Assassin’s Creed Shadows tiene que estar cumpliendo con los objetivos y seguramente Ubisoft esté respirando un poco. Tras los fiascos del año pasado, con Prince of Persia a la cabeza, o Star Wars Outlaws, que la nueva entrega de los asesinos no funcionará significaba prácticamente comprometer su viabilidad de cara al futuro. Así que podemos decir que los franceses han salvado el match point que tenían sobre sus cabezas. Cosa de la que nos alegramos especialmente.
Es más, en las últimas horas, Ubisoft se ha encargado de celebrar en redes sociales el hito de que son más de dos millones los jugadores que están disfrutando de Assassin’s Creed Shadows en cualquiera de sus versiones, es decir PC, PlayStation y Xbox. Por lo que el éxito es rotundo y su apuesta por el Japón del siglo XVI le está saliendo redonda, a pesar de las críticas que se han vertido, casi siempre desde el propio mercado nipón, donde estaría bien saber qué tal han acogido esta entrega.
Un Assassin’s Creed Shadows con algo que no te gustará
Tenemos que decir que en Hardzone estamos preparando ya la review. Llevamos muchos días con ella pero la estamos peinando porque hay un detalle que no sabemos muy bien cómo calibrarlo. En realidad, casi os estamos pidiendo consejo porque no sabemos hasta qué punto podríamos llegar a pensar que es algo importante o no dentro de la valoración. Y es la entrega total que ha hecho Ubisoft de su franquicia al mercado japonés, saltándose incluso la narrativa histórica de la saga.
Ese elemento que creemos que no te gustará, si eres un fan irredento de Assassin’s Creed desde su primera entrega en 2008, es que los franceses no solo han situado el juego en Japón, sino que han cogido toda la historia y la narrativa tradicional de muchos de los juegos que nos llegan desde aquel país y la han adoptado completamente, mezclando en su argumento por vez primera cuestiones personales como centrales dentro del lore de los asesinos, como si de un Ghots of Tsushima se tratara, donde lo que importa no es la orden y los templarios, sino la familia y las venganzas.
Eso ha llevado a Assassin’s Creed Shadows a ser (técnicamente) un juego japonés, con largas secuencias de introducción, muy lentas, donde los personajes hablan y hablan durante muchos minutos sobre cuestiones espirituales, místicas, personales, interiores… que no le interesan lo más mínimo a un jugador habitual de Assassin’s Creed que lo que quiere es conocer los tejemanejes de lo que se cuece en la ciudad y de cómo se ocultan esos enemigos intestinos que hemos tenido en estos juegos: los templarios. Conspiraciones, traiciones… y no venganzas paternales, recuerdos con ocarinas y demás costumbres japonesas que sí, que tienen su público, pero que son completamente ajenas a los Assassin’s Creed de toda la vida.
Que Assassin’s Creed Shadows es un gran juego, nadie puede negarlo. Pero si no eres un fan de la cultura japonesa y tiras más por ver escenarios clásicos en la saga (Egipto, Oriente, las culturas nórdicas, Grecia, etc.), seguro que te sentirás desubicado y, sobre todo, con la sensación de que te han cambiado el universo en el que pensabas que estabas viviendo. Y no a peor, sino a diferente. A muy diferente.
Nos da que Ubisoft ha querido agradar demasiado al mercado japonés y se le ha ido la mano hasta hacerlo irreconocible para muchos que, por lo que sea, «tanto Japón y mucho Japón» no nos gusta.
