Una de las ventajas que ofrece un PC de sobremesa en comparación con un portátil es la posibilidad de modificar sus componentes para mejorar su funcionamiento y/o rendimiento. Si tenemos un PC antiguo que utilizamos para jugar, y la economía que podemos destinar a mejorarlo es limitada, con cambiar la tarjeta gráfica debería ser suficiente.
Cuando decimos debería es porque muchos usuarios piensan que tan solo cambiar la gráfica, el equipo mejorará considerablemente el rendimiento en videojuegos. Sin embargo, la realidad es bien distinta, ya que no todo depende de la GPU.
El problema del cuello de botella
A la hora de montar un PC, debemos elegir componentes, especialmente la CPU y GPU que no generen cuello de botella, es decir que uno de estos no procese información de forma tan rápida que la contraparte no sea capaz de interpretar a la misma velocidad, limitando así el rendimiento del sistema.
En videojuegos, la CPU se encarga de ejecutar el juego y enviar las instrucciones a la GPU para que la procese. Si tenemos una CPU antigua, de más de 6-7 años, por ejemplo, esta no podrá procesar la información lo suficientemente rápido como para que la GPU de última generación puede mantenerse ocupada.
En estos casos, el sistema funcionará al mismo rendimiento del componente más lento que, en este caso sería la CPU. Como podemos ver, el rendimiento gráfico de una GPU va de la mano de la CPU. Pero no exclusivamente, ya que la versión de PCIe de la placa y la cantidad de memoria RAM también incluyen en el rendimiento de la GPU.
Si contamos con una CPU de gama media alta de hace 2 o 3 generaciones, cambiar la GPU si supondrá una importante mejora en el rendimiento siempre y cuando también contemos con suficiente memoria RAM.
Si cambiamos la gráfica únicamente de un PC antiguo manteniendo la CPU, notaremos cierta mejoría especialmente si la gráfica que teníamos hasta entonces era muy antigua y un mayor número de FPS, sin embargo, nunca vamos a sacarle todo el partido hasta que actualicemos la CPU, ya que es el eslabón más débil de la cadena.
Cómo saber si tenemos cuello de botella
En Internet podemos encontrar varias calculadoras que nos permite conocer si una determinada configuración de hardware genera cuello de botella. También podemos utilizar la aplicación MSI Afterburner para comprobarlo.
Si el uso de la CPU se sitúa entre el 90 y 100% y del de la gráfica se sitúa entre un 40-60%, significa que la configuración sufre de cuello de botella.
Cuando el equipo muestra un número de FPS inferior a lo esperado, si sufrimos de suttering o sufrimos cambios drásticos de FPS, son otros síntomas inequívocos de que la combinación de CPU y GPU no es la mejor y que el equipo está sufriendo cuello de botella.
¿Cuándo merece la pena?
Si queremos utilizar un PC viejo para jugar, debemos comprobar la compatibilidad de la CPU y de la placa base para encontrar una gráfica antigua, que se adapte el hardware y no genere cuello de botella. Comprar una gráfica de última generación sin actualizar el resto del hardware generará cuello de botella y, aunque notemos cierta mejoría, nunca vamos a sacarle toda la potencia que sea capaz de ofrecer.
