Dragon Quest XI lleva tantos años entre nosotros que a estas alturas resulta complicado acercarse a él como si fuera un lanzamiento completamente nuevo. Primero llegó a PlayStation 4 y PC, posteriormente apareció la versión S para Nintendo Switch y, con el tiempo, esa Edición Definitiva terminó llegando también a otras plataformas. Ahora Square Enix recupera de nuevo el juego para Nintendo Switch 2, aunque esta vez no hay una expansión, nuevas zonas o cambios jugables importantes que sirvan como excusa.
Lo que tenemos delante es, esencialmente, el mismo Dragon Quest XI S: Ecos de un pasado perdido – Edición definitiva, pero ejecutándose sobre un hardware bastante más potente. Y precisamente por eso hemos querido enfocar el análisis de una forma diferente. No tiene demasiado sentido volver a explicar durante páginas cómo funciona uno de los JRPG más conocidos de la última década cuando la parte interesante de esta versión está en otro sitio: resolución, tasa de imágenes por segundo, calidad de imagen, comportamiento en portátil y diferencias reales respecto a la versión que ya existía en la primera Nintendo Switch.
Después de jugarlo en Switch 2, la conclusión técnica es bastante clara. No estamos ante una remasterización y tampoco hay un salto visual comparable al de cambiar de generación en un juego diseñado desde cero para el nuevo hardware. Pero las mejoras introducidas solucionan justo los compromisos que tenía que asumir la adaptación original de Switch, especialmente cuando jugábamos en portátil. El resultado es una versión mucho más limpia, fluida y agradable de jugar, aunque Square Enix ha tomado algunas decisiones difíciles de justificar para quienes ya tenían el juego.
Historia: un breve repaso antes de entrar en materia
En este apartado no hay novedades respecto a Dragon Quest XI S. Seguimos controlando al Luminario, un joven que crece en la pequeña aldea de Peñalabria y que, tras conocer su verdadera identidad, termina involucrado en una aventura que lo lleva a recorrer prácticamente todo Erdrea.
La estructura mantiene el espíritu clásico de la serie: pueblos con sus propios problemas, mazmorras, personajes que se van uniendo a nuestro grupo, grandes enemigos y una historia que inicialmente parece bastante sencilla, pero que va creciendo y tomando otra dimensión a medida que avanzamos.
Uno de los grandes aciertos de Dragon Quest XI sigue estando en sus personajes. Erik, Verónica, Serena, Sylvando y el resto del grupo tienen tiempo para desarrollarse y no funcionan simplemente como acompañantes que utilizamos durante los combates. La Edición Definitiva añadió además historias centradas en algunos de ellos, contenido que continúa presente sin cambios en esta versión para Switch 2.
Tampoco falta el modo 2D, que permite transformar prácticamente toda la aventura en un Dragon Quest de corte clásico, con sprites y escenarios que recuerdan directamente a las entregas de 16 bits. Es una de las características más curiosas de Dragon Quest XI S y sigue siendo especialmente útil si queremos volver a jugarlo buscando una experiencia algo distinta.
Square Enix confirma que el contenido de esta edición es esencialmente el mismo que en Dragon Quest XI S para Switch. No hay nuevas zonas, capítulos exclusivos ni modificaciones argumentales específicas para Switch 2.
Jugabilidad: aquí tampoco hay cambios, pero los 60 FPS sí importan
Dragon Quest XI mantiene un sistema de combate por turnos bastante tradicional. Podemos controlar de forma manual a todo el grupo, configurar comportamientos automáticos para determinados personajes y cambiar la velocidad de los enfrentamientos para reducir el tiempo que invertimos en combates sencillos.
Su sistema de progresión tampoco ha cambiado. Cada personaje dispone de su propio panel de habilidades, podemos equipar diferentes armas y accesorios y seguimos teniendo el sistema de forja para fabricar o mejorar equipo. Quien jugara a la versión de Switch encontrará exactamente las mismas posibilidades.
