Los juegos de supervivencia contra hordas han crecido tanto durante los últimos años que ya resulta difícil acercarse a uno nuevo sin encontrar elementos conocidos. La fórmula popularizada por Vampire Survivors se ha reinterpretado con toda clase de ambientaciones, sistemas de progresión y estilos visuales, pero casi siempre conserva la misma idea: entrar en un escenario, sobrevivir durante un tiempo determinado y terminar la partida convertido en una máquina de destrucción. Sin embargo, hay algunos títulos, como Jotunnslayer: Hordes of Hel que, aunque no buscan disimular que pertenecen a este género, entran en juego de una forma mucho más elaborada, una ambientación inspirada diferente, y un apartado visual que recuerda más a un juego de acción tradicional que al habitual survivor de bajo presupuesto.
Desarrollado por Games Farm y ARTillery y publicado por Grindstone, el juego comenzó su recorrido en acceso anticipado para PC el 21 de enero de 2025. El 3 de septiembre de ese mismo año alcanzó la versión 1.0, fecha en la que también llegó a PlayStation 5 y Xbox Series X|S. Ahora, casi un año después, da el salto a Nintendo Switch 2 con una adaptación que conserva la esencia del original y que, por su estructura de partidas relativamente cortas, encaja especialmente bien en una consola portátil.
Historia: las pruebas de los dioses nórdicos
Jotunnslayer: Hordes of Hel no es un juego especialmente interesado en contar una historia tradicional: no hay una campaña repleta de secuencias, conversaciones constantes o personajes con largos arcos narrativos, sino que su argumento funciona como una justificación para encadenar partidas, atravesar diferentes escenarios y enfrentarnos a criaturas inspiradas en la mitología nórdica.
En este título controlamos a una serie de héroes condenados que deben superar las pruebas impuestas por los dioses. Para conseguirlo, tendremos que abrirnos paso entre incontables enemigos, completar los objetivos de cada reino y derrotar a los poderosos jefes que esperan al final de las expediciones. Quienes logren completar todas estas pruebas podrán convertirse en el Jotunnslayer que da nombre al juego.
Es una premisa sencilla y más ambiental que narrativa. La mitología se utiliza principalmente para dar identidad a los escenarios, los enemigos, las habilidades y las bendiciones que conseguimos durante cada partida. Dioses, criaturas y símbolos nórdicos sirven como hilo conductor, aunque no debemos esperar una recreación especialmente profunda de sus leyendas.
Esta falta de desarrollo argumental no supone necesariamente un problema. En un juego de este género, la prioridad está en la repetición, la construcción de personajes y la progresión. Aun así, sí hemos echado de menos algo más de contexto entre los diferentes retos, aunque fueran unas cuantas escenas adicionales o pequeñas historias asociadas a cada héroe. Eso habría ayudado a que el mundo tuviera más peso y a que el avance no dependiera únicamente de desbloquear nuevos elementos.
Jugabilidad: una fórmula conocida que funciona
La estructura básica de Jotunnslayer es fácil de entender: elegimos un héroe, seleccionamos un escenario y entramos en una zona repleta de enemigos que aparecen sin descanso. Nuestro personaje ataca automáticamente, de manera que nosotros nos ocupamos principalmente del movimiento, el posicionamiento y el uso de ciertas acciones. Cada enemigo derrotado deja experiencia y, al subir de nivel, podemos escoger entre varias mejoras: algunas potencian nuestras capacidades básicas, mientras que otras añaden ataques y bendiciones relacionadas con los dioses nórdicos. Poco a poco pasamos de controlar a un personaje relativamente vulnerable a llenar la pantalla de proyectiles, rayos, áreas de daño y efectos capaces de eliminar grupos enteros.
El sistema no reinventa el género, pero está bien planteado. Durante los primeros minutos tenemos que medir bastante nuestros movimientos, evitar quedar rodeados y buscar huecos entre las hordas. Más adelante, una build bien construida nos permite adoptar una actitud mucho más agresiva, aunque nunca conviene perder de vista los ataques especiales ni las zonas peligrosas que aparecen en el escenario.
Uno de los puntos más interesantes está en la combinación entre héroes y poderes divinos. Cada personaje dispone de características, armas y habilidades propias, por lo que no todos se juegan de la misma manera: unos funcionan mejor a corta distancia, mientras que otros permiten mantener cierto margen frente a los enemigos. Las bendiciones que obtenemos durante la partida amplían estas diferencias y nos animan a experimentar con configuraciones distintas.
