La industria de los chips lleva años intentando dar una imagen de fortaleza tras la gran crisis de suministro que golpeó al sector con la pandemia del COVID-19. Pero la realidad es mucho más dura de lo que puede parecer en estos momentos. Más aún si confirmamos que parte de los suministros para la IA se ve afectada por la crisis en Oriente Medio.
Toda la maquinaria necesaria en la cadena de IA depende también de materiales, rutas logísticas y procesos industriales que no son tan visibles para los consumidores. Y precisamente ahí, la escalada bélica en Oriente Medio ha encendido todas las alarmas. El problema no pasa solo por el suministro de petróleo o gas, sino por el riesgo de interrupciones en suministros vitales para la fabricación de chips.
Un ejemplo de ello puede ser el helio u otros productos químicos de la cadena industrial. Y por el momento, no parece que haya un colapso inmediato, pero sí es un aviso a navegantes de lo vulnerable que es este mercado cuando una región como el Golfo Pérsico entra en conflicto. Algo que puede traducirse en más costes, retrasos y menos productos para los fabricantes.
Los materiales que utiliza la industria de chips
La preocupación del sector no es una banal especulación de cualquier medio. Associated Press ha informado de parones logísticos derivados de la guerra con Irán, y Reuters ha recogido la inquietud de la industria surcoreana por el impacto sobre materiales para fabricar semiconductores. Uno de los más delicados es precisamente el helio. Un gas fundamental es distinto en procesos de fabricación de chips porque ayuda a controlar temperaturas, detectar fugas y mantener condiciones estables en maquinaria de alta tecnología.
El problema es que parte importante del suministro de helio está concentrado en una zona muy expuesta. Chemical & Engineering News explica que los ataques y el bloqueo del estrecho de Ormuz han sacado del mercado alrededor de un tercio del helio a nivel mundial. Tras la decisión de QatarEnergy de detener la producción en Ras Laffas. Una instalación vital para este recurso. Y es que el estrecho de Ormuz no solo es vital para el transporte de crudo, sino una ruta marítima para todo tipo de material industrial y productos relacionados con el petróleo.
La amenaza para la expansión de la IA
Por ahora, las grandes compañías están intentando transmitir calma. SK Hynix (fabricante de RAM) ha asegurado que cuenta con varias cadenas de suministros diversificadas y mucha reserva de helio. Hasta el punto de afirmar de que hay «casi cero posibilidades» de que sus operaciones se vean afectadas a corto plazo. TSMC también ha señalado que no prevé por ahora ningún impacto significativo, y GlobalFoundries asegura que está en contacto con los proveedores y socios regionales que ya tienen planes de mitigación en caso de emergencia.
Pero que las empresas quieran aportar tranquilidad no significa que el riesgo no exista. Lo que indican estas respuestas es que todavía pueden aguantar gracias a inventarios, contratos y diversificación. Pero si el conflicto persiste y siguen dañadas las instalaciones energéticas o las rutas del estrecho, el efecto se trasladará a precios gradualmente más altos, mayor tensión sobre materiales y retrasos en proyectos para centros de datos y expansión de infraestructura para la IA.
También hay un impacto directo muy importante: la propia economía de la IA depende de inmensas cantidades de energía, transporte estable y materias primas. Si todo eso se encarece a la vez, no solo sufren los chips. También se complica la creación de nuevos centros de datos y la rentabilidad de toda la cadena tecnológica. Básicamente: la guerra todavía no ha cortado el flujo de semiconductores, pero sí es bastante más vulnerable de lo que se admite.
