La inteligencia artificial se está colando en todos los dispositivos que tenemos en casa: nuestros móviles, portátiles, televisores, altavoces y un número cada vez más extenso de gadgets que cuentan con funciones inteligentes. Pero esta novedad no siempre se traduce en una aceptación absoluta. Y así lo explica el informe de Connected Intelligence de Circana.
Este estudio pone cifras a una sensación que muchos usuarios ya tienen en el día a día: un 35% de los consumidores no quieren funciones de IA en sus dispositivos. Según Circana, el 86% de los consumidores mayores de edad en EE. UU. dice estar al tanto de las novedades de IA en smartphone y demás dispositivos, pero un 35% de los mismos no están interesados en contar con estos avances en los mismos.
Pero lo que más llama la atención es el motivo de ello: piensan que sus dispositivos actuales ya hacen lo que precisamente quieren. Y a ello hemos de sumar una de las principales preocupaciones en este sector: el 59% de los que la rechazan cita que les preocupa la privacidad, y el 43% no quiere pagar por mayores capacidades de IA.
Por qué un 35% de usuarios rechaza la IA
El primer «freno» es el que aboga por la utilidad. Si el usuario siente que su PC o su móvil ya cumplen con sus funciones, la IA se percibe como un mero añadido «bonito», no como una necesidad que cambie la forma de interactuar con la tecnología. De hecho, la propia analista de Circana, Sara Rosenman, lo resume como un «nice to have» (añadido genial) más que como un factor decisivo para su compra.
El segundo freno de los dispositivos con IA es la confianza. El 59% de los encuestados mencionan que les preocupa la privacidad. No creen que las funciones de IA sean malas, pero sí que les preocupa los datos que toca, dónde se procesan y quiénes los ven. En hardware, esto supone dudas muy concretas: ¿esta función escucha más de la cuenta? ¿Se están enviando estos datos a la nube? Si no hay una respuesta clara por parte de las compañías, la prudencia sigue siendo el mejor aliado de muchos usuarios.
Por último, otro factor en contra es el precio. Precisamente, el 43% no quiere pagar más. El problema no es el coste del chip o el software necesario, sino del valor percibido por los consumidores. Si el marketing habla de «IA» pero el usuario no ve una mejora factible (más batería, mejores fotos o menos trabajo), la sensación final es que las compañías están cobrando por «humo».
| Indicador | Valor | Grupo de Referencia |
|---|---|---|
| Conocimiento general de la IA | 86% | Consumidores adultos en EE.UU. |
| Rechazo a funciones de IA | 35% | Total de encuestados |
| Principal motivo: Preocupación por la privacidad | 59% | Dentro del grupo que rechaza la IA |
| Segundo motivo: No quieren pagar más | 43% | Dentro del grupo que rechaza la IA |
| Interés en IA en smartphones | 82% | Grupo de edad de 18 a 24 años |
Qué supone para el hardware
El informe de Circana también apunta que, entre quienes sí conocen la IA, un 65% sí están interesados en sus funciones en al menos un dispositivo. Especialmente en los smartphones. Este interés sube hasta el 82% en el grupo de edad de los 18 a los 24 años, y va disminuyendo con la edad. Una tendencia que encaja con las nuevas funciones de consumo.
Circana señala que los smartphones son los dispositivos con los que más se usa la IA, especialmente por comandos de voz. Y cita usos como poner música, buscar respuestas rápidas o prepararse para el día buscando información. Incluso también mencionan que los que tienen un frigorífico inteligente usan controles de voz en el dispositivo.
Visto el escenario, la lectura para las marcas es muy clara: si quieren que la IA sea un argumento definitivo de compra, deben venderla como un beneficio exclusivo, no como un producto más. Y para el usuario, también hay una conclusión práctica: la IA integrada puede ser útil, pero solo bajo ciertas condiciones: que cumpla una función de utilidad diaria, que dispongamos de su control absoluto y, más importante aún, con plenas garantías de privacidad.
