El avance del hardware para PC nunca se detiene. Y el modelo PCIe 5.0 se ha consolidado como la interfaz de referencia en las placas base de gama alta. De hecho, cuenta con el doble de ancho de gama que su predecesor.
Esta tecnología nos promete unas velocidades de vértigo que, sobre el papel, deberían marcar una gran diferencia a la hora de jugar para siempre. Pero no siempre la potencia desmedida se traduce en una mejora tangible dentro de los videojuegos. De hecho, es posible que estemos, en ciertas ocasiones, ante un nuevo caso de marketing, por encima de la utilidad real.
Al analizar el rendimiento de las tarjetas gráficas más potentes, como la serie RTX 50 de NVIDIA, o los SSD más rápidos del mercado, los resultados son sorprendentes, y pueden ahorrar mucho dinero al usuario medio. Por lo que, en este artículo, vamos a desglosar las diferencias técnicas entre PCIe 4.0 y 5.0, y evaluaremos si el coste extra de actualizar la placa base y el procesador está justificado siempre.
El impacto en tarjetas gráficas de última generación
A pesar de que las tarjetas gráficas más potentes de este año (como la RTX 5090) ya son compatibles de forma nativa con PCIe 5.0, las pruebas de rendimiento demuestran que el ancho de banda del PCIe 4.0 sigue siendo más que suficiente para jugar. En la mayoría de juegos de gran presupuesto que se ejecutan a resolución 4K nativa, la diferencia de rendimiento entre usar una ranura de 4.ª o 5.ª generación es prácticamente inapreciable para nuestro ojo. De hecho, normalmente se sitúa por debajo del 2% de fotogramas por segundo de media.
Incluso en escenarios donde se requiere una alta carga gráfica, con trazado de rayos incluido, el bus de datos de la generación 4.ª no llega a saturarse de manera que penalice al juego de manera drástica. Esto sucede porque la arquitectura de las gráficas está diseñada para optimizar el uso de su propia memoria VRAM antes de depender del bus de comunicación con el procesador del sistema. Por lo tanto, si eres un jugador cuyo objetivo es maximizar los fotogramas por segundo, hacerte con una plataforma PCIe 5.0 no va a suponer un salto cualitativo que justifique el cambio de los componentes internos. Eso sí, siempre que ya tengas un sistema equilibrado basado en PCIe 4.0.
Almacenamiento SSD y tiempos de carga
Si nos fijamos en el almacenamiento digital, los SSD PCIe 5.0 han logrado alcanzar velocidades de lectura que superan los 14 gigabytes por segundo. Lo que duplica lo que ofrecían los mejores discos de la generación pasada en sus pruebas sintéticas. Unas cifras que son impresionantes para mover archivos pesados o para tareas de edición de vídeo en alta resolución. Sin embargo, su impacto en el rendimiento de los juegos se puede considerar más modesto de lo que sugieren los anuncios.
De hecho, gracias a tecnologías de Microsoft, como DirectStorage, los tiempos de carga se han reducido para casi todas las plataformas. Pero la diferencia entre un SSD PCIe 4.0 de gama alta y uno de 5.ª generación suele ser de apenas uno o dos segundos en la mayoría de lanzamientos del mercado. Los verdaderos factores que influyen directamente en la velocidad son el motor gráfico del juego y la capacidad de descompresión de datos del procesador, mucho antes que la rapidez del bus PCIe del sistema. Precisamente, por este motivo, aunque el 5.0 ofrece un mayor margen de cara al largo plazo, el PCIe 4.0 se mantiene como la opción más equilibrada actualmente en términos de coste por cada GB de espacio. Para la mayoría de configuraciones actuales, la estabilidad y el calor contenido de los 4.0 compensan con creces la mínima ganancia de tiempo en gaming de la quinta generación.
¿Merece la pena dar el salto a PCIe 5.0 para jugar?
Si tu idea es montar un PC desde cero, apostar por PCIe 5.0 puede tener sentido, sobre todo si la diferencia de precio no es demasiado grande. Al fin y al cabo, es una plataforma más preparada para los componentes que irán llegando en los próximos años, así que te aseguras una mayor vida útil sin tener que volver a actualizar tan pronto.
Otra cosa muy distinta es cambiar un equipo que ya funciona perfectamente con PCIe 4.0. En ese caso, la mejora que vas a notar jugando es tan pequeña que cuesta justificar el gasto. Al final, para dar el salto tendrías que cambiar varios componentes, y ese dinero probablemente te aporte mucho más si lo inviertes en una gráfica mejor, un procesador más potente o incluso un monitor de mayor calidad.
También conviene pensar en el uso que le das al ordenador. Si, además de jugar, trabajas editando vídeo, renderizando escenas en 3D o moviendo archivos muy pesados todos los días, PCIe 5.0 sí puede ofrecer ventajas interesantes. Pero si el PC está pensado principalmente para echar unas partidas, PCIe 4.0 sigue siendo una opción excelente. Hoy por hoy ofrece un rendimiento muy alto, cuesta menos y, lo más importante, no supone ninguna desventaja real en la mayoría de juegos actuales.
