Code Vein II se lanza hoy como la secuela oficial del primer título lanzado en 2019, continuando con el mismo estilo de action RPG con estética anime que caracterizó a su predecesor. Aunque mantiene la esencia soulslike y la temática postapocalíptica en la que tienes que luchar por sobrevivir en un mundo hecho pedazos, esta nueva entrega lo amplía con un concepto muy prometedor: viajes en el tiempo. Nosotros ya hemos jugado (y nos hemos pasado) Code Vein II, y en este artículo os contamos nuestras impresiones.
Code Vein II está disponible desde el 30 de enero de 2026 en PC, PS5 y Xbox Series X|S, aunque nosotros hemos podido tener acceso unos días antes y ya hemos podido dedicarle unas 35 horas de juego, suficiente para llegar hasta el final (sin hacer muchas misiones secundarias, eso sí) y así poder formar una opinión honesta sobre lo que ofrece. En total, estimamos que completar Code Vein II de forma tranquila, haciendo misiones secundarias y demás fácilmente puede llevarte entre 40 y 60 horas, que aunque parezca mucho en realidad es bastante típico para un RPG de estas características.
Historia: un relato más ambicioso apoyado en el viaje en el tiempo
Desde que empiezas a jugar, el nuevo título de Bandai Namco deja claro que han sido bastante más ambiciosos, especialmente en cuanto a la historia. Sin entrar en demasiados spoilers, os vamos a contar que volveremos a vernos involucrados en un mundo devastado habitado por «Resucitados», pero en esta ocasión el conflicto gira en torno a un gran desastre que se produjo en el pasado y de una serie de figuras clave que quedaron selladas para contenerlo.
Como jugador, la sensación es que la narrativa tiene bastante peso desde el principio, con un planteamiento que honestamente se entiende mejor que en el primer juego y que empuja a ir avanzando no solo porque sea la pauta que marca el juego, sino porque también es capaz de crear cierto grado de curiosidad en el jugador. Dicho de otra manera, la historia se entiende bastante bien y logra dejar al jugador siempre con ganas de ver qué pasa a continuación.
En esta secuela, la gran novedad es el viaje en el tiempo, que permitirá alternar entre el presente y un pasado anterior al colapso del mundo. Esta mecánica además no es un simple recurso estético, sino que es prácticamente el eje central sobre el que se construye la historia: en el pasado conoceremos a personajes fundamentales para la trama, entenderemos qué decisiones llevaron al desastre y obtendremos las claves necesarias para avanzar en el presente. Durante mis horas de juego, esta dualidad funcionó como un hilo bastante sólido en la historia, que ayuda a entender a los enemigos, los escenarios y los acontecimientos que vamos viendo.
A diferencia del Code Vein original, donde buena parte del trasfondo quedaba bastante disperso y abierto al entendimiento de cada cual, aquí la historia se apoya mucho más en cinemáticas, diálogos y relaciones entre los personajes. Igual que en el primer juego, destaca el dramatismo y los vínculos emocionales de los personajes, y aunque no todo está contado de forma magistral, sí que se percibe un buen esfuerzo del desarrollador por hacer que la narrativa sea más accesible y directa.
Lo que sí es cierto, y es un aspecto que bajo mi punto de vista ha terminado molestándome a veces, es que las cinemáticas son algunas veces intrusivas. Si yo estoy explorando el mundo abierto «a mi bola» y me acerco a una zona de misión, se corta radicalmente lo que estuviera haciendo para mostrarme una cinemática, y eso personalmente no me termina de gustar.
Jugabilidad y mecánicas: algunas mejoras y un enfoque claro hacia Elden Ring
En el apartado jugable, Code Vein II ha pulido algunas de las mecánicas del primer título, pero hay que decir que quizá bebe demasiado de este porque, aunque algunas cosas se han simplificado un poco, la esencia es exactamente la misma. Esto se puede ver desde el propio creador de personajes, que es casi idéntico aunque con más opciones, y es que de hecho los que hayáis jugado al primer juego reconoceréis muchos de los trajes de inicio, que vuelven a estar disponibles aquí.
El combate sigue siendo exigente, un poco al estilo soulslike con el primer juego, aunque en este segundo hemos notado un mayor enfoque hacia la gestión de la resistencia, que se te acaba en cuanto haces un par de esquivas y ataques. Por este motivo, es bastante importante el posicionarte bien y leer los patrones de los enemigos para atacar y esquivar solo en los momentos justos; Code Vein II no es un juego machacabotones en el que puedas atacar a lo loco e intercambiar daño, también por el hecho de que (especialmente contra bosses) tu vida y resistencia son bastante limitadas.
Hay una clara influencia de Elden Ring en muchas de las mecánicas y también en los escenarios.
