Después de años de rumores, filtraciones y una comunidad pidiendo Japón prácticamente desde el lanzamiento de Horizon 3, Forza Horizon 6 por fin hace realidad ese sueño. Playground Games ha estado años trabajando en esta nueva entrega que promete ser la más ambiciosa de toda la saga, apostando por un mapa más vertical, una progresión más trabajada y un homenaje constante a la cultura automovilística japonesa. La pregunta ahora no es si Horizon 6 es enorme (que, os adelantamos, sí lo es), sino si ha sido capaz de hacer evolucionar una fórmula que, la verdad, llevaba tiempo empezando a sentirse demasiado cómoda consigo misma.
Desde que el primer Forza Motorsport llegó a la primera Xbox en 2005, la saga de Microsoft ha pasado de ser un simple rival de Gran Turismo a convertirse en una de las franquicias de conducción más importantes de la industria. Primero fue Motorsport quien marcó el camino apostando por la simulación, pero el verdadero punto de inflexión llegó en 2012 con Forza Horizon, el spin-off desarrollado por Playground Games que cambió los circuitos cerrados por festivales, mapas abiertos y una filosofía mucho más desenfadada y con toque «arcade».
Colorado, el sur de Europa, Australia, Reino Unido y México han servido como escenario para una saga que ha sabido evolucionar sin perder su identidad: conducción arcade, cientos de coches, libertad total y una obsesión casi enfermiza por convertir cada trayecto en un espectáculo. Ahora, tras años de rumores y peticiones constantes de la comunidad, Forza Horizon 6 apunta por llevar esa misma fórmula hasta Japón, probablemente el destino más deseado por los fans desde hace más de una década.
Historia
La saga Horizon nunca ha necesitado una narrativa especialmente compleja para funcionar, y esta sexta entrega tampoco parece querer cambiar esa filosofía. Todo gira alrededor del festival , la progresión personal y la sensación constante de estar formando parte de un enorme evento automovilístico repartido por todo Japón.
En esta nueva entrega, arrancamos como un turista que llega al país para abrirse paso dentro del Horizon Festival. A partir de ahí, la estructura se articula mediante clasificatorias, eventos invitacionales y el nuevo sistema de pulseras, que actúa como eje de progresión principal. La idea parece bastante más ordenada que en entregas anteriores, especialmente si recordamos cómo Forza Horizon 5 tendía a desbloquear demasiadas cosas demasiado rápido con su extraño sistema de «sellos».
En esta nueva entrega, lo que sí encontramos es un nuevo sistema llamado «Discover Japan«, acompañado por el Collection Journal. Ambos están pensados para incentivar la exploración del mapa, completar actividades secundarias, descubrir localizaciones, tomar fotografías y participar en historias repartidas por el mundo abierto. No es una campaña tradicional, ni pretende serlo, pero sí da la impresión de que Playground Games ha querido recuperar cierta sensación de avance real dentro de la estructura del festival.
El gran objetivo final pasa por conseguir las siete pulseras de colores para desbloquear Legend Island, una zona especial que incluye su propio circuito y el regreso del mítico Colossus, el recorrido más grande visto hasta ahora en la serie Horizon.
No estamos ante un juego centrado en personajes memorables o grandes giros argumentales, ya que esto no es característico de la saga Forza Horizon. Aquí el protagonismo sigue siendo para la conducción, la colección de coches y el descubrimiento constante del mapa. Y sinceramente, creemos que es justo donde mejor funciona la saga.
Jugabilidad y mecánicas
Si hay algo que Playground Games domina desde hace años es la mezcla entre conducción arcade accesible y sensación de velocidad espectacular. Y, en este caso, Forza Horizon 6 mantiene esa identidad intacta, aunque introduciendo algunos cambios importantes en progresión y estructura.
La ambientación en Japón no es solo un cambio estético, sino más bien un salto a un mapa más vertical, denso y variado que el que vimos en México en el Forza Horizon 5. A lo largo y ancho del mapa podemos encontrarnos con todo tipo de zonas: urbanas, pasos de montaña, carreteras costeras e incluso áreas rurales más compactas, lo que busca reflejar un diseño menos vacío que en la entrega anterior, y con mayor sensación de descubrimiento constante.