Sin embargo, una cosa es que las mecánicas no hayan cambiado y otra que la experiencia sea idéntica. Aquí los 60 FPS tienen bastante más importancia de la que podría parecer viendo únicamente el tipo de juego que tenemos delante.
Dragon Quest XI no necesita una tasa de refresco elevada para que sus combates por turnos sean jugables, evidentemente, pero buena parte del tiempo la pasamos explorando ciudades, recorriendo zonas abiertas, moviendo constantemente la cámara o viajando sobre diferentes monturas. Todo eso gana bastante fluidez cuando pasamos de los 30 FPS de la versión anterior a los 60 FPS del nuevo modo Rendimiento.
También se nota en combate. Las animaciones tienen mayor continuidad, los ataques especiales se ven más fluidos y la cámara se mueve de forma más natural durante determinadas habilidades. No cambia absolutamente nada desde el punto de vista jugable, pero sí mejora la sensación general que transmite el juego.
Gráficos y apartado técnico: la verdadera razón de esta versión
Aquí es donde realmente tenemos que detenernos. La versión de Nintendo Switch 2 ofrece dos configuraciones gráficas. El modo Rendimiento funciona a 1920 x 1080 píxeles y 60 FPS, mientras que el modo Calidad aumenta la resolución hasta 2560 x 1440 píxeles reduciendo la tasa de imágenes a 30 FPS.
En nuestro caso tenemos bastante clara la elección: el modo Rendimiento es el que mejor encaja con Dragon Quest XI.
El modo Rendimiento es donde mejor funciona Dragon Quest XI en Switch 2
1080p puede parecer una resolución poco ambiciosa para una consola bastante más potente que la primera Switch, especialmente cuando estamos hablando de un juego que técnicamente tiene ya bastantes años. Sin embargo, la calidad de imagen es suficientemente buena y el salto hasta 60 FPS compensa sobradamente la menor resolución frente al modo Calidad.
La diferencia de fluidez se aprecia desde los primeros minutos. Mover la cámara por Peñalabria, recorrer una ciudad o simplemente correr por una de las zonas abiertas tiene una respuesta visual completamente diferente a la de la versión original de Switch.
Además, no parece que Square Enix haya utilizado recortes gráficos importantes para alcanzar los 60 FPS. Las comparativas técnicas disponibles no muestran diferencias significativas entre los dos modos en elementos como vegetación, iluminación, sombras o distancia de dibujado. Es decir, básicamente elegimos entre ganar resolución o duplicar la tasa de imágenes por segundo.
Teniendo esto en cuenta, nos cuesta encontrar una razón de peso para sacrificar los 60 FPS. El modo Calidad sí ofrece una imagen algo más definida cuando conectamos la consola al televisor. Los 1440p se aprecian sobre todo en los bordes de personajes y construcciones, en elementos lejanos y en determinados detalles finos de los escenarios. Si jugamos en un monitor o televisor de gran tamaño y damos prioridad absoluta a la nitidez, puede tener sentido. Sin embargo, una vez acostumbrados al modo Rendimiento, regresar a 30 FPS resulta bastante doloroso.
En portátil es donde esta versión tiene más sentido
La gran diferencia respecto a la primera Switch aparece cuando sacamos la consola del dock. Dragon Quest XI S fue, en su momento, una adaptación muy meritoria para Nintendo Switch. Meter un juego de este tamaño en aquel hardware obligó a Square Enix a trabajar mucho sobre resolución, texturas, sombras y distancia de dibujado. El resultado era perfectamente jugable, pero también dejaba bastante claro de dónde venían los recortes: la imagen podía resultar bastante blanda, principalmente en portátil, y algunos elementos del escenario perdían definición con bastante rapidez.
Switch 2 elimina buena parte de esos problemas. El modo Rendimiento se mantiene en 1080p y 60 FPS tanto en dock como utilizando la consola como portátil, y es precisamente en la pantalla de la propia Switch 2 donde la combinación funciona especialmente bien.