El mundo abierto invita a salirte del camino principal y a explorar (especialmente en cuanto consigues la moto) y está bastante bien hecho, aunque también bastante vacío en muchos tramos.
La influencia de Elden Ring se nota en muchas otras mecánicas, como por ejemplo en el mapa, en los puntos de reaparición que también sirven para subir de nivel (gracias en Elden Ring, hogueras en Dark Souls), en los monolitos justo antes de los bosses donde se puede resucitar (efigies de Márika en Elden Ring), en el mensaje que te sale tras eliminar a un jefe, en la interfaz para mejorar la regeneración (los Estus) o en las minimazmorras, por poner algunos ejemplos.
Pero también bebe mucho del primer Code Vein, del que repite muchas de las mecánicas como la subida de nivel automática, la subida de las armas, la gestión de las habilidades, los viajes por los recuerdos, etc.
Lo que sí es nuevo son los viajes en el tiempo. Regresar al pasado o volver al presente no solo tiene implicaciones narrativas, sino que también se modifica el escenario cambiando las rutas, los enemigos y las oportunidades de exploración, algo que aporta bastante variedad sin romper el ritmo de acción. La única pega que le ponemos a este aspecto es que solo puedes viajar en el tiempo en ciertos puntos concretos, y eso sí que rompe un poquito el ritmo.
El sistema de habilidades y armas vuelve a ser uno de los pilares del juego, pudiendo cambiar con mucha libertad la forma de jugar ya que cada arma tiene su set de movimientos preestablecido, aunque siempre podemos cambiarle las habilidades para adaptarlas al estilo que más nos guste. Como ya ocurría en el primer Code Vein, esta flexibilidad es clave para experimentar con builds y afrontar los combates de diferentes maneras.
En conjunto, Code Vein II no revoluciona el género ni mucho menos, pero sí que logra refinar bastante la propuesta: es más grande, más ambicioso y más cómodo de jugar, aunque en ocasiones esa ambición se nos ha quedado corta precisamente por lo que hemos comentado antes: el mundo abierto es relativamente grande y a veces parece bastante vacío, ya que por ejemplo tienes que andar bastante para simplemente encontrarte un objeto tirado en el suelo que no premia demasiado el haber llegado hasta ahí.
Apartado artístico: más ambición visual, misma personalidad anime
A nivel artístico, Code Vein II sigue apostando por la estética anime que caracterizó al primero, y lo hace sin complejos. Encontraremos escenarios que transmiten decadencia y desolación, con los personajes tipo anime dando un toque de color y complementando el conjunto que, visualmente, lo notamos bastante más rico que en el primer juego.
El diseño de personajes vuelve a ser uno de los puntos fuertes, ya que aquí el jugador tiene una libertad de personalización casi casi ilimitada, igual que en el primer juego. Vestimentas casi exageradas, armas de gran tamaño y la posibilidad de editar prácticamente todo y además rehacerlo en cualquier momento (desde la base principal) hacen que, igual que pasa con las armas, sea uno de los juegos que más flexibilidad y capacidad de personalización le dan al jugador.
Esto se complementa con enemigos que también reflejan la decadencia de los escenarios, y que en algunas ocasiones rozan lo grotesco mezclado con lo estilizado, haciendo que el conjunto quede sorprendentemente coherente. Los jefes en particular destacan tanto por su tamaño como por su presencia visual, así como por cómo su diseño suele estar ligado a su papel dentro de la historia, algo que refuerza nuevamente la conexión entra la narrativa y la jugabilidad.
En el plano técnico, hay que decir que el juego no es perfecto y hay momentos en los que la ambición visual se queda a medio camino, especialmente en escenarios… digamos «menos inspirados» o en assets que aparecen repetidos.
Con todo, concluimos esta sección diciendo que Code Vein II logra mantener la identidad visual del primer juego, mejorándola (se ve mejor) y aunque obviamente no se han reinventado, sí que amplían lo visto en el juego original y acompaña bien el tono dramático y épico que busca transmitir durante toda la aventura.
Gráficos: un salto visible que no siempre es uniforme
En nuestra experiencia jugando en PC, aunque el rendimiento del juego ha sido adecuado jugando con todos los gráficos al máximo en el sentido de que no hay bajones de FPS ni lagazos, también es bastante exigente para lo que en realidad estamos viendo en pantalla. Jugando a 3440 x 1440 con un Ryzen 7 9800X3D, 32 GB de RAM y una RTX 5080 rara vez superábamos los 140 FPS, manteniéndose de media en unos 100-110 FPS.