El problema es que el equilibrio entre opciones no siempre está igual de afinado. Hay combinaciones que tardan demasiado en arrancar y otras que alcanzan una capacidad destructiva enorme con bastante rapidez. Esto forma parte del atractivo de cualquier roguelite, pero también provoca que algunas elecciones parezcan claramente superiores a otras.
Las misiones que aparecen durante las partidas ayudan a romper la monotonía. No basta con movernos en círculos mientras esperamos a que pase el tiempo: también debemos completar objetivos concretos, interactuar con determinados elementos, eliminar enemigos especiales o desplazarnos hasta zonas marcadas. Estas tareas están claramente diseñadas para añadir obstáculos y retos adicionales antes de llegar al enfrentamiento final. Y la verdad es que funcionan razonablemente bien, ya que nos obligan a abandonar posiciones seguras y hacen que prestemos atención al escenario. Sin embargo, tras varias horas empiezan a repetirse y pierden parte de su capacidad para sorprender. El juego sigue resultando entretenido por la construcción de las builds, pero no porque las misiones cambien radicalmente de una partida a otra.
Lo bueno es que al morir no perdemos todo el progreso. Jotunnslayer, a diferencia de otros juegos de tipo roguelite, cuenta con sistemas de metaprogresión mediante los que desbloqueamos ventajas, habilidades, armas y mejoras permanentes. Esto permite que incluso una expedición fallida resulte útil y nos deja una sensación constante de avance. Es una progresión agradecida, aunque también condiciona bastante la dificultad inicial, ya que las primeras partidas pueden resultar más duras por la falta de mejoras, mientras que, tras invertir recursos en los árboles adecuados, algunos retos se vuelven mucho más asumibles. No todo depende de nuestra habilidad, sino que también importa haber acumulado suficientes bonificaciones permanentes.
Los jefes son otro de los elementos que más personalidad aportan. Frente a las masas de enemigos básicos, estos combates exigen observar patrones, esquivar ataques amplios y buscar momentos seguros para causar daño. No llegan a convertir el juego en un título de acción particularmente técnico, pero sí nos obligan a dejar de depender exclusivamente de la potencia de nuestra build.
Jugabilidad dentro de la Switch 2
La adaptación a Nintendo Switch 2 resulta especialmente interesante porque este tipo de juego funciona muy bien en sesiones portátiles. Una partida puede iniciarse rápidamente, no requiere memorizar controles complejos y nos permite avanzar incluso aunque solo dispongamos de unos minutos.
Tras varias horas de juego, podemos asegurar que el control con los Joy-Con 2 es cómodo. El movimiento responde bien y la interfaz está adaptada al mando, aunque es cierto que navegar por algunos menús con numerosas mejoras resulta menos inmediato que hacerlo con ratón. Durante las partidas, la automatización de los ataques reduce considerablemente el número de botones que necesitamos utilizar, por lo que no hemos encontrado problemas importantes de manejo.
En cuanto al rendimiento, nuestra experiencia en Switch 2 ha sido generalmente estable. En los primeros compases de cada partida, cuando todavía hay pocos enemigos y efectos en pantalla, el juego se mueve con soltura. Aunque es verdad que se nota cuando la situación se vuelve más exigente durante los minutos finales, cuando coinciden decenas de criaturas, proyectiles, explosiones y áreas de daño. En esos momentos hemos percibido alguna pérdida puntual de fluidez, pero no hasta el punto de impedirnos jugar o esquivar con precisión. La visibilidad puede convertirse en un problema mayor que el rendimiento, ya que con determinadas combinaciones, la pantalla se llena de efectos y resulta complicado distinguir pequeños enemigos, proyectiles hostiles o elementos del escenario.
Gráficos y apartado artístico: un survivor mucho más vistoso
Uno de los mayores argumentos de Jotunnslayer es su presentación. Mientras otros representantes del género recurren a píxeles, sprites o entornos muy sencillos, Games Farm y ARTillery han apostado por escenarios tridimensionales, personajes detallados y una cámara isométrica que recuerda a los RPG de acción. La influencia estética de Diablo es evidente, especialmente en el tratamiento de la luz, las ruinas, los escenarios oscuros y la apariencia de algunas criaturas. Sin embargo, Jotunnslayer no pretende ser un ARPG convencional. Por ejemplo, notaremos que la cámara está más alejada, el combate se basa en ataques automáticos y la gran cantidad de enemigos obliga a priorizar la legibilidad sobre el detalle.
