Durante los últimos meses, hemos visto cómo la mayoría de componentes ha comenzado a subir de precio. Las memorias RAM y los SSD son los más afectados, consiguiendo que, incluso consolas como la PS5, pese a tener años desde su lanzamiento, tengan que aumentar sus precios.
Los procesadores, pese a resistir durante un tiempo, no se quedan atrás, y estamos viendo cómo Intel y AMD suben hasta un 20% el valor de los mismos, consiguiendo que, montar un PC en pleno 2026, sea prácticamente una cosa de ricos, al menos si queremos que tenga las prestaciones que, hace 1 año, nos parecían decentes, sin ser las mejores tampoco.
Aumento del coste de los procesadores
Todo lo que estamos viendo este año, al final, tiene bastante lógica si miras cómo está ahora mismo la industria por dentro. Hacer procesadores hoy en día cuesta bastante más que hace unos años, y no es solo por capricho. Cada salto tecnológico es más complicado que el anterior, y eso se paga. Los chips más modernos, como los de 2 nm o 3 nm, requieren procesos muchísimo más precisos, más maquinaria y más inversión, así que los costes se disparan, al menos si buscas lo más reciente, hasta que las empresas puedan suministrar la demanda que hay.
Marcas como Intel y AMD siguen diseñando sus procesadores, pero dependen en gran medida de TSMC para fabricarlos. Y ahí está uno de los puntos clave, ya que fabricar esos chips avanzados es caro, y además hay mucha más demanda que antes. No solo hablamos de ordenadores personales, sino también de centros de datos, servidores y, sobre todo, todo lo relacionado con inteligencia artificial, que está creciendo a un ritmo enorme y llevándose todos los productos, dejando al pequeño usuario que quiere montar un PC normal, con precios por las nubes.
Claro, cuando hay tantas empresas grandes compitiendo por la misma capacidad de producción, pasa lo de siempre: el precio sube. Y no porque quieran necesariamente subirlo sin motivo, sino porque producir cuesta más y porque hay quien está dispuesto a pagar mucho más por asegurarse el suministro, por lo que no son tontos, y se lo venden a quien puede permitirse pagarlo.
También influye que el comprador ha cambiado bastante. Antes el mercado doméstico tenía más peso, pero ahora mismo las compañías están mucho más centradas en sectores donde hay más dinero, como la IA. Eso hace que el usuario normal quede un poco en segundo plano, con menos disponibilidad y precios menos ajustados de lo que estábamos acostumbrados a ver.
A todo esto hay que sumarle factores externos que tampoco ayudan: la energía es más cara, hay tensiones comerciales entre países, restricciones en exportaciones y problemas logísticos que siguen arrastrándose desde hace tiempo. No es una sola cosa, sino muchas a la vez empujando en la misma dirección.
En resumen, todo esto se traduce en algo muy sencillo, y es que montar un PC en 2026 duele más al bolsillo que antes. Lo que hace un año considerabas gama media ahora se acerca peligrosamente a precios de gama alta, y eso cambia bastante las decisiones de compra.
Por eso no es raro ver a gente que prefiere aguantar un poco más con su equipo actual, tirar de segunda mano o esperar a ver si la situación mejora. El problema es que, a corto plazo, no hay señales claras de que los precios vayan a bajar, así que toca adaptarse a esta nueva realidad y pensar que el próximo ordenador que compremos, será mucho más caro que el anterior, a menos que no queramos mejorar los componentes demasiado (para lo cual es mejor seguir con el que tenemos).
