Hace ya cerca de tres meses que decidí cambiar mi plataforma Intel de gama alta, con un Core Ultra 9 285K, por una plataforma AMD un poco más humilde pero potenciada por un AMD Ryzen 7 9800X3D, el procesador favorito de los gamers. En este artículo, os cuento mi experiencia personal al respecto y si es algo que ha merecido o no la pena.
Generalmente, un cambio de PC o plataforma suele venir motivado por una actualización necesaria en términos de rendimiento, pero en mi caso simplemente me surgió la oportunidad de cambiar un PC Intel de altas prestaciones por uno un poco más modesto, pero equipado con el Ryzen 7 9800X3D del que tanto se habla. Vaya por delante que el procesador lo compré yo de mi bolsillo, AMD en ningún momento nos ofreció enviárnoslo para realizar review o pruebas de ningún tipo.
Hardware y uso del equipo
A la hora de armar un PC, la elección de componentes depende (o debe depender si hacemos la configuración de forma racional) mucho del uso que se le vaya a dar al equipo; en mi caso, utilizo el PC tanto para trabajar como para jugar, y en el ámbito del trabajo utilizo programas relativamente pesados como Photoshop y Lightroom, por lo que una gran cantidad de RAM y un SSD rápido son fundamentales, pero también lo es la potencia de renderizado del procesador, ya que tengo que manejar en muchas ocasiones grandes cantidades de imágenes en formato RAW muy pesadas (del orden de 30 MB por foto).
En cuanto a los juegos, generalmente suelo jugar a Black Desert Online, EVE Online, Baldur’s Gate 3 y, en menor medida, algunos «juegos de moda» simplemente por probarlos.
El PC personal se basa bastante en la configuración que hicimos con los componentes de NZXT presentados en Computex 2025 pero modificado para adecuarse a mis necesidades y preferencias. Consiste en el siguiente hardware:
| Elemento | Componente |
|---|---|
| Procesador | AMD Ryzen 7 9800X3D |
| Placa base | NZXT N9 X870E |
| Memoria RAM | 2x32 GB G.Skill Ripjaws S5 DDR5-6.000 MHz |
| Almacenamiento | TeamGroup GE PRO 2 TB PCIe 5.0 |
| Tarjeta gráfica | NVIDIA GeForce RTX 5080 Founders Edition |
| Fuente de alimentación | Corsair HX1200i |
| Caja | Corsair Frame 5000D |
| Disipador | Corsair Titan 420 RX RGB |
| Ventiladores adicionales | NZXT F420 RGB Core (3x140 mm) |
Aunque no es el PC más potente del mundo, para mi me da un equilibrio excelente de prestaciones para trabajar y jugar en el mismo equipo, con un sólido nivel de refrigeración, la posibilidad de apagar todo el RGB (salvo el de la gráfica, por desgracia) ya que me suele molestar, y con un bajísimo nivel de ruido, algo que es fundamental para mi ya que tengo la caja a unos 80 cm de mi y para trabajar me gusta estar en absoluto silencio.
Experiencia de uso con el Ryzen 7 9800X3D
Antes de contaros la experiencia de uso, es de rigor comparar aunque sea por encima las prestaciones de lo que tenía antes con lo que tengo ahora. Elementos como la placa base no influyen mucho en el rendimiento (aunque sí en la conectividad) al igual que la caja, el disipador o los ventiladores siempre y cuando no se produzca Thermal Throttling. Otros elementos como la gráfica o la RAM son exactamente los mismos que tenía en la plataforma Intel, por lo que realmente lo único que influye en el cambio ha sido el cambio de procesador y el haber pasado de un SSD PCIe 4 a un PCIe 5.
Así pues, aquí tenéis una comparativa técnica entre los procesadores, el Intel y el AMD.
