Desde hace ya bastante tiempo, los videojuegos independientes de terror están demostrando que no hacen falta grandes presupuestos para construir buenas experiencias de juego. En ese terreno precisamente se mueve Headware Games, el estudio responsable de Hollowbody, un survival horror de fuerte inspiración en los clásicos (Resident Evil, Silent Hill…) que debutó originalmente en PC en 2024 y que ahora llega a PS5 y Xbox Series intentando encontrar una segunda vida en consolas. Hoy, analizamos la versión de PS5 de Hollowbody.
La propuesta va a resultarle inmediatamente reconocible a cualquier aficionado al género. Cámaras dinámicas y fijas, exploración pausada, gestión limitada de recursos, puzles ambientales y una atmósfera que bebe sin disimulo de Silent Hill, Resident Evil y el terror poligonal de la era de PS1 y PS2. Sobre el papel, Hollowbody parece tener todos los ingredientes necesarios para conquistar a los amantes de los survival horror clásicos; en la práctica, sin embargo, la experiencia acaba lastrada por demasiados problemas en la ejecución.
Historia: una distopía británica cargada de misterio
Hollowbody nos pone en la piel de Mica, una contrabandista que opera en una Gran Bretaña futurista marcada por la decadencia y el colapso urbano. Cuando su compañera desaparece en lo que se llama The Black Zone, una zona de exclusión aislada tras un desastre de origen incierto, la protagonista decide internarse en ese lugar prohibido para encontrarla.
La narrativa apuesta claramente por el terror psicológico, el aislamiento, la culpa y las relaciones personales, construyendo un tono que recuerda constantemente a los Silent Hill clásicos. La historia no gira en torno a la acción ni a los sustos fáciles (jump scares), sino al misterio, la incomodidad emocional y la sensación de adentrarte en lo desconocido.
Sin entrar en spoilers, hay ideas muy interesantes en su worldbuilding y algunos momentos que consiguen despertar cierta curiosidad genuina por comprender qué sucedió realmente en la Black Zone, pero el problema es que aunque el trasfondo funciona razonablemente bien, el juego no siempre consigue acompañarlo con una puesta en escena capaz de transmitir sensaciones.
Jugabilidad y mecánicas: supervivencia clásica con varias aristas
En cuando a lo jugable, Hollowbody entiende perfectamente cuáles deben ser los pilares fundamentales de un survival horror tradicional. La exploración ocupa el lugar central, la gestión de recursos tiene cierto peso, los objetos deben examinarse y combinarse, y los puzles forman una parte constante de la progresión.
Los puzles, sin ser excesivamente complejos, suelen estar bien integrados en el entorno. Desde buscar pistas escondidas en fotografías del escenario para descifrar el código de una caja fuerte hasta improvisar soluciones con un mecanismo eléctrico que permite activar el ascensor a la azotea, el diseño consigue ofrecer variedad suficiente para mantener el interés.
El juego, además, apenas lleva al jugador de la mano. Muchas veces toca observar bien todas las habitaciones y sus recovecos, revisar objetos y deducir por ti mismo a través de las descripciones o notas que te encuentras cuál es el siguiente paso. Eso sí, hay ocasiones en las que el desarrollador ha decidido recurrir a una especie de «pintura amarilla» encubierta, como por ejemplo cuando ves un radiador con una X gigante para que sepas que se puede mover para pasar por detrás de él.
También hay algunos detalles agradables para los aficionados al género, como una interfaz de inventario inspirada en Resident Evil o un mapa con estética cyberpunk retrofuturista, que resultan bastante atractivos y divertidos de utilizar.
Donde empiezan los problemas es en el combate. Las armas de fuego cumplen de forma aceptable, con un funcionamiento cercano a los survival horror clásicos y un autoapuntado funcional. El combate cuerpo a cuerpo, por el contrario, es claramente deficiente: los enemigos clipean con frecuencia, los impactos no transmiten precisión alguna y son frecuentes los golpes que fallan de forma absurda. Además, la IA de los enemigos es totalmente básica: puedes pasar corriendo a su lado y ni te intentan atacar ni te persiguen, y eso rompe muchísimo con la atmósfera de opresión y urgencia de este estilo de juego.
A ello hay que sumarle varios problemas de diseño que estropean la sensación de inmersión. Por ejemplo, durante el tutorial inicial, tienes que caminar al lado de un NPC y seguirle el ritmo mientras te habla, pero si te da por adelantarte y correr, el NPC desaparece y no puedes continuar, obligándote a cerrar el juego y empezar de nuevo.
Tampoco ayudan ciertos problemas con las opciones de configuración (como invertir la cámara o el cambio entre caminar y correr), que directamente no funcionan en los primeros compases del juego.
Apartado artístico: atmósfera interesante, ejecución inconsistente
Si algo deja claro Hollowbody desde los primeros minutos jugando es su amor por la estética de terror de principios de los años 2000. Entornos urbanos abandonados, decadencia por doquier, arquitectura hostil y una dirección artística que intenta capturar la incomodidad visual de los primeros Silent Hill clásicos.