El nuevo sistema de pulseras parece precisamente la respuesta a una de las críticas habituales de Forza Horizon 5: la falta de sensación de esfuerzo. Gracias a este nuevo sistema, el progreso estará algo más escalonado, ya que nos obligará a completar eventos y actividades concretas para poder seguir avanzando dentro del festival.
A nivel de contenido, las cifras vuelven a ser enormes. El juego contará con más de 550 coches disponibles de lanzamiento, manteniendo la filosofía coleccionista que lleva años siendo una de las grandes fortalezas de la franquicia. También vamos a contar con un sistema de cross-play entre plataformas, además de cross-save entre Xbox, PC, Steam y futuras versiones compatibles.
Uno de los aspectos donde más se nota la evolución respecto a anteriores entregas está en la IA de los rivales. Playground Games sigue apostando por el sistema Drivatar, pero en esta ocasión las carreras transmiten bastante más sensación de competitividad y menos esa impresión de estar corriendo contra coches «fantasma» que simplemente siguen una línea predefinida. Los rivales son más agresivos en determinadas situaciones, defienden mejor la posición y aprovechan mucho más el tipo de vehículo y el trazado, especialmente en carreras de montaña o tramos urbanos más estrechos.
Eso no significa que la IA sea perfecta. Sigue habiendo momentos donde algunos coches parecen ignorar completamente las físicas o recuperan velocidad de forma algo artificial para mantener el grupo compacto, algo bastante habitual en los arcades de conducción. Aun así, las carreras resultan bastante más entretenidas y tensas que en Horizon 5, sobre todo cuando aumentamos la dificultad. También ayuda mucho el nuevo diseño del mapa japonés, con carreteras más técnicas y menos espacio para improvisar constantemente, obligándonos a conducir de forma algo más limpia si queremos mantener el ritmo de los primeros puestos.
El apartado online vuelve a ser uno de los pilares fundamentales de la experiencia. Forza Horizon 6 mantiene esa filosofía de mundo compartido donde siempre da la sensación de que hay algo ocurriendo alrededor nuestro, ya sea cruzándonos con otros jugadores mientras exploramos el mapa, participando en pruebas cooperativas o entrando directamente en eventos competitivos. La integración entre juego individual y multijugador sigue siendo prácticamente inmediata, algo que Playground Games lleva años refinando y que continúa funcionando especialmente bien dentro de este formato de mundo abierto.
También se mantiene el enfoque social que ha convertido a Horizon en una saga tan popular durante los últimos años. Podemos crear convoys fácilmente, compartir rutas, participar en desafíos comunitarios y acceder a eventos dinámicos repartidos por el mapa sin necesidad de pasar constantemente por menús. Además, el cross-play y el cross-save entre plataformas ayudan muchísimo a mantener la comunidad unificada, especialmente en PC y Xbox.
LINK, para las funciones sociales, vuelve a estar activado en esta entrega. Pero lo que nos ha llamado la atención ha sido ANNA, el nuevo asistente integrado que nos ofrece distintas funciones para ayudarnos durante la exploración. Por ejemplo, nos puede proponer qué carrera hacer a continuación (una especie de «lista de misiones»), un modo de conducción automática para dejar que el coche viaje solo a la siguiente carrera, y un nuevo «modo dron» que nos permite volar libremente, explorar el mapa, y es muy útil, por ejemplo, para localizar los «garajes» donde están los coches abandonados, vallas publicitarias rebeldes o cualquier otro coleccionable.
Forza Horizon 6 es muchas cosas, y una de ellas también es la muestra de que Playground Games ha entendido parte del feedback de la comunidad, y ha trabajado en transmitir una sensación más estructurada, más enfocada en progresar poco a poco y menos obsesionada con regalarnos hiperdeportivos durante la primera hora de juego.
Apartado artístico
La elección de Japón era prácticamente inevitable para una saga como Horizon. Los fans llevábamos años pidiendo una entrega ambientada allí, y, por fin, parece que Playground Games nos ha escuchado y ha decidido traernos nuestro propio «Tokyo Race» asociado a la cultura automovilística japonesa.
Lo interesante de esta entrega es que no se limita únicamente al fan service del drift nocturno y a las autopistas iluminadas por carteles de neón. En Forza Horizon 6 podemos encontrar un país mucho más variado, mezclando zonas urbanas densas con regiones montañosas, carreteras secundarias, templos, áreas rurales y paisajes costeros. La verticalidad del mapa también juega un papel importante. Frente a la amplitud más horizontal de México, aquí el mapa apuesta por desniveles, curvas cerradas y carreteras más técnicas, lo que le da muchísima personalidad a todo el conjunto del mundo.
