Instala tu nuevo SSD de formato M.2 en la placa base de manera rápida y segura

Si has decidido actualizar tu SSD a uno de los nuevos en formato M.2, quizá no sepas cómo instalarlo, así que a continuación te presentamos nuestra guía para instalar SSD en formato M.2 de manera fácil y rápida, de manera que queden firmemente anclados y, por supuesto, sin romper nada en el proceso.

Para este proceso, obviamente necesitaremos que la placa base tenga zócalos M.2, el SSD M.2 que vamos a instalar, y un destornillador de estrella, nada más. Dicho esto, vamos a ver cómo instalarlo.

Cómo instalar un SSD en formato M.2

Lo primero que debemos hacer es localizar el zócalo M.2 en la placa base. Generalmente se ubican entre los zócalos PCI-Express, encima de ellos (entre la gráfica y el procesador) o incluso en algunas placas base se encuentran debajo del chipset. Lo reconocerás porque tras el conector suelen tener unos agujeros para tornillos en hilera para las diferentes medidas de los SSD.

 

Zócalos para instalar SSD M.2

Por norma general, todos estos zócalos tendrán ya un tornillo instalado en el último de los agujeros, que es el que se utiliza para la medida 2280 de SSDs en este formato, la más habitual, pero también hay agujeros para 2260 y 2242. Tendremos que retirar el tornillo con el destornillador de estrella, y en el caso de que el tornillo no esté en la medida adecuada para nuestro SSD, tendremos que quitar el acople con los dedos y atornillarlo en el agujero que corresponda a la medida del SSD.

En algunas placas base, especialmente las de gama más alta, los zócalos M.2 están cubiertos por disipadores. En tal caso, al retirar el tornillo también retiraremos el disipador en cuestión.

Ahora que ya tenemos el zócalo de la placa base preparado, es hora de instalar el SSD en él. Para ello, debemos hacer coincidir el conector del SSD con el zócalo y presionar levemente, sin hacer mucha fuerza.

Cómo instalar un SSD M.2

El SSD encajará, pero quedará ligeramente levantado. No os preocupéis es normal y no se daña para nada el zócalo ni el SSD, dado que los pines del conector son flexibles y, de hecho, los presionaremos hacia abajo en el siguiente punto de este tutorial y están diseñados de esta manera.

Ahora simplemente presionamos con un dedo el SSD hacia abajo en el extremo opuesto al zócalo, haciendo coincidir la muesca que tienen en ese extremo con el agujero para el tornillo. En ese momento, ya podemos poner el tornillo y atornillarlo con el destornillador.

Con esto ya tenemos el SSD M.2 instalado en la placa base y podremos comenzar a utilizarlo. En el caso de que la placa base incluyera un disipador para este dispositivo, tendremos que ponerlo encima del SSD en el paso anterior, antes de atornillar, puesto que el disipador de las placas que lo incluyen normalmente se ancla a la placa base con el mismo tornillo que hemos utilizado para fijar el SSD.

Ahora sí que ya podemos empezar a utilizarlo. Es cuestión de cerrar la caja del PC, arrancar y acordaos de seleccionar en la BIOS de la placa base qué dispositivo de almacenamiento es el que queréis utilizar para arrancar el sistema.