Tenemos mucha más nitidez que en la consola anterior y ya no aparece esa sensación constante de estar viendo una versión reducida para poder ejecutarla en un hardware portátil. Los modelados de personajes están mucho mejor definidos, el escenario conserva más detalle a distancia y las texturas se benefician claramente de la mayor resolución.
No estamos diciendo que Dragon Quest XI parezca un juego actual. Sigue utilizando una base técnica que tiene ya unos cuantos años, y hay elementos que lo dejan bastante claro, pero su diseño artístico envejece mucho mejor que su apartado puramente tecnológico.
El trabajo de Akira Toriyama continúa siendo uno de sus grandes puntos fuertes. Los personajes mantienen una estética reconocible, los monstruos siguen teniendo una personalidad enorme y los escenarios utilizan una paleta de colores que encaja especialmente bien con la pantalla de Switch 2.
La nueva versión también mejora algunos aspectos frente a la ejecución de Dragon Quest XI S de Switch mediante retrocompatibilidad. En este caso nos encontramos con texturas con mayor resolución, mejores sombras y algo más de detalle en ciertos objetos situados a distancia. Mientras que el juego original ejecutado en Switch 2 continúa limitado a 30 FPS y una resolución sensiblemente inferior, la edición nativa aprovecha mucho mejor el hardware.
Rendimiento: 60 FPS muy sólidos
Uno de nuestros temores con este tipo de conversiones es encontrarnos un modo Rendimiento que promete 60 FPS, pero que posteriormente empieza a oscilar en cuanto aparecen varios personajes o efectos en pantalla. Por suerte, este no parece ser el caso.
Durante nuestras horas de juego nos hemos encontramos con que esta versión del Dragon Quest XI mantiene los 60 FPS de forma muy estable incluso en escenarios relativamente cargados y durante combates con efectos visuales más complejos. El modo Calidad presenta un comportamiento igualmente estable, pero a 30 FPS. Y la verdad es que no hemos notado a simple vista cambios visuales al pasar de un modo a otro.
Por lo demás, no hemos visto cambios estructurales en el motor ni mejoras gráficas radicales que permitan hablar de una remasterización. Lo que ha hecho Square Enix es utilizar el margen adicional de Switch 2 para quitar las limitaciones que tenía la versión anterior, y desde un punto de vista técnico eso funciona bastante bien.
Tiempos de carga y almacenamiento
La nueva versión ocupa aproximadamente 24 GB (23.4 GB para ser exactos), lo que supone un aumento de casi 10 GB frente a los aproximadamente 14 GB de la edición original de Switch. Ese aumento tiene sentido teniendo en cuenta las mejoras introducidas en algunos recursos gráficos y las mayores exigencias de esta versión.
También notamos una experiencia más ágil al movernos por el juego. Los tiempos de carga nunca fueron especialmente problemáticos, pero Switch 2 dispone de un almacenamiento mucho más rápido y las transiciones entre zonas se benefician de ello.
En un RPG donde vamos a utilizar constantemente el viaje rápido, entrar y salir de edificios o desplazarnos entre localizaciones, reducir pequeñas esperas termina mejorando bastante el ritmo general.
Banda sonora y audio: la Edición Definitiva sigue siendo la referencia
Aquí no hay cambios importantes respecto a Dragon Quest XI S. Seguimos teniendo la banda sonora orquestada y las voces en inglés y japonés, además de todos los ajustes que ya acompañaban a la Edición Definitiva.
La banda sonora continúa siendo muy reconocible y funciona especialmente bien durante algunos de los momentos importantes de la historia, aunque también sigue existiendo uno de los problemas que ya tenía el juego original: determinados temas se repiten mucho durante una aventura tan larga.
Los efectos de sonido, por otra parte, mantienen intacta esa identidad tan particular de Dragon Quest. Menús, ataques, monstruos y pequeñas acciones utilizan sonidos que cualquier seguidor de la saga reconoce inmediatamente.