Artísticamente, Horizon siempre ha sido una saga tremendamente fuerte. Y en esta nueva entrega, Playground Games no iba a ser menos. El tratamiento de la iluminación, la climatología y la densidad visual apuntan muy alto. Hay momentos especialmente espectaculares durante las carreras nocturnas bajo la lluvia, donde el reflejo de neones sobre el asfalto mojado crea escenas que parecen sacadas constantemente de una película de carreras japonesa. También destaca muchísimo la variedad de ambientes: desde zonas urbanas llenas de carteles luminosos y tráfico hasta regiones montañosas mucho más tranquilas, cubiertas de vegetación y carreteras estrechas llenas de curvas. Esa capacidad de cambiar completamente la atmósfera dependiendo de la región del mapa vuelve a ser una de las mayores virtudes visuales de Horizon.
Además, el mundo transmite bastante más sensación de vida que en anteriores entregas. Hay más elementos decorativos, más detalle ambiental y una densidad visual claramente superior, especialmente en áreas urbanas. Playground Games parece haber buscado un equilibrio muy interesante entre espectacularidad arcade y cierta autenticidad visual inspirada en la cultura automovilística japonesa. Todo resulta tremendamente reconocible para cualquier aficionado al motor o incluso para quienes llevan años consumiendo anime, manga o cine relacionado con el street racing japonés.
También ayuda el hecho de que Japón encaja perfectamente con la identidad de la franquicia. La cultura tuning, las carreteras de montaña y el contraste entre modernidad y tradición parecen hechos a medida para Horizon. La saga siempre ha funcionado especialmente bien cuando consigue convertir el escenario en parte activa de la experiencia, y aquí eso ocurre constantemente. No es solo conducir por Japón; es recorrer puertos de montaña inspirados en el touge, atravesar ciudades iluminadas por neones, perderse entre carreteras rurales o enlazar curvas imposibles mientras suena música electrónica de fondo. Todo encaja de forma muy natural con la fantasía automovilística que Horizon lleva años intentando representar.
Precisamente por eso da la sensación de que Playground Games llevaba mucho tiempo queriendo llegar a este escenario. Japón no solo aporta variedad visual, sino también una identidad muchísimo más marcada que la de algunas entregas anteriores. Incluso el simple hecho de conducir determinados coches japoneses clásicos por este tipo de carreteras tiene un componente casi emocional para muchos jugadores aficionados al motor. Y Horizon 6 parece haber entendido perfectamente esa conexión.
Los dos problemas que Playground Games sigue sin resolver
Por mucho que Forza Horizon 6 haga muchísimas cosas bien, hay dos aspectos donde da la sensación de que la saga lleva años completamente estancada. Y lo peor es que ambos contrastan muchísimo con el nivel general de producción del juego.
El primero vuelve a estar relacionado con las físicas de impacto. La conducción sigue siendo divertidísima, rápida y tremendamente satisfactoria cuando enlazamos curvas o hacemos drift por carreteras de montaña, pero en cuanto entran en juego las colisiones, la sensación se rompe bastante. Los choques continúan teniendo muy poco peso visual y físico: podemos empotrarnos contra coches del tráfico a velocidades absurdas y el resultado suele limitarse a un pequeño rebote o una pérdida momentánea de velocidad. No hay sensación real de impacto, ni deformaciones especialmente trabajadas, ni vuelcos espectaculares, ni consecuencias visibles que transmitan fuerza o peligro.
Este es un problema que la saga arrastra desde hace años y que aquí vuelve a notarse especialmente porque todo lo demás resulta increíblemente espectacular. Cuando vemos el nivel de detalle del mundo, la iluminación o la velocidad a la que se mueve el juego, cuesta entender que las colisiones sigan sintiéndose tan artificiales. Evidentemente, Horizon nunca ha buscado ser un simulador duro ni un «Burnout» centrado en destrucción, pero sí da la impresión de que Playground Games podría haber evolucionado muchísimo más este apartado.
