlados, por lo tanto, nunca sabríamos si se ha debido a un problema en el juego puntual o un problema en el overclock. Cualquier juego al que juguemos y sea exigente será suficiente para la prueba de fuego real, donde si vuelve a fallar, tendremos que ajustar el overclock de nuevo a la baja.
  8. Esto es útil porque la mayor cantidad de motores, APIs y efectos pondrán a prueba de verdad a la GPU, pero una vez que demos con la tecla, ese overclock solo lo podrá tumbar una mayor temperatura ambiente, la cual lógicamente repercutirá en la tarjeta gráfica.

Hemos obviado técnicas más avanzadas de overclocking, como por ejemplo las curvas personalizadas de frecuencias en NVIDIA o el hecho de jugar con los distintos BOOST en AMD. Esto sería un paso más que veremos en siguientes tutoriales para afinar al máximo nuestra tarjeta gráfica.