Todo ello con un consumo de en torno al 60% de CPU y prácticamente el 100% de GPU, así como más de 32 GB de RAM y 9 GB de memoria de vídeo. No es apto para todos los PC, al menos con los gráficos al máximo.
Como hemos dicho antes, esta segunda entrega mejora los gráficos de la primera con entornos más amplios, más densidad de elementos en pantalla y un uso más elaborado de la iluminación, especialmente en determinadas zonas clave, aunque olvidando otras en algunas ocasiones. Jugándolo, la sensación es que el motor gráfico ofrece más músculo, pero parece que no siempre se exprime con la misma eficacia, como si hubieran dedicado mucho más esfuerzo a unas zonas que a otras.
Los modelos de los personajes y los enemigos también se ven mejor, con más detalles en los rostros, vestimentas, pelo y animaciones, algo que se nota especialmente en cinemáticas (que, por cierto, están capadas a 30 FPS) y combates contra jefes. Sin embargo, fuera de estos momentos más cuidados, hay zonas donde el resultado queda más irregular, con texturas más planas o escenarios que no terminan de aprovechar la escala que proponen.
Banda sonora: épica contenida al servicio de la acción
En este tipo de juegos, la banda sonora casi siempre cumple un papel meramente funcional, acompañando a la acción y reforzando los momentos clave como los combates contra jefes pero sin robarle protagonismo al resto de elementos del juego. En Code Vein II esto se cumple tal cual, con música que acompaña en segundo plano durante la exploración y que ayuda a crear esa atmósfera melancólica del juego, pero cambia a unas melodías más opresivas e incluso épicas a veces cuando corresponde hacerlo.
Es por lo tanto una banda sonora correcta y coherente, sin grandes altibajos ni temas que vayamos a recordar cuando cerremos el juego.
Precio: un estándar de la industria que sigue resultando elevado
Code Vein II llega al mercado con el precio estándar de los lanzamientos AAA, algo que por desgracia ya se ha normalizado en la industria pero que no deja de resultar demasiado alto. La edición estándar se sitúa en la franja de los 70 euros, una cifra que, aunque es esperable, obliga al jugador a pensárselo dos veces antes de dar el salto.
En mi opinión personal, el precio no desentona con lo que ofrece el juego, aunque tampoco juega a su favor. Estamos ante un título bastante ambicioso y que ofrece un pozo de horas de contenido, que es más grande que su predecesor y está más trabajado, pero aun así no termina de transmitir esa sensación de «imprescindible» que justifique sin discusión el desembolso de su precio de lanzamiento. A esto se le suman las ediciones superiores, sensiblemente más caras y centradas en contenidos cosméticos.
En definitiva, me parece que aunque el precio de Code Vein II está en la línea de los estándares actuales, sigue siendo uno de esos casos en los que el coste pesa casi tanto como el interés de la propuesta. Para los seguidores de la saga o los fans de este género es una compra sin duda asumible desde el primer día, pero para el resto no parece descabellado pensar que es un título que acabarán disfrutando cuando este título llegue con una inevitable rebaja.
Conclusión: una secuela ambiciosa que no termina de redondear su propuesta
Si bien como fan que invirtió sus buenas 80 horas en la primera parte no puedo decir que Code Vein II era la secuela que esperaba, sí que he de reconocer que no se ha conformado con repetir la fórmula del éxito de su predecesor y que ha intentado dar un paso adelante en todos los aspectos. Jugando, se nota que Bandai Namco ha querido posicionar la saga un peldaño más arriba dentro del género soulslike, acercándose a referentes como Elden Ring pero sin renunciar a su identidad propia.
La historia está bien contada y la verdad es que te atrapa, dejándote con el punto justo de incertidumbre para que siempre quieras continuar a ver cómo sigue. La ambientación es buena y consigue sumergirte en su melancolía y oscuridad, mientras que el apartado técnico es correcto, aunque con algunas lagunas como hemos comentado antes.
También es cierto que Code Vein II nos ha resultado un poco irregular. Tiene momentos muy inspirados y otros más discretos, lo que hace que la experiencia sea muy disfrutable en su conjunto, pero no siempre es redonda. Es como si perdiera el ritmo, especialmente en esas etapas que te apetece salirte de la misión principal y ponerte a explorar y hacer misiones secundarias; da la impresión de que no les han dado el mismo mimo que a la trama principal.
En definitiva, Code Vein II es un muy buen juego y desde luego es recomendable, especialmente si eres fan del primer título y/o si te gustan los soulslike con estética anime y una narrativa mucho más presente que en los juegos de FromSofware. No es un juego que vaya a redefinir ni el género ni la saga, pero sí uno que la consolida y demuestra que todavía tienen mucho margen para crecer… siempre que en el futuro consigan equilibrar mejor la ambición y la ejecución.