El segundo gran problema tiene nombre propio: los modelos humanos. Y aquí el contraste es incluso más llamativo. Porque mientras coches, escenarios, iluminación y efectos atmosféricos alcanzan un nivel visual espectacular, basta con que aparezcan personajes en pantalla para que la ilusión se rompa por completo. Las animaciones faciales siguen siendo bastante rígidas, las expresiones resultan poco naturales y muchos modelos transmiten esa sensación extraña de plasticidad artificial que ya vimos en Horizon 5.
No es algo que arruine la experiencia (al final seguimos hablando de un juego de conducción donde los coches son los verdaderos protagonistas), pero sí sorprende muchísimo viendo el presupuesto y el músculo técnico que maneja Playground Games. Especialmente en cinemáticas o conversaciones cercanas, donde los personajes desentonan bastante frente al nivel gráfico del resto del juego. Es uno de esos detalles que llevamos años esperando que mejore seriamente… y que, de momento, sigue prácticamente igual.
Gráficos y rendimiento
Si algo vuelve a demostrar Forza Horizon 6 es que Playground Games sigue estando varios pasos por delante de gran parte de la industria cuando hablamos de espectáculo visual dentro del género de conducción. Horizon 5 ya era una auténtica barbaridad técnica, pero aquí da la sensación de que el estudio ha aprovechado el salto generacional para aumentar todavía más la densidad, el detalle y la complejidad visual del mundo abierto.
Lo primero que llama la atención es la iluminación. Japón le sienta increíblemente bien al motor gráfico de Horizon: las carreras nocturnas entre neones, los reflejos sobre el asfalto mojado, las zonas urbanas llenas de carteles luminosos o simplemente los amaneceres atravesando carreteras de montaña generan constantemente escenas que parecen sacadas de una demo técnica. Hay momentos donde cuesta creer que estemos ante un juego de mundo abierto moviéndose a esta velocidad y con semejante nivel de detalle en pantalla.
La climatología también juega un papel mucho más importante de lo que parece. La lluvia modifica completamente la atmósfera de determinadas carreras, la niebla en zonas montañosas aporta muchísima personalidad visual y algunos cambios de iluminación durante determinadas horas del día son sencillamente espectaculares. Playground Games sigue teniendo una capacidad tremenda para convertir cualquier trayecto normal en algo visualmente memorable.
Y luego están los coches, que continúan siendo probablemente los mejores modelos de vehículos que podemos encontrar actualmente dentro del género arcade. El nivel de detalle exterior es espectacular, pero donde más se nota el trabajo es en interiores, reflejos, materiales y comportamiento de la luz sobre carrocerías. Cada vehículo tiene personalidad propia y eso ayuda muchísimo a reforzar la sensación coleccionista que lleva años siendo uno de los pilares de la saga.
El mapa también transmite bastante más densidad que en Horizon 5. Hay más elementos decorativos, más tráfico, más vegetación y zonas urbanas mucho más cargadas visualmente. Japón da muchísimo juego en este sentido, porque permite alternar continuamente entre autopistas iluminadas, pueblos tradicionales, áreas rurales o puertos de montaña llenos de curvas. Y lo mejor es que el juego consigue mantener una cohesión visual muy fuerte pese a esa variedad constante de escenarios.
A nivel técnico, además, Playground Games vuelve a apostar fuerte en PC. El juego llega con soporte para ray tracing, DLSS 4, FSR y XeSS, además de ofrecer una cantidad enorme de opciones gráficas para adaptar la experiencia a prácticamente cualquier configuración moderna. Eso sí, también se nota que estamos ante un título bastante más exigente que anteriores Horizon. El uso obligatorio de SSD y el tamaño de instalación dejan claro que el estudio no ha querido limitar demasiado sus ambiciones técnicas.
Nosotros hemos analizado la versión de Steam. Y lo hemos hecho con un procesador AMD Ryzen 9 7950 X3D y una gráfica NVIDIA RTX 4080, con los últimos drivers lanzados esta misma semana. Aunque el juego tiene un sistema que permite auto-detectar la configuración y ajustar los gráficos en consecuencia, nosotros hemos preferido configurarlos a mano.
Y, de hecho, los hemos puesto en el preset «Máximo + RT«, activando también el DLAA, y sin Frame Generation. Y el resultado ha sido espectacular. Con una resolución de 3440 x 1440 (2K ultrawide), hemos conseguido que con este preset tengamos entre 55 y 70 FPS totalmente estables incluso en las zonas más abiertas del mundo, y con más elementos en pantalla. Y no hemos tenido ni un solo tirón ni fps-drop, ni stutter… nada. Todo ha funcionado a la perfección.