Los escenarios tienen personalidad suficiente para diferenciar las distintas expediciones. La ambientación nórdica está presente en la arquitectura, los símbolos, la vegetación y el diseño de los enemigos, aunque algunas zonas podrían ofrecer más elementos interactivos y mayor variedad interna.
Los efectos visuales son espectaculares, especialmente cuando hemos conseguido una build avanzada. Rayos, explosiones, proyectiles y golpes cubren buena parte de la pantalla, transmitiendo muy bien el aumento de poder. El inconveniente es que esa espectacularidad termina jugando en contra de la claridad, y en las situaciones más caóticas cuesta saber qué está ocurriendo debajo de todas las habilidades.
En Nintendo Switch 2 se mantienen una imagen limpia y un nivel de detalle convincente, aunque algunos elementos secundarios y ciertos efectos parecen simplificados respecto a lo que podemos encontrar en un PC potente. No es una comparación que perjudique demasiado a la versión portátil, ya que el estilo general se conserva y la cantidad de enemigos sigue siendo suficientemente elevada para transmitir la sensación de estar luchando contra una verdadera horda, pero hay que tenerlo en cuenta.
Audio: contundente, aunque algo repetitivo
El apartado sonoro cumple bien su función. La música utiliza tonos épicos y oscuros acordes con la ambientación, acompañando tanto los momentos iniciales de cada partida como los enfrentamientos más intensos. Los efectos de sonido son especialmente importantes porque ayudan a transmitir la fuerza de los ataques: golpes, explosiones, descargas y muertes se acumulan conforme crece nuestro poder, haciendo que una build avanzada no solo resulte más efectiva, sino también más contundente.
El principal problema aparece durante las sesiones largas. Tanto la música como muchos efectos terminan repitiéndose con frecuencia, y la mezcla puede llegar a resultar saturada cuando coinciden varias habilidades. No es un apartado memorable por sí mismo, pero acompaña correctamente y contribuye a la atmósfera.
Precio: una propuesta razonable por su capacidad de rejugabilidad
El precio oficial de este juego es de 14,99 dólares, pudiendo sumarle la expansión de Conan, diversos paquetes cosméticos, un libro de arte y la banda sonora. No es un juego especialmente caro, y, de hecho, el precio está por debajo de uno de sus principales rivales: el Hades.
Pero su valor dependerá en buena medida de nuestra afinidad con el género. Si buscamos una campaña narrativa, exploración libre o un sistema de combate manual, este juego puede acabar siéndonos muy repetitivo, mientras que los aficionados a los survivor encontrarán una buena cantidad de personajes, mejoras, poderes y retos para experimentar durante bastantes horas.
Conclusión: un buen survivor que entra por los ojos
Jotunnslayer: Hordes of Hel no revoluciona los juegos de supervivencia contra hordas, ya que sus pilares son muy conocidos, muchas de sus ideas ya las hemos visto en otros títulos y la estructura termina mostrando cierta repetición cuando acumulamos suficientes partidas. Aun así, ejecuta la fórmula con bastante solvencia, ofreciendo un combate satisfactorio y un sistema de mejoras que ofrece suficientes posibilidades; esto, junto con la combinación de héroes con bendiciones divinas, nos permite probar configuraciones muy diferentes. A ello se suma un apartado visual muy superior al habitual en el género, con escenarios tridimensionales, criaturas bien diseñadas y una enorme cantidad de efectos.
La versión de Nintendo Switch 2 encaja especialmente bien por su formato portátil, ya que el control es sencillo, las partidas se prestan a sesiones cortas y el rendimiento se mantiene en niveles razonables incluso cuando la pantalla comienza a llenarse. Las caídas puntuales de fluidez y, sobre todo, la pérdida de visibilidad en las situaciones más caóticas son sus principales problemas técnicos. Aunque es fácil que se mejore esta experiencia con algún parche post-lanzamiento.
Lo único que podríamos criticar al juego es que nos habría gustado encontrar un mayor desarrollo narrativo y más variedad en los objetivos secundarios. La mitología nórdica aporta estética e identidad, pero rara vez se utiliza para construir una historia especialmente profunda.
Pese a estas limitaciones, Jotunnslayer: Hordes of Hel es un juego que, sin duda, va a gustar mucho a quienes disfruten de Vampire Survivors, Halls of Torment, Hades, y otros juegos centrados en crear builds cada vez más poderosas. También puede ser una buena puerta de entrada para los jugadores que encuentran demasiado simples visualmente otros representantes del género y prefieren una presentación cercana a un RPG de acción moderno.

