AMD fue fundada en Silicon Valley en el año 1969, y desde entonces ha protagonizado muchos de los éxitos tecnológicos de la historia, convirtiéndose en una de las empresas más valoradas del mundo. Sin embargo, como todas, ha tenido sus fracasos.
En el día de hoy, veremos uno de ellos. La arquitectura AMD Bulldozer y los primeros procesadores de la serie AMD FX fueron lanzados oficialmente al mercado el 12 de octubre de 2011, sin embargo, no salieron como la empresa esperaba, y acabaron siendo una decepción.
Por qué fracasó la arquitectura AMD Bulldozer
El problema de Bulldozer fue que AMD intentó hacer algo diferente, pero se adelantó en una dirección que no terminó funcionando. La idea de la compañía era bastante clara: crear procesadores con muchos núcleos que pudieran competir contra Intel en potencia bruta. El problema es que el mercado no estaba preparado para aprovechar ese diseño, algo muy común en este tipo de fracasos.
La arquitectura utilizaba un sistema de módulos donde dos núcleos compartían algunos recursos. Sobre el papel parecía una buena forma de conseguir más capacidad de procesamiento sin disparar demasiado el tamaño del chip, pero en la práctica esos recortes acabaron pasando factura. Cuando un programa necesitaba potencia de un solo núcleo, Bulldozer no podía ofrecer el mismo rendimiento que sus rivales.
Y ese fue probablemente su mayor problema. AMD estaba pensando en un futuro donde los programas utilizarían cada vez más hilos de procesamiento, pero la realidad en aquel momento era diferente. La mayoría de juegos y aplicaciones seguían dependiendo mucho del rendimiento de cada núcleo individual, y ahí los procesadores FX quedaban por detrás.
Tampoco ayudaba que el consumo fuese bastante elevado. Los FX más potentes necesitaban mucha energía para intentar competir, y aunque AMD presumía de tener modelos de ocho núcleos, la diferencia real frente a la competencia no era la que muchos esperaban. En algunos casos, incluso procesadores antiguos de la propia compañía podían plantarles cara.
A esto se sumó otro problema: las expectativas eran demasiado altas. AMD llevaba tiempo preparando el lanzamiento y muchos usuarios esperaban un golpe sobre la mesa contra Intel. Cuando llegaron los primeros análisis y benchmarks, la sensación general fue de decepción. No porque fueran procesadores inútiles, sino porque no estaban a la altura de lo que AMD había prometido.
Con el paso del tiempo, Bulldozer quedó como uno de esos proyectos que tenían buenas ideas, pero que no terminaron de encajar. AMD intentó corregir el rumbo con las siguientes generaciones basadas en esta arquitectura, aunque el verdadero cambio no llegaría hasta unos años después con Zen.
Por tanto, todo el mundo esperaba mucho de Bulldozer, pero finalmente fracasó, y a día de hoy se queda como una anécdota más que un proyecto real de éxito. Sin embargo, para que una empresa funcione, tiene que tener errores, ya que los éxitos vienen de este tipo de apuestas, y no siempre acaban como esperan sobre papel, por lo que no será el primer ni el último fracaso de AMD, así como de sus rivales.