También hemos puesto a prueba la optimización del título para las tarjetas gráficas de AMD. Activando el Frame Generation x2, hemos subido a unos 108 – 120 FPS sin sacrificar nada en cuanto a calidad. También hemos probado el DLSS con este juego, en sus distintas modalidades:
- DLSS Calidad + FG x 2 nos ha dado en torno a 140 – 150 FPS, sobre todo en espacios exteriores con vegetación, por lo que podría subir fácilmente algo más en zonas más acotadas o vacías.
- DLSS Equilibrado + FG x 2 nos ha dado entre 160 y 165 FPS, en las mismas zonas, y sin ver artefactos ni efectos extraños en la imagen.
- DLSS Rendimiento Ultra + FG 2 es capaz de subir hasta los 172 FPS. Eso sí, en este caso sí que hemos notado algo de «ruido» al ir a gran velocidad (por ejemplo, en vallas o quitamiedos), y también al derribar muchos árboles o arrancar vegetación. De todas formas, debemos admitir que, de todos los juegos que hemos probado, es el que menos ruido mete en este modo.
De todas formas, en estos juegos a veces es mejor sacrificar calidad (por ejemplo, el trazado de rayos) a cambio de tener mayor tasa de FPS. Si tu PC va justo, mejor renuncia, sobre todo, al Ray Tracing y asegura una tasa de fotogramas superior, ya que durante la conducción se nota mucho.
Eso sí, no todo es perfecto. Como ya comentábamos antes, resulta muy extraño ver cómo un apartado gráfico tan avanzado sigue conviviendo con modelos humanos bastante pobres y animaciones faciales claramente por debajo del resto del conjunto. También seguimos teniendo unas físicas de colisión demasiado simples para el nivel técnico general del juego. Son dos detalles que chocan muchísimo precisamente porque todo lo demás roza un nivel sobresaliente.
Además, en este apartado queremos dar otro tirón de orejas a Playground Games, ya que, mientras que el juego corre perfectamente a 70 FPS, introducir una cinemática o animación a 30 FPS hace, literalmente, sangrar los ojos. Y esto sí que rompe bastante la experiencia. Por suerte, no hay muchas en el juego más allá del principio, pero es algo que se debería haber mitigado de alguna forma.
Aun así, cuando estamos conduciendo a toda velocidad bajo la lluvia, enlazando curvas en un puerto de montaña japonés mientras las luces de la ciudad iluminan el horizonte, es difícil no pensar que estamos ante uno de los juegos de conducción más impresionantes que se han hecho nunca a nivel visual.
Banda sonora
La saga Horizon lleva años entendiendo algo que muchos juegos de conducción todavía no terminan de captar: la música no es simplemente un acompañamiento, sino una parte fundamental de la experiencia. Y en Forza Horizon 6 vuelve a notarse desde los primeros minutos. Playground Games sigue apostando por esa mezcla de emisoras de radio, temas electrónicos, rock, synthwave, los típicos Japanese Idols, y música más relajada que convierte cada trayecto en algo mucho más especial.
Además, Japón le da muchísimo juego a nivel sonoro. Hay momentos donde el juego parece abrazar por completo esa estética nocturna tan asociada a la cultura automovilística japonesa, especialmente durante las carreras urbanas llenas de neones y lluvia, donde la combinación entre música electrónica y velocidad funciona de maravilla.
Las emisoras siguen ofreciendo bastante variedad de estilos, algo importante en un juego donde podemos pasar decenas de horas conduciendo. Horizon continúa teniendo esa capacidad de hacer que determinadas canciones terminen asociadas automáticamente a momentos concretos del mapa o a ciertos coches, y eso siempre ha sido parte de su magia. Incluso cuando simplemente estamos explorando sin rumbo fijo, la música ayuda muchísimo a mantener ese tono relajado y casi vacacional que caracteriza a la franquicia.
