Las noticias de hardware son una cascada de sorpresas, tanto positivas como negativas. Por lo que la última joya de la corona de AMD acaparaba todas las expectativas del mercado de los procesadores. Tras el rotundo éxito de la arquitectura Zen 5, con tecnología de caché vertical, el lanzamiento de AMD Ryzen 7 9850 X3D prometía asentar un liderazgo en el segmento del gaming… que tal vez no sea el esperado.
Las primeras pruebas de rendimiento reales han sacado a la luz resultados que han encendido la luz de alerta entre muchos usuarios, con factores positivos y negativos en este lanzamiento. Es cierto: el procesador ha logrado posicionarse como el chip más rápido del mundo para jugar. Pero lo hace con un sobrecoste energético que no justifica el incremento marginal de potencia.
Nos encontramos ante un nuevo chip que quiere exprimir hasta el último hercio de silicio, pero que plantea serias dudas sobre su viabilidad para los PCs convencionales. Los usuarios se están preguntando si este pequeño salto justifica la necesidad de comprar nuevos y potentes sistemas de refrigeración… y de pagar facturas de luz más elevadas.
El chip gaming más rápido… por solo un 3%
El AMD Ryzen 9850X3D ha llegado con la misión de suceder al hasta entonces más potente de AMD: 9800X3D. Un procesador que ya rozaba la perfección en términos de equilibrio, potencia y temperatura. Pero ahora es cuando los datos tienen que hablar. Según las investigaciones realizadas por la revista especializada Tech Power Up, el nuevo modelo logra mejorar el rendimiento en juegos en una media del 3%.
Por lo tanto, hablando estrictamente de rendimientos, es cierto que se convierte en la mejor CPU para juegos. Pero se queda muy corta entre quienes esperábamos un salto más amplio. La mejora se debe a un ligero aumento en las frecuencias del reloj y a una gestión más eficaz de la 3D V-Cache, que sigue siendo el factor diferencial frente a Intel. Pero a la hora de la verdad, en resoluciones de 1440p o 4K, es una diferencia prácticamente imperceptible. Por lo que la ganancia solo se deja ver en benchmarks o, como mucho, a resoluciones de 1080p.
Hablando de la arquitectura, sigue basándose en el nodo de TSMC, pero parece que AMD ha llevado el silicio a un nivel superior, donde la curva de rendimiento comienza a aplanarse. El problema son las necesidades de energía, que crecen de forma exponencial. Por lo tanto, para los gamers más acérrimos, que buscan el máximo absoluto sin importar el coste, el 9850X3D es la opción más lógica. Pero para el mercado en general, la relación mejora/coste energético que los analistas coinciden en que el 9800X3D sigue siendo la opción más inteligente a día de hoy
Un incremento del 30% en el consumo
La sucesión del nuevo procesador tiene un gran «pero». Teniendo en cuenta que el 9800X3D era un procesador que rozaba una eficiencia perfecta, el nuevo modelo solo logra superar en juegos a su antecesor un 3%, tiene un gran problema por delante. El Ryzen 7 9850X3D consume hasta un 30% más de energía que su predecesor bajo las mismas condiciones de trabajo.
Un incremento que se traduce en una confluencia de consecuencias negativas. En primer lugar, no solo estamos ante un incremento de la factura de la luz. Además, supone una generación de calor más alta. Por lo que, mientras que el 9800X3D podía refrigerarse con buenas refrigeraciones de aire con facilidad, el nuevo procesador exige obligatoriamente el uso de sistemas de refrigeración líquida de 360mm o superiores. Todo para evitar el «thermal throttling» o estrangulamiento término. Si se da este fenómeno, el procesador reduce automáticamente sus frecuencias para protegerse del calor excesivo. Lo que automáticamente anula ese 3% de ventaja que ofrece sobre el papel.
Aunque AMD mantiene un TDP oficial de 120W en este nuevo procesador, los primeros datos de consumo en pruebas reales muestran un incremento notable con respecto a su predecesor.
En juegos, la diferencia es unos 22W más de media, mientras que en pruebas de productividad como Blender el incremento de consumo puede llegar a un 30% más. Incluso en Idle es un procesador que, por el motivo que sea, consume más que su predecesor, lo que demuestra que, una vez más, AMD ha tirado hacia la fuerza bruta para aumentar el rendimiento, incrementando sus números pero también su consumo, y en este caso de una forma que desde luego no parece bien proporcionada.
