Hay juegos que dejan bastante claras sus influencias nada más empezar, y FOUNTAINS es uno de ellos. El proyecto de John Pywell toma elementos de Dark Souls, los mezcla con la exploración y la progresión propias de un metroidvania y lleva todo el conjunto a una perspectiva cenital con gráficos pixel art. No es precisamente una combinación nueva, pero funciona bastante bien y, sobre todo, consigue mantener el interés gracias a un mundo enorme, conectado de una forma muy inteligente y lleno de sitios en los que merece la pena desviarse del camino.
FOUNTAINS tampoco intenta competir con producciones mucho más grandes. Estamos ante el trabajo de un desarrollador independiente que ha preferido concentrar sus esfuerzos en el diseño del mundo, la exploración y el combate, dejando fuera muchas de las complicaciones que encontramos habitualmente en los RPG actuales. El resultado es un juego bastante directo que, pese a sus evidentes influencias, acaba encontrando un hueco propio.
Ahora tenemos también Shattered Shape, una expansión que continúa la aventura original y abre una nueva región al sur del Reino Único. En Xbox podemos comprar el juego base y el DLC por separado, o conseguir ambos contenidos dentro de la FOUNTAINS: Extended Edition.
Historia: descubrir qué ha pasado forma parte del viaje
La historia comienza en el Reino Único, un lugar extraño y decadente en el que la Fuente de la Juventud ocupa un papel central. Existe una profecía alrededor del Usurpador, el Ageless y la propia fuente, pero el juego no tiene ninguna prisa por explicarnos qué significa todo esto.
Nuestro personaje, una misteriosa figura encapuchada, comienza la aventura encerrado y prácticamente sin información sobre lo que ocurre a su alrededor. Después de escapar, tendremos que recorrer el reino y descubrir poco a poco qué está pasando y qué relación tenemos con esa profecía.
Aquí encontramos una de las influencias más evidentes de los Souls. FOUNTAINS no utiliza grandes secuencias cinemáticas ni interrumpe constantemente la partida para contarnos su historia. La información está repartida entre personajes, objetos, escenarios y pequeñas pistas que vamos encontrando mientras exploramos, así que entender todo lo que ocurre depende en buena medida de las ganas que tengamos de investigar.
Al principio puede resultar algo confuso, aunque encaja bastante bien con el tipo de aventura que propone. Gran parte del interés está precisamente en entrar en una zona sin saber demasiado sobre ella y terminar descubriendo qué ocurrió allí, quiénes son sus habitantes o por qué determinados lugares están en el estado en el que los encontramos.
Shattered Shape continúa directamente esta historia y nos lleva hasta las Vainlands, una zona situada al sur que lleva mucho tiempo abandonada por el resto del Reino Único. Una misteriosa llamada conduce a nuestro personaje hasta allí y sirve como punto de partida para seguir profundizando en la Profecía del Usurpador. No conviene contar mucho más porque buena parte de la gracia está precisamente en descubrirlo mientras avanzamos.
Jugabilidad: Paciencia, esquivas y muchos caminos por descubrir
FOUNTAINS utiliza una base que cualquiera que haya jugado a un soulslike reconocerá inmediatamente. Tenemos una barra de resistencia que debemos administrar durante los enfrentamientos, ataques que nos obligan a comprometernos con cada movimiento, esquivas y enemigos capaces de hacernos bastante daño si nos empeñamos en atacar sin prestar atención a lo que están haciendo.
Los primeros enemigos sirven para aprender rápidamente la lección. Podemos entrar dando espadazos sin pensar, pero lo más probable es que terminemos recibiendo varios golpes a cambio. Funciona mucho mejor mantener la distancia, esperar el ataque, esquivar y aprovechar el momento en el que el enemigo queda expuesto. Es una dinámica sencilla, pero suficientemente ágil como para que los combates normales no terminen convirtiéndose en un trámite entre una zona y otra.
Las fuentes repartidas por el escenario actúan como puntos de descanso y control. Recuperarnos en ellas también devuelve a los enemigos derrotados al mapa, así que avanzar supone valorar constantemente si nos interesa seguir adelante o volver atrás para asegurar el progreso. Morir también tiene castigo, ya que perdemos parte del dinero que llevábamos encima.
FOUNTAINS no tiene un sistema de combate especialmente complejo y tampoco parece necesitarlo. Lo que hace, lo hace bien: los controles responden, las esquivas tienen importancia y aprender los patrones enemigos marca una diferencia enorme. A medida que conseguimos nuevo equipo aparecen además más posibilidades, aunque nunca llega a convertirse en uno de esos RPG en los que pasamos más tiempo mirando estadísticas que jugando.
El Reino Único es un enorme laberinto
El mapa está construido como una gran mazmorra interconectada. Podemos caminar durante bastante tiempo, atravesar varias zonas, abrir una puerta y descubrir que acabamos de crear un atajo hacia un lugar por el que habíamos pasado mucho antes. Es uno de esos pequeños momentos que funcionan especialmente bien en este tipo de juegos porque, de repente, una parte del escenario que parecía independiente encaja dentro del conjunto.