Donde Playground Games sigue marcando diferencias es en el sonido de los vehículos. El trabajo realizado con motores, turbos, escapes y cambios de marcha vuelve a ser espectacular. Cada coche transmite sensaciones distintas no solo por cómo se conduce, sino también por cómo suena. Y eso es algo especialmente importante en una entrega tan centrada en la cultura tuning y el automovilismo japonés. Coches clásicos japoneses, deportivos modernos o hiperdeportivos europeos tienen personalidad propia, tanto visual como sonora.
También ayuda muchísimo el uso del sonido ambiental. La reverberación en túneles, el eco en zonas montañosas o incluso el contraste entre áreas urbanas y rurales aportan bastante inmersión durante la conducción. Puede parecer un detalle menor, pero son precisamente este tipo de cosas las que terminan haciendo que Horizon resulte tan agradable de jugar incluso cuando no estamos compitiendo.
Quizá la única pega es que, después de tantas entregas, algunas estructuras y estilos musicales empiezan a resultar algo familiares. Horizon sigue funcionando muy bien en este apartado, pero tampoco revoluciona demasiado la fórmula sonora de anteriores juegos. Aun así, el conjunto vuelve a estar a un nivel altísimo y encaja perfectamente con la identidad de la saga.
Precio
Forza Horizon 6 llega siguiendo prácticamente la misma estrategia comercial que Microsoft lleva utilizando desde hace años con sus grandes exclusivos. El juego estará disponible desde el primer día dentro de Game Pass en Xbox Series X|S y PC, algo que vuelve a convertirlo automáticamente en uno de los lanzamientos más potentes del servicio. Para muchos jugadores, especialmente quienes ya están suscritos al ecosistema Xbox, eso hace que la barrera de entrada sea prácticamente inexistente.
Si no estamos dentro de Game Pass, o queremos este juego para nosotros, podemos comprarlo tanto en la tienda de Microsoft como en Steam (y, en el futuro, en PlayStation 5). La edición estándar del juego se puede comprar por 69.99 euros, un precio medio dentro de la industria para grandes producciones. Y también tenemos dos ediciones que, principalmente, añaden más coches al garage. Por un lado, la edición «Deluxe», que por 99.99 euros nos trae el «Car Pass» y el «Welcome Pack», y por otro lado la «Ultimate» que, por 199.99 euros añade a mayores la «Expansion 1», la «Expansion 2» (de las cuales aún no tenemos detalles), el pase «VIP» clásico de la saga, «Time Attack Car Pack» y el «Italian Passion Car Pack».
Conclusión
Después de un buen puñado de horas recorriendo Japón, participando en eventos, perdiéndonos por carreteras de montaña y acumulando coches casi compulsivamente, queda bastante claro que Forza Horizon 6 vuelve a ser uno de los grandes referentes del género arcade. Playground Games no ha querido romper completamente la fórmula (y probablemente tampoco necesitaba hacerlo), pero sí se nota un esfuerzo evidente por pulir varias de las carencias que empezaban a hacerse demasiado visibles en Horizon 5.
La nueva estructura de progresión funciona mejor, el mapa tiene mucha más personalidad y Japón encaja de forma casi perfecta con lo que siempre ha representado la saga. Hay una sensación constante de estar jugando al Horizon que llevábamos años imaginando: las carreteras técnicas, la cultura tuning, las ciudades nocturnas llenas de neones y los puertos de montaña convierten cada trayecto en algo tremendamente especial. Y cuando todo eso se combina con un apartado visual absolutamente espectacular y una conducción tan divertida como siempre, el resultado es difícil de soltar.
Eso no significa que el juego esté libre de problemas. Las físicas de impacto siguen estando varios años por detrás de lo que debería ofrecer una producción de este nivel, y los modelos humanos continúan siendo sorprendentemente flojos para un estudio con semejante músculo técnico. También hay ciertos aspectos estructurales que siguen recordándonos constantemente que Horizon lleva mucho tiempo apoyándose sobre una base muy similar.
Pero incluso con esas limitaciones, cuesta encontrar otro juego capaz de transmitir tan bien la sensación de libertad, velocidad y espectáculo constante que ofrece Horizon 6. Playground Games vuelve a demostrar que entiende perfectamente cómo hacer que conducir sea divertido, incluso cuando simplemente estamos explorando sin rumbo fijo. Microsoft no reinventa la saga, pero sí la lleva a su versión más refinada, más ambiciosa y probablemente más carismática hasta la fecha.
Y sinceramente, para muchos jugadores, eso era exactamente lo que queríamos.

