En la cada vez más compleja industria del videojuego, la etiqueta «Doble A» o «AA» define a aquellos títulos que ocupan un lugar intermedio entre los humildes proyectos indie y las colosales superproducciones de estudios que todos conocemos. No cuentan con los cientos de millones de dólares ni con equipos de miles de personas, pero su factura técnica sigue siendo envidiable.
Los juegos AA se caracterizan por tener un presupuesto que oscila entre los 5 y los 20 millones de dólares. Y permite que un equipo de trabajo medio (entre unas 30-100 personas) pueda centrarse en la innovación jugable sin la presión de recuperar una inversión gigante.
Al no estar obligados a seguir fórmulas repetitivas y seguras (al menos financieramente) de los grandes estudios, los doble A arriesgan mucho más en sus mecánicas y ambientaciones. Algo que precisamente comparte con los indies. Y se convierte en el verdadero motor creativo de la industria actual. Por lo que vamos a repasar alguno de los ejemplos más icónicos que han podido llegar a nuestras manos.
Pilares de un videojuego AA
Un videojuego AA se puede definir como un proyecto desarrollado por un estudio mediano con el respaldo de distribuidoras especializadas que buscan rentabilidad a través de la calidad y la diferenciación. Por lo que suelen tener, a grandes rasgos, enfoques distintos al triple A: experiencias más directas, a veces lineales y evitando un relleno innecesario de mundos abiertos gigantescos. Esto se debe a que los recursos los destinan a lo verdaderamente importante: un sistema de combate pulido, una narrativa envolvente o mecánicas únicas que solo encontramos en ese juego.
Al ser más ligeros que un triple A, estos juegos se desarrollan a mayor velocidad, con tiempos de desarrollo más cortos, y pueden experimentar con géneros de nicho que las grandes compañías no consideran rentables. De hecho, su foco no es vender 20 millones de copias para ser exitosos. Con vender un par de millones ya pueden asegurarse beneficios para sus próximos proyectos. Esta ligereza financiera les permite escuchar más a su comunidad y adaptarse rápidamente a las tendencias del mercado. Por eso, precisamente, ofrecen productos terminados y coherentes que respetan la inteligencia del jugador. Podríamos compararlo con la «clase media» del desarrollo de videojuegos, que es esencial para mantener la diversidad y, sobre todo, la salud del sector.
Ejemplos famosos de juegos Doble A
Para entender de manera más concreta lo que supone este mercado, solo tenemos que echar un vistazo a los títulos que han logrado hacerse un hueco por su propia calidad año a año. Grandes lanzamientos que han arrollado gracias a una personalidad cautivadora. Sin irnos más lejos, Lies of P es un ejemplo de cómo avanzar dentro del género «soulslike» con una calidad visual y jugable soberbia. Pero con un equipo mucho más pequeño que el gigante de FromSoftware.
Otro caso de éxito apabullante es el de Hellblade: Senua’s Sacrifice. Este título demostró que podía ofrecer una experiencia cinematográfica de primer nivel enfocándose en la salud mental de la protagonista, pero con un presupuesto contenido. De hecho, títulos como A Plague Tale: Requiem o Banishers: Ghost of New Eden persiguen esa misma senda de buen hacer con presupuestos más discretos.
Hablamos de historias con una carga emocional profunda y unos acabados técnicos que nada tienen que encidiar a superproducciones de 80 euros. Incluso fenómenos como Helldivers II comenzó bajo este mismo paraguas. Y rápidamente se alzó como uno de los mejores juegos online del año. Todo gracias a un precio de salida más ajustado y una jugabilidad adictiva, donde la diversión cooperativa se prioriza sobre los sistemas de monetización agresivos.
Y no podríamos acabar este recopilatorio sin nombrar a los dos mejores juegos recientes de este sector. Diferentes, pero igualmente obras maestras: Expedition 33 y Kingdom Come: Deliverance 2.