No se ha intentado modernizar aquello que no necesitaba ser modificado, y en este caso creemos que es la decisión correcta.
Precio y partidas: sin actualización ni transferencia desde la versión de Switch
Aquí llega la parte que más cuesta defender. Dragon Quest XI S para Switch 2 se vende como un juego independiente. No existe una actualización gratuita ni un paquete de mejora de pago para quienes ya compraron Dragon Quest XI S en Nintendo Switch. Square Enix también ha confirmado que las partidas guardadas de la versión anterior no son compatibles con la edición de Switch 2.
Eso significa que si tenemos una partida con decenas de horas y queremos aprovechar los 60 FPS, tenemos que empezar desde cero. Esta es probablemente la peor decisión de toda esta versión. Podemos entender que Square Enix comercialice una edición específica de Switch 2 por los cambios realizados en recursos gráficos o por cuestiones relacionadas con el propio desarrollo, pero resulta mucho más difícil justificar que no exista ninguna vía de actualización para usuarios anteriores.
La versión original funciona mediante retrocompatibilidad en Switch 2 y conserva sus limitaciones de resolución y 30 FPS, así que al menos podemos seguir utilizando nuestra copia. Sin embargo, precisamente porque la nueva edición comparte prácticamente todo el contenido, habría sido lógico ofrecer algún tipo de upgrade.
La versión física utiliza además Game-Key Card, algo que también conviene tener en cuenta si somos de los que prefieren conservar los juegos completos dentro de la tarjeta. En nuestro caso, no supone ningún problema. El precio ronda los 40 euros según el mercado, una cifra razonable para alguien que nunca haya jugado a Dragon Quest XI, pero mucho más difícil de asumir si ya tenemos exactamente este mismo juego en nuestra biblioteca.
Conclusión: esta es la versión de Switch que Dragon Quest XI necesitaba
Después de jugar a Dragon Quest XI S en Switch 2 nos queda una sensación bastante curiosa. Desde el punto de vista técnico, es difícil poner demasiadas pegas al trabajo realizado.
El modo Rendimiento a 1080p y 60 FPS funciona muy bien, mantiene una calidad de imagen suficientemente alta y elimina la principal limitación que encontrábamos al volver al juego de Switch. Además, no tenemos que renunciar a sombras, vegetación o distancia de dibujado para conseguir esa fluidez adicional. El modo Calidad a 1440p y 30 FPS aporta algo más de definición en dock, pero en nuestra opinión no compensa perder la mitad de los fotogramas. Dragon Quest XI se siente claramente mejor a 60 FPS y, después de acostumbrarnos durante unos minutos, es difícil querer regresar al modo de 30.
Donde más nos ha gustado esta versión es jugando directamente en la pantalla de Switch 2. Ahí es donde apreciamos de verdad la diferencia respecto a la consola anterior: 1080p, buena nitidez, 60 FPS estables y una presentación general que ya no parece estar constantemente condicionada por el hardware.
Dragon Quest XI sigue teniendo algunos años encima y esta edición no intenta ocultarlo. No hay cambios en geometría, animaciones o sistemas de iluminación que permitan tratarlo como una remasterización moderna. Tampoco hay contenido nuevo que justifique regresar a Erdrea si ya terminamos la aventura varias veces.
Lo que sí tenemos es una adaptación que utiliza bastante mejor el hardware de Switch 2 y que convierte uno de los mejores JRPG disponibles en la plataforma en una experiencia portátil mucho más agradable.
Para quien nunca haya jugado a Dragon Quest XI, esta nos parece probablemente la versión más interesante si queremos jugarlo en una consola Nintendo. Para quien ya tenga Dragon Quest XI S en Switch, la cuestión cambia bastante: técnicamente es mejor, pero obligarnos a comprar de nuevo el juego y renunciar a nuestra partida guardada hace que la actualización resulte mucho menos atractiva de lo que debería.