| Intel Core Ultra 9 285K | AMD Ryzen 7 9800X3D | |
|---|---|---|
| Arquitectura | Intel Core Ultra (Arrow Lake-S) | Zen 5 con 3D V-Cache |
| Núcleos / Hilos | 24 (8P + 16E) / 24 | 8 / 16 |
| Frecuencia Base | 3.4 GHz (P-cores) / 2.5 GHz (E-cores) | 4.7 GHz |
| Frecuencia Turbo | Hasta 5.7 GHz | Hasta 5.2 GHz |
| Cache L2 + L3 | 36 MB (L3) + 32 MB (L2) | 8 MB (L2) + 104 MB (L3, con 3D V-Cache) |
| TDP | 125W (Base) / 253W (Turbo) | 120W |
| Proceso de fabricación | Intel 20A (2 nm) | TSMC 4 nm |
| Socket | LGA 1851 | AM5 (LGA 1718) |
| GPU integrada | Intel Arc Xe-LPG | Radeon Graphics (RDNA 3, 2 CU) |
| Memoria soportada | DDR5-6400, LPDDR5X-7467, hasta 192 GB | DDR5-5600, hasta 256 GB |
| PCIe | PCIe 5.0 x16 + PCIe 4.0 lanes | PCIe 5.0 x24 |
Como podéis apreciar, he pasado de tener una CPU de 24 núcleos (8 núcleos P de rendimiento y 16 núcleos E de eficiencia) y 24 hilos de proceso a una velocidad máxima de hasta 5,7 GHz, a un procesador de 8 núcleos y 16 hilos de proceso a 5,2 GHz pero con mucha más caché, que es la clave de los procesadores X3D de AMD. En principio y sobre el papel, el cambio ha sido a peor, pero ahora es cuando viene mi experiencia personal.
Para trabajar
En primera instancia, lo primero que noté es que el PC tarda más en arrancar. Tampoco es que sea lento arrancando, simplemente el de Intel arrancaba más rápido y eso que el de AMD lleva un SSD mucho más veloz. Esto es, en realidad, normal ya que el POST de las placas AMD y más cuando están en combinación con un procesador X3D tarda más tiempo, es decir, no es tema de la velocidad del SSD en la carga de Windows, es tema de lo que tarda la placa en hacer el POST.
Dejando eso de lado, a la hora de trabajar con tareas livianas el PC va exactamente igual de bien, no noto ninguna diferencia: va todo rápido y fluido, las aplicaciones se abren en seguida, etc. Sin embargo, en las tareas pesadas sí he notado una diferencia muy clara, y a peor…
Para medir el impacto en mi flujo de trabajo, realicé una prueba estandarizada: la exportación de un lote de 90 fotografías RAW (formato .NEF de Nikon, ~30MB/foto) a JPEG de alta calidad en Adobe Lightroom Classic. Tras cinco ejecuciones cronometradas para cada CPU, los promedios fueron de 38 segundos en la CPU de Intel y de 2 minutos y 47 segundos en la CPU de AMD. Hablamos de una diferencia del 339%, denotando la superioridad del procesador de Intel en trabajos multi hilo.
Con el cambio yo era consciente de que esto iba a pasar, ya que obviamente el procesador de Intel es bastante más potente que el de AMD en este caso, ya que no en vano he pasado de un Core Ultra 9 a un Ryzen 7 y la comparación no es justa (lo justo habría sido contra un Ryzen 9, claro). Pero sí es cierto que tampoco esperaba que la diferencia fuera tan notable.
Para jugar
Ahora bien, en juegos la cosa cambia y bastante. Por ejemplo, en Black Desert Online ya de entrada noté un aumento de más de 40 FPS de media, pero más importante que eso es que en las Guerras de Nodo o los Asedios, donde se juntan cientos de jugadores al mismo tiempo, las caídas de FPS o «lagazos» desaparecieron por completo; sí que hay bajadas de FPS como es normal, renderizar cientos de jugadores en tiempo real, todos moviéndose y lanzando habilidades no es poca cosa, pero en lugar de sentir parones y bajadas por debajo de 10 FPS como me sucedía con el procesador Intel, los parones han desaparecido por completo y las bajadas de FPS rara vez quedan por debajo de 30. Dicho de otra manera, la experiencia de juego ha mejorado más que notablemente.
En líneas generales, prácticamente todos los juegos van mejor, y como digo no es solo por tener más FPS sino porque los bajones en situaciones sobrecargadas son mucho menos notables. Todo se siento mucho más fluido y mejor.
Conclusión: ¿ha merecido la pena en cambio al Ryzen 7 9800X3D?
Como siempre, dependerá de las prioridades de cada uno y de lo que tuvierais antes. En mi caso concreto, ha bajado el rendimiento del equipo para trabajar pero ha aumentado para jugar, y si eso merece o no la pena dependerá de cada cual. Para mi, sí que ha merecido la pena porque a la hora de trabajar el equipo funciona a las mil maravillas, y en las ocasiones en las que tengo que realizar tareas muy pesadas, tampoco es el fin del mundo tener que esperar 3 minutos en lugar de 40 segundos.
Sin embargo, las ganancias a la hora de jugar han sido más que notables, puesto que como digo más que el tener más FPS en juegos se nota especialmente en que no hay tantas caídas de FPS o «lagazos», algo que mejora y mucho la experiencia de juego. Por lo tanto, sí, para mi ha merecido completamente la pena.
