En los monitores gaming, ¿mayor frecuencia de refresco es siempre mejor?

En los monitores gaming, ¿mayor frecuencia de refresco es siempre mejor?

Rodrigo Alonso

Cuando vamos a comprar un monitor, y especialmente si es para jugar, siempre nos fijamos en la frecuencia de refresco del mismo como uno de los parámetros más importantes. La gran mayoría de la gente tiene la creencia de que a mayor frecuencia de refresco es mejor, pero en la realidad esto no siempre es así, y de igual manera a como sucedió con las resoluciones, a veces es más una estrategia de marketing que otra cosa. Vamos a verlo en profundidad.

Qué es la frecuencia de refresco de un monitor

Básicamente, la frecuencia de refresco representa el número de veces que se actualiza la imagen en la pantalla en cada segundo. Así, una frecuencia de 60 Hz significa que en realidad el monitor está mostrando 60 imágenes en un solo segundo. Así, un monitor de 144 Hz lo hará 144 veces, y uno de 240 Hz lo hará 240 veces. Esta frecuencia se mide en hercios (Hz), y en términos comunes viene a significar lo suaves que son las transiciones de imágenes en la pantalla, ya que cuantas más imágenes se generen por segundo, menos «saltos» de imagen veremos.

Por norma general, los cines funcionan a tan solo 24 Hz, mientras que las televisiones antiguas de formato PAL y NTSC funcionaban a 50 Hz y 60 Hz respectivamente. Hoy en día la cifra más normal en un monitor de PC son 60 Hz y 144 Hz en los monitores gaming, aunque ya se encuentran monitores de 240 Hz e incluso más.

Y es que una mayor frecuencia de refresco es muy importante para gaming, puesto que permite que la imagen siga los rápidos movimientos del jugador. Por ejemplo, un ratón gaming moderno puede reportar hasta 1000 veces por segundo al PC, y un PC moderno puede hacer funcionar juegos como CS:GO u Overwatch a más de 100 FPS. Tener un monitor con una alta frecuencia de refresco puede, efectivamente, proporcionar una ventaja a los mejores jugadores.

Por qué no siempre una mayor frecuencia de refresco es mejor

Hay gente que confunde la frecuencia de refresco con los frames por segundo (FPS) de los juegos, pero el primero es relativo al hardware (del monitor) y el segundo es relativo al software (el juego, aunque dependerá de la tarjeta gráfica en un PC). Por ejemplo, un juego que funciona a 60 FPS puede funcionar de manera síncrona con el monitor (V-Sync) y mostrar 60 imágenes por segundo, pero aunque un juego funcione a 120 FPS, el monitor seguirá mostrando solo 60 imágenes por segundo, y en ese escenario podría producirse tearing en la imagen.

A este respecto, por lo tanto, es casi más importante que el sistema pueda sincronizar los cuadros por segundo que la tarjeta gráfica envía al monitor, con el número de imágenes que el monitor es capaz de representar en cada segundo. Si estos dos valores son los mismos, lo veremos todo totalmente fluido y sin problemas, y por eso a día de hoy ya tenemos tecnologías como FreeSync o G-SYNC que permiten que el monitor tenga una frecuencia de refresco variable.

A diferencia de estas dos tecnologías, los monitores que no dispongan de ella tendrán que hacer uso del llamado V-SYNC, que si bien aportará fluidez y evitará el tearing y la gran mayoría de stuttering, introducirá un pequeño input lag que lo jugadores con mejor percepción pueden notar, incluso con triple búfer activo. Es el precio a pagar por una tecnología ya con sus años y que ha sido reemplazada por VRR.

Tecnología AMD FreeSync

En resumidas cuentas, una mayor frecuencia de refresco sí que significa una transición de imágenes más fluida, pero no siempre significa una mejor experiencia ya que puede incluso generar problemas, y además no siempre merece la pena en cuestión de precio. Ahora bien, si el monitor tiene una alta frecuencia de refresco y además es adaptativa, y funciona en combinación con un PC de altas prestaciones capaz de mantener altas tasas de FPS en los juegos, entonces por supuesto que es mejor.