Durante muchos años, una de las leyendas urbanas más conocidas en el mundo de la tecnología tuvo como protagonista a la PlayStation 2 de Sony y a un supuesto plan militar que parecía sacado de una película de James Bond. Según esa leyenda urbana, el régimen de Saddam Hussein habría intentado adquirir miles de estas consolas para utilizarlas como un superordenador capaz de guiar misiles y realizar cálculos militares avanzados aprovechando la enorme potencia que tenía para aquella época y su bajo precio en comparación con equipos profesionales.
Con el paso del tiempo esa historia se convirtió en un simple mito que alimentaba la idea de que la consola era «demasiado potente» para ser solo una máquina para ejecutar videojuegos. Aunque la historia obviamente no era cierta, nuevos testimonios y contexto histórico han demostrado que la preocupación en realidad no surgió de la nada y que, detrás de la leyenda urbana, sí que había motivos técnicos y políticos reales que explican por qué la PS2 llegó a levantar suspicacias incluso a nivel gubernamental.
La leyenda urbana que convirtió a la PlayStation 2 en un supuesto arma militar
Durante años, la historia casi siempre se contó de la misma manera: un dictador intentando esquivar sanciones internacionales comprando miles de consolas para crear con ellas un superordenador encubierto. La idea de usar PlayStation 2 como núcleo de cálculo militar se difundió como la pólvora en Internet porque encajaba con varios elementos reales de la época: una consola extremadamente potente para su precio, una arquitectura avanzada basada en cálculos vectoriales y un contexto político marcado por el miedo a que cualquier otro país obtuviera ventaja tecnológica.
Con el tiempo, la leyenda urbana fue creciendo hasta adquirir tintes casi conspiranoicos, reforzada por el hecho de que muy poca gente sabía en realidad cómo funcionaba el hardware de la consola y por la comparación directa con ordenadores profesionales muchísimo más caros. Para muchos jugadores, la historia servía como prueba definitiva