Las tarjetas gráficas, al igual que todos los demás componentes de un PC, son obras de ingeniería que llevan una gran cantidad de trabajo detrás. Y uno de los aspectos en los que más han invertido las grandes compañías tiene que ver con la disipación de temperaturas, esto mezcla un disipador con ventiladores y un backplate para reducir el calor que generan, pero este último también tiene versiones activas.
Cuando una persona ve por primera vez una tarjeta gráfica es normal que se pregunte qué es cada una de las partes que estas tienen. Este componente está construido con cuatro piezas que se encuentran en prácticamente todos los modelos, estos son los ventiladores, el disipador, la propia placa y el backplate. La placa es el único sistema que no está creado para refrigeración de estas cuatro piezas, ya que es el PCB encargado de interconectar todo lo que compone una gráfica como es el caso de la GPU, la VRAM, los condensadores y demás.
El backplate por su parte es (como su nombre indica) la placa que tiene este componente en la parte trasera. En un principio puede parecer un detalle estético para ocultar el PCB, pero realmente va mucho más allá ya que se trata de un sistema de refrigeración pasiva. Estas placas suelen incorporar una combinación de heatpipes con thermal pads para refrigerar las piezas de una gráfica desde la parte trasera de forma pasiva, pero también hay versiones activas.
Qué es un backplate activo para las tarjetas gráficas
Tal y como hemos comentado anteriormente, el backplate que incorpora una gráfica tiene como objetivo refrigerar de forma pasiva ciertas piezas de la misma, pero a su vez podemos encontrar en el mercado una serie de modelos que se venden como sistemas universales compatibles con cualquier modelo y que tienen como objetivo transformar esta refrigeración pasiva en activa. Realmente son productos bastante simples, cuentan con una estructura de aluminio que incorpora una serie de ventiladores adicionales y un gran thermal pad para situarlo en la parte trasera de la placa.
El objetivo está en conseguir que el thermal pad transfiera gran parte del calor que genera la parte trasera de la gráfica al backplate, de esta forma los ventiladores actúan a la hora de enfriar dicha placa reduciendo la temperatura general de la gráfica. Pero el problema está en que estos dispositivos no pueden ser realmente universales, ya que cada ensamblador utiliza una variante distinta para sus gráficas. Hay algunos que utilizan un backplate más elevado o que ofrece un método de disipación en el que se deja la parte trasera de la GPU al descubierto ya que favorece en gran medida el flujo de aire y reduce las temperaturas, lo que hace complicado instalar un modelo activo ya que eliminaría este factor.
Por qué este tipo de dispositivos no se utilizan
Además del motivo por el que hemos explicado relacionado con los problemas de compatibilidad, este tipo de sistemas tienen más problemas. El principal fallo que encontramos está en que la mayoría de las gráficas están creadas para funcionar con una temperatura de hasta 95 grados en el hotspot, pero resulta muy complicado que lleguen a alcanzar estas temperaturas en una configuración con un flujo de aire optimizado, incluso si hablamos de una RTX 5090. Tal y como demuestra el YouTuber JayzTwoCents, este tipo de sistemas no representan un cambio real a la hora de ganar rendimiento en un PC.
Las diferencias de temperatura que hay en una RTX 4090 tan solo son inferiores en 2 grados tanto en el hotspot como en la gráfica en general, pero no existe una mejora en la frecuencia del reloj. Una reducción de 2°C en el hotspot es, en la práctica, marginal. No es suficiente para evitar el thermal throttling ni para permitir que los algoritmos de boost de NVIDIA (GPU Boost) sostengan frecuencias más altas de forma apreciable (la ganancia es de apenas 5 MHz, un 0.18%). Para observar un impacto real en el rendimiento, se necesitarían reducciones superiores a 8-10°C.
En resumen, la relación coste-beneficio de un backplate activo es extremadamente desfavorable. La inversión económica y el esfuerzo de instalación se traducen en una mejora térmica marginal (<3%) que no tiene ningún impacto tangible en el rendimiento o la longevidad del componente, haciendo que alternativas gratuitas como el ajuste de la curva de ventilación sean órdenes de magnitud más efectivas.
Alternativas que sí funcionan para bajar la temperatura de tu gráfica
A la hora de reducir el calor que generan los componentes de PC hay soluciones mucho más óptimas que gastar dinero en un recurso que tan solo ofrece 2 grados más, siendo además susceptible a diversos errores dependiendo del modelo al que se le aplique.
- Optimización del flujo de aire en la caja: El flujo de aire que tiene una caja permite mantener unas temperaturas mucho más estables, siendo una de las partes fundamentales a la hora de montar un PC.
- Ajuste de la curva de ventilación: Herramientas como MSI Afterburner permiten crear curvas de ventilación que permiten activar la velocidad máxima de los ventiladores para eliminar gran parte del calor que se concentra en la gráfica únicamente cuando alcanza temperaturas extremas.
- Undervolting de la GPU: Aplicar un undervolt sobre la GPU consigue que esta funcione a menor frecuencia, pero a su vez también genera menos calor por lo que puede suponer una mejora de rendimiento al evitar problemas como el Thermal Throttling.
- Renovación de pasta térmica y thermal pads: El detalle más claro a tener en cuenta al igual que sucede con los procesadores está en la necesidad de cambiar tanto la pasta térmica como los thermal pads de la gráfica, ambos se secan y hacen que tenga peor refrigeración. Es recomendable cambiar la pasta térmica como mínimo una vez cada dos años, los thermal pads por su parte depende de qué componente cubran, ya que los de la VRAM suelen secarse más rápido que otros, la idea estaría en hacer un mantenimiento general cada año y medio o dos años.