También encontramos caminos bloqueados, secretos, pequeñas mazmorras y lugares a los que inicialmente no podemos acceder. Conseguir determinadas habilidades permite regresar a zonas anteriores y descubrir nuevos recorridos, por lo que aquí el componente metroidvania tiene bastante más peso que una simple etiqueta en la descripción del juego.
Explorar suele compensar. Apartarnos del recorrido evidente puede llevarnos hasta una mejora, una pieza de equipo o simplemente otro camino que termina conectando dos partes del mapa. FOUNTAINS consigue que tengamos curiosidad por saber qué hay detrás de una esquina y esa es probablemente una de sus mayores virtudes.
El problema es que el propio mapa no está a la altura del diseño del mundo. Resulta bastante pobre a la hora de representar determinados caminos y alturas, y cuando llevamos un rato entrando y saliendo de zonas es fácil perder la referencia de dónde estamos o qué camino nos queda por comprobar. No creemos que el juego necesite llevarnos de la mano con una línea en el suelo, pero sí le habría venido bien una representación algo más clara del escenario.
En más de una ocasión podemos terminar dando una vuelta considerable simplemente porque no hemos interpretado correctamente el mapa. Al menos, conocer poco a poco el Reino Único hace que este problema vaya disminuyendo según avanzamos y empezamos a recordar sus principales conexiones.
También encontramos el clásico sistema de mensajes que popularizaron los Souls. Podemos dejar indicaciones para otros jugadores y encontrarnos las suyas durante la aventura. Como era de esperar, algunas resultan realmente útiles para localizar secretos o advertir de un peligro y otras están ahí simplemente para gastarnos una broma.
Los jefes ponen a prueba todo lo aprendido
Los jefes siguen exactamente la misma filosofía que los enemigos normales, aunque llevada bastante más lejos. No basta con llegar bien equipado y empezar a atacar: hay que dedicar unos cuantos intentos a entender los movimientos, descubrir cuándo podemos acercarnos y saber cuándo conviene olvidarnos de hacer daño y limitarnos a sobrevivir.
En general, son enfrentamientos bastante entretenidos y algunos cuentan además con escenarios y diseños especialmente cuidados. La dificultad suele sentirse razonable porque cada derrota nos permite aprender algo nuevo, aunque el equilibrio no se mantiene igual de bien durante toda la aventura.
Hay peleas en las que la barra de vida o determinados ataques hacen que el enfrentamiento se alargue más de lo que nos gustaría. Esto se nota especialmente hacia la parte final, cuando el margen para cometer errores se reduce y algunos combates requieren bastante paciencia. No llega a estropear el conjunto, pero sí rompe un poco con el buen ritmo que mantiene buena parte del juego.
Al menos contamos con opciones para ajustar la dificultad, algo que agradecemos en un título que también tiene mucho que ofrecer a quienes estén más interesados en explorar que en repetir un jefe una y otra vez.
Shattered Shape amplía el juego sin intentar cambiarlo
Shattered Shape está planteado como una expansión de FOUNTAINS en el sentido más tradicional del término. No cambia sus sistemas principales ni pretende darle la vuelta a la fórmula, sino que añade otra región al mundo existente y utiliza las mismas bases para ofrecernos nuevos lugares que explorar.
Las Vainlands encajan bien con esta idea. Es una región situada al sur del Reino Único que lleva mucho tiempo abandonada y que introduce sus propias mazmorras, secretos y enemigos. La expansión también incorpora nuevo equipamiento, incluyendo espadas mágicas, herramientas que podemos utilizar contra los enemigos y nuevos conjuntos de armadura.
Lo importante es que no se siente como un añadido completamente separado del resto. Shattered Shape continúa la Profecía del Usurpador y aprovecha la estructura interconectada del juego para ampliar una aventura que ya estaba muy centrada en descubrir nuevos caminos.
Quien espere que el DLC solucione las partes más discutibles de FOUNTAINS o transforme su combate no lo va a encontrar aquí. Sigue siendo el mismo juego, con sus virtudes y sus defectos, solo que ahora tenemos más territorio que recorrer y más cosas que encontrar. Teniendo en cuenta que la exploración es precisamente uno de sus mejores apartados, es una ampliación que tiene bastante sentido.
Gráficos y rendimiento: el pixel art le sienta especialmente bien
FOUNTAINS utiliza pixel art y una perspectiva cenital que inevitablemente recuerdan a otros juegos independientes del género, pero consigue crear una identidad visual bastante reconocible gracias al diseño de sus escenarios.
Las distintas regiones cambian suficientemente de aspecto como para que podamos identificarlas rápidamente. Hay zonas dominadas por el agua y la vegetación, interiores mucho más oscuros, ruinas y lugares bastante más desagradables, y todo mantiene una estética coherente pese a las diferencias entre unos escenarios y otros.