El problema es que esto no es nada coherente en los escenarios del juego. En numerosas ocasiones da la impresión de que han utilizado assets externos y además colocados sin ton ni son, de forma completamente aleatoria por los escenarios: por ejemplo, podemos ver varias unidades exteriores de aires acondicionados en el interior de habitaciones, o un enorme bloque de división de carreteras que pesa varios cientos de kilos, dentro de una habitación en un segundo piso y encima de una mesa de madera. También hay assets «adaptados», como una gran esfera blanca que se ve claramente que es un balón de fútbol aumentado en tamaño al que le han «pintado» de blanco las zonas negras.
El juego intenta compensar todo esto recurriendo constantemente a zonas extremadamente oscuras, algo que podríamos pensar que es para reforzar la sensación de opresión ambiental, pero el problema es que en lugar de potenciar el miedo o la tensión, en demasiadas ocasiones la oscuridad lo único que hace es dificultar la lectura de los escenarios.
Otro problema recurrente es el de los «clipeos» con elementos del escenario. La cámara atraviesa los assets, que frecuentemente están huecos por dentro, y hace que veas unos dientes de sierra exagerados por doquier. Más rupturas de la inmersión.
Hay buenas intenciones detrás de la identidad visual del juego, pero rara vez alcanzan la capacidad atmosférica que tan necesaria es para un juego de este estilo.
Gráficos y rendimiento: demasiados tropiezos técnicos en PS5
En lo técnico, Hollowbody nos ha dejado una sensación bastante pobre en su versión de PS5. Por un lado, el rendimiento puro es bastante estable: hemos jugado a resolución 4K y en ningún momento ha habido caídas de frames o stuttering, aunque es cierto que para un juego que ocupa apenas 3.8 GB en la consola, los tiempos de carga son demasiado elevados. El verdadero problema aparece en el apartado de la estabilidad y el pulido general.
Los errores de clipeos son muy frecuentes, tanto con enemigos como con elementos del escenario como hemos mencionado antes, y esto no es sino una falta de refinamiento. Pero lo preocupante no es esto, sino los crasheos.
Durante una única partida de unas 4 horas, hemos sufrido tres cierres completos del juego sin venir a cuento. En un título en el que el guardado está ligado a hitos concretos y no permite guardar manualmente en cualquier momento, esto se convierte en un problema muy grave porque cada vez que sucede pierdes el progreso que hubieras hecho.
Y he de decir que es una lástima, porque detrás de todos estos problemas se aprecia una idea con personalidad e incluso ambición, pero el estado técnico de esta versión de consola termina perjudicando notablemente la experiencia.
Banda sonora y doblaje: buen trabajo sonoro, mala localización
En el apartado sonoro, Hollowbody cumple mejor que en otras áreas. La ambientación de audio contribuye a sostener el tono inquietante del juego y ayuda a reforzar esa sensación de decadencia tecnológica y horror existencial que busca transmitir.
El doblaje al inglés resulta bastante convincente y acompaña correctamente las escenas narrativas, algo importante en un juego de este tipo. Pero la cruz está en la localización al castellano, que parece haber sido realizada con un traductor automático y sin haber sido supervisada por un humano. Hay frases poco naturales, errores de adaptación y fragmentos que directamente aparecen sin traducir. Esto es un inequívoco síntoma de dejadez.
No es algo que arruine completamente la experiencia, pero sí que contribuye a pensar que no se le ha dado el mimo que se debería.
Precio: ajustado por duración, difícil de justificar por estado
Con una duración aproximada de 3 a 4 horas por partida según el desarrollador, Hollowbody se sitúa dentro de los estándares habituales independientes de corte clásico.
Su precio, de 15,99 euros en su lanzamiento, podría resultar razonable sobre el papel para una experiencia breve y centrada en la atmósfera y la narrativa. El problema es que el estado técnico de esta versión para consolas no cumple, los fallos de pulido y varias de las decisiones artísticas hacen complicado recomendarlo con demasiada convicción incluso dentro de este rango de precio.
Conclusión: buenas ideas atrapadas en una ejecución demasiado amateur
Hollowbody entiende perfectamente qué hace atractivo al survival horror clásico. Tiene referentes muy claros, una premisa interesante, buenas ideas narrativas y una estructura jugable que intenta recuperar muchas de las sensaciones de la vieja escuela. Pero comprender las bases del género no siempre basta para construir una buena experiencia.
La aventura de Mica deja constantemente la sensación de estar ante un proyecto con potencial pero demasiado limitado por problemas de pulido, con inconsistencias artísticas, secciones que parecen haber sido dejadas a medias o terminadas a toda prisa, un combate tosco y una estabilidad técnica impropia de un lanzamiento comercial en consola.
Que haya sido desarrollado por una única persona puede despertar cierta admiración desde el punto de vista creativo, pero al valorar el producto final resulta difícil ignorar la impresión de que estamos ante una obra hecha como proyecto de fin de carrera más que ante un juego comercial plenamente terminado.
Para los jugadores más devotos del terror clásico puede haber curiosidad suficiente como para asomarse a su propuesta distópica. Pero para el resto, probablemente convenga esperar a futuras actualizaciones que solucionen, al menos en parte, sus problemas.

