La tecnología Hall Effect se ha convertido en un reclamo cada vez mayor de aquellos jugadores que pretenden acabar con el drift en los mandos analógicos. Un problema que salpica a estos periféricos de Playstation, Xbox, Nintendo Switch y prácticamente cualquier controlador que disponga de joysticks.
En lugar de depender de un contacto físico entre piezas movibles, el efecto Hall hace uso de campos magnéticos para detectar la posición de la palanca. Lo que hace que se elimine el desgaste mecánico por el roce y el drift prácticamente desaparezca.
Este tipo de sensores ya podemos verlos en algunos mandos de gama alta y en kits de reemplazo de joysticks para paliar el drift. Así no tendremos que comprar un mando nuevo cada X años. Aun así, a día de hoy, la gran mayoría de mandos siguen teniendo un comportamiento analógico. Pero esta tecnología puede cambiar el esquema de la industria de cara al futuro: sin roce directo, mayor durabilidad del dispositivo y menos movimientos fantasma, todo parece indicar que estamos ante un avance.
Así que vamos a explicar cómo funciona la tecnología Hall Effect en mandos y qué implica para los jugadores.
Mandos con Hall Effect: ¿son mejores?
El «efecto Hall» es una propiedad física que se da cuando ciertos materiales generan una diferencia de tensión cuando se exponen a un campo magnético perpendicular a la corriente que los atraviesa. En los mandos, este principio se traduce en un sensor Hall que detecta cambios en el campo magnético a raíz de un imán integrado en el joystick.
Una tecnología que no tiene nada que ver con la que usan los mandos tradicionales. En este caso, siempre hemos contado con un potenciómetro con contacto físico. Pero el sistema Hall se encarga de medir la posición del imán sin que haya superficies que se toquen entre sí. Esto permite que cada movimiento en la palanca se traduzca en señales eléctricas precisas, y que la consola o nuestro PC interpreten como dirección o amplitud del giro.
El drift en los controles analógicos que todos conocemos se debe al desgaste de la superficie y el contacto que se desliza sobre ella. Este movimiento altera la posición neutra del mando y hace que «lea» el movimiento para traducirlo a la consola. Con el tiempo, el material se desgasta por su mero uso o por la suciedad, por lo que llega un punto en que incluso los personajes se mueven solos en la pantalla, o incluso perdemos una gran precisión a la hora de usar los joysticks.
En el caso de la tecnología Hall, no existe un contacto físico directo entre el imán y el sensor, por lo que no hay ningún desgaste asociado a pistas de carbono o pestañas metálicas. El campo magnético se modifica al mover la palanca, pero el sensor solo detecta esa variación y la traduce al voltaje. Lo que supone el fin de la causa principal del drift.
Limitaciones en el uso real
Los mandos con mecanismo Hall Effect ofrecen una mayor durabilidad y una respuesta más estable a largo plazo. Y es que el núcleo de la detección no sufre el desgaste por fricción. De hecho, permiten una precisión muy alta de los joysticks, que son capaces de registrar pequeños movimientos y cambios suaves.
Pero, a pesar de todos los avances en este sentido, esta tecnología no es el fin de todos los problemas. El propio eje mecánico del joystick no está a salvo de desgastarse, y cualquier error en la fabricación o en el calibrado del dispositivo puede generar errores de precisión que luego deberemos pailar. Aun así, la ausencia de roce directo reduce enormemente el drift progresivo, y convierte los mandos Hall en una opción más que interesante para jugadores que no quieren que su mando se estropee por su mero uso con el paso del tiempo.
