Pese a que la misión del Apolo 11 fue hace más de 50 años, la NASA ha aprovechado este momento donde todos estamos hablando sobre el último viaje lunar, para dar más detalles sobre aquella misión, la cual no tenía la tecnología de hoy en día.
Y es que, la memoria RAM, uno de los componentes más importantes para que todo salga bien, no era ni de 1 GB, ni de 4GB ni de 8 GB, números a los que hoy estamos más acostumbrados, sino que poseía solamente una capacidad de 3,75 KB.
La RAM del Apolo 11 era de solo 3,75 KB
Lo curioso de todo esto es que no se trataba solo de tener poca memoria, sino de cómo se las ingeniaban para sacarle partido. Con apenas unos kilobytes (con 1 MB tendríamos para 273 misiones), el ordenador del Apolo 11 tenía que hacer cosas realmente importantes, como calcular trayectorias, ayudar en el descenso y mantener todo bajo control en uno de los momentos más delicados de la misión. No era una simple consola que ejecutaba un juego y, si se apagaba, daba igual, sino una misión con vidas humanas que, de salir mal, no volverían.
Hoy nos quejamos cuando una app tarda medio segundo más en abrir, pero en aquel entonces no había margen para fallos. Cada línea de código estaba pensada al detalle. No había funciones de relleno ni espacio desperdiciado. Era programación pura y dura, directa al grano y muy revisada, para que nada saliera mal, o al menos minimizar los riesgos.
Uno de los momentos más increíbles y curiosos ocurrió justo antes de que el módulo lunar aterrizara. El sistema empezó a lanzar alertas porque estaba recibiendo más información de la que podía manejar. En cualquier dispositivo actual, eso acabaría en un reinicio, cuelgue, o error que nos dejase el programa inutilizado por unos segundos o minutos. Pero aquí no, el ordenador hizo algo bastante inteligente, ignoró lo menos importante y siguió centrado en lo importante. Gracias a eso, la misión no se vino abajo en el último momento, y pudieron llegar como se había planteado (pese a esos contratiempos).
También tiene su punto pensar que parte de ese software se “fabricaba” literalmente a mano. Nada de compilar y listo. Había personas (muchas de ellas mujeres) tejiendo físicamente la memoria donde se guardaban los datos. Suena casi artesanal, pero funcionaba.
Si lo comparamos con hoy en día, nos parece algo imposible, y casi de juguete. Ahora vamos sobrados de potencia, sin embargo, muchas veces malgastamos recursos sin darnos cuenta. Programas pesados, sistemas poco optimizados… todo lo contrario de lo que se hacía entonces. Apple es criticada por la poca RAM que usa en sus equipos, y, sin embargo, funcionan tan bien, o mejor, que otros con el doble o más.
Muchos dudan de si esto fue verdad, o no, pero ya hemos visto, en otras ocasiones, datos curiosos como el mando que llevaba el submarino que visitaba el Titanic, y es que era un joystick de Logitech de 2005, por lo que, no por ser antiguo, no va a funcionar, y muchas veces lo simple, es lo mejor, al menos a nivel de seguridad.
Al final, no siempre hace falta tener lo más potente para lograr algo increíble. A veces, lo importante es saber usar bien lo que tienes y pensar las cosas con cabeza. Aquella misión, Apolo 11, salió adelante gracias a ingenio, precisión y decisiones inteligentes en momentos críticos. Viéndolo hoy, quizá nos vendría bien recuperar un poco de esa forma de trabajar y no buscar siempre la mayor potencia, sino la optimización.