Los jefes son probablemente los que mejor aprovechan este apartado. Sus diseños tienen bastante personalidad y las animaciones cumplen una función importante durante los combates, ya que buena parte de nuestra supervivencia depende de reconocer qué movimiento está preparando el enemigo.
No es un juego que necesite grandes efectos para resultar atractivo. El uso de la iluminación, los colores y los pequeños detalles del escenario consigue que el mundo resulte agradable de explorar incluso después de haber pasado varias veces por una misma región.
En Xbox el rendimiento tampoco se convierte en una preocupación. Es un juego técnicamente modesto y se mueve con la estabilidad que esperamos de una producción de estas características, algo especialmente importante porque cualquier problema de respuesta durante una esquiva sería mucho más grave aquí que una pequeña imperfección visual. Durante la partida, el control mantiene la precisión que necesita el sistema de combate y no hemos encontrado nada que nos haya impedido disfrutar con normalidad de la aventura.
Audio: acompaña bien, aunque no es lo que más vamos a recordar
El sonido mantiene el tono discreto del resto del apartado técnico. La música ayuda a crear ambiente durante la exploración y gana presencia cuando llegamos a determinados enfrentamientos, pero rara vez intenta ponerse por delante de lo que está ocurriendo en pantalla.
Los efectos son bastante más importantes durante el combate. Los impactos, ataques y sonidos de los enemigos complementan las animaciones y ayudan a leer lo que está pasando cuando tenemos varias amenazas alrededor. El resultado funciona bien, aunque probablemente sea uno de los apartados menos memorables del conjunto.
No encontramos aquí una banda sonora que vaya a ser el principal motivo para recordar FOUNTAINS dentro de unos meses, pero tampoco creemos que le haga falta. Cumple con su cometido, acompaña correctamente la ambientación y deja el protagonismo al diseño visual y a la exploración.
Precio: la Extended Edition es la mejor forma de entrar en FOUNTAINS
FOUNTAINS: Extended Edition tiene un precio oficial de 19,99 euros en Xbox e incluye tanto el juego principal como la expansión Shattered Shape. Además, es compatible con Xbox Play Anywhere, por lo que podemos utilizar la misma compra en Xbox Series X|S y PC. Es un precio bastante fácil de justificar teniendo en cuenta lo que incluye. El juego principal ya ofrece un mundo amplio, muchos secretos, jefes y bastante contenido opcional, mientras que Shattered Shape añade otra región con sus propias mazmorras, enemigos y equipamiento.
Para alguien que ya tenga FOUNTAINS, el interés de la expansión dependerá evidentemente de las ganas que tenga de seguir recorriendo el Reino Único. No cambia radicalmente la experiencia, así que quien terminara cansado de su combate o de sus problemas de orientación difícilmente va a cambiar de opinión con el DLC.
La situación es bastante distinta para quien llegue por primera vez. En ese caso, la Extended Edition reúne la aventura y su ampliación en un único paquete y, por 19,99 euros, nos parece una propuesta muy razonable.
Conclusión: un soulslike pequeño al que merece la pena darle una oportunidad
FOUNTAINS nos ha gustado especialmente por algo que parece sencillo, pero que no todos los juegos de este tipo consiguen: explorar resulta divertido. El Reino Único está diseñado para que tengamos constantemente la sensación de que nos queda algún camino por comprobar, una puerta que antes no podíamos abrir o una zona a la que quizá podamos llegar ahora con nuestras nuevas habilidades.
El combate acompaña bien a esa exploración. Es exigente sin complicarse con demasiados sistemas y obliga a aprender los movimientos de los enemigos antes de lanzarnos a atacar. Los jefes llevan esta idea bastante más lejos y, aunque algunos terminan siendo más pesados de lo necesario, superar una pelea después de varios intentos sigue dejando esa satisfacción que buscamos cuando jugamos a un soulslike.
Sus defectos tampoco son difíciles de localizar. El mapa debería ser mucho mejor teniendo en cuenta lo importante que resulta orientarse, algunos enfrentamientos rompen el equilibrio de dificultad y no vamos a encontrar demasiadas ideas que no hayamos visto anteriormente en otros juegos. Lo que salva al conjunto es lo bien que encajan esas piezas cuando empezamos a movernos con soltura por su mundo.
Shattered Shape amplía precisamente la parte que más nos ha gustado. Las Vainlands añaden otra zona para explorar, nuevos enemigos y más equipo mientras continúan la historia del juego original, sin intentar convertir FOUNTAINS en algo diferente.
No estamos ante el soulslike más grande ni el más complejo del mercado, pero tampoco pretende serlo. Es una aventura independiente muy cuidada, con un pixel art que entra muy bien por los ojos y un mundo que merece la pena recorrer con calma. Si nos gustan los soulslike, los metroidvania y especialmente esa sensación de descubrir un atajo que conecta dos zonas que creíamos completamente separadas, FOUNTAINS: Extended Edition es muy fácil de recomendar por los 19,99 euros que cuesta.

