Solemos relacionar el género de los disparos en primera personacon un multiplayer frenético, pequeño o a gran escala, y buena parte de la culpa la podemos achacar a sagas como Call of Duty o Battlefield. Pero no todo debe quedar en el mundo online, pues también contamos con experiencias narrativas y mecánicas fascinantes en este tipo de juegos.
A la hora de echar la vista atrás, tenemos verdaderas joyas que revolucionaron el año en que salieron y, de paso, también consiguieron cambiar el panorama de los «shooters single-player». Pero no hablamos solo de su calidad o gráficos (que en muchos casos están envejeciendo con una calidad asombrosa), sino de su capacidad para sumergir al jugador en un mundo con reglas propias.
Estamos seguros de que conoceréis la distopía submarina de Rapture, o los puzzles especiales de Valce. Pero no son lo único que el siglo XXI ha aportado al shooter de un jugador. Por lo que os vamos a mostrar las principales obras maestras del género. Una muestra de que la creatividad y las buenas historias crean juegos icónicos y atemporales, por encima de cualquier moda.
Half-Life 2
Hablar de la saga Half-Life es considerado por muchos como hablar de la Biblia. Sigue siendo un manual de instrucciones sobre cómo contar una historia sin quitar jamás el control al jugador. Su motor source introdujo unas físicas que, en su día, parecían inexplicables, y que en pleno 2026 se siguen mostrando orgánicas. La Pistola de Gravedad no fue solo un arma, sino una herramienta de interacción absoluta con el entorno.
Su estructura de niveles nos lleva desde una opresión urbana hasta el ohorror costero. Pero sobre todo, es una lección de ritmo y variedad que pocos títulos han logrado alcanzar.
Dishonored
Absolutamente nadie se esperaba que Arkane Studios pegara semejante bombazo en 2012 con este juego. Dishonored redefinió lo que significaba la libertad de acción en un first-person shooter. Una historia que nos sitúa en Dunwall, una ciudad industrial diezmada por la peste, donde el jugador decide cómo llevar a cabo sus misiones.
Su brillantez la encontramos en un diseño de niveles vertical y lleno de posibilidades. Un simulador inmersivo de fantasía donde el sistema de juego no te castiga por ser creativo, sino todo lo contrario. Por lo que cada misión se puede realizar de infinidad de maneras únicas.
Portal 2
Si lo has jugado, sabrás que no estamos ante un shooter de combate tradicional. Portal 2 utiliza la perspectiva y la mecánica de disparo para crear el juego de puzzles más original e influyente del siglo. Valve logró expandir esta premisa a una narrativa llena de humor negro con personajes inolvidables como GLaDOS y Wheatley.
La introducción de los geles de colores añadió otra vuelta de tuerca a la física, que era un desafío a la lógica de cualquier jugador. Y fue una demostración perfecta de que la mecánica de disparo no era solo para acabar con enemigos: también servía para construir y resolver rompecabezas.
BioShock
El aterrizaje de BioShock en 2007 supuso un «crack» para la industria FPS narrativa. Y para la madurez temática de los videojuegos. La ciudad submarina de Rapture es, por derecho propio, uno de los personajes más importantes de su historia. El uso de plásmidos permitió que el entorno (como el agua, la electricidad y el fuego) fuese tan letal como las armas de fuego.
También indagaba en temas filosóficos y en el colapso de una utopía, y demostró que los FPS podían albergar guiones que Hollywood envidiase. Una historia que culminó en uno de los giros narrativos más impactantes que se recuerda.
DOOM Eternal
Si los anteriores han contado con atmósferas y narrativas únicas, DOOM Eternal es lo más parecido a una fiesta en el infierno. Bethesda e id Software crearon lo que muchos han llamado un «combate puzzle», donde cada enemigo tiene sus propias debilidades, y cada acción del jugador se tiene que calcular fríamente.
Pero dentro de esos cálculos fríos, la velocidad a la que se mueve el juego es al rojo vivo, por lo que nuestros reflejos son vitales. Es el cénit de la violencia y la potencia visual y sonora. Un juego que lleva la adrenalina al máximo, y con uno de los mejores combates que ha visto la industria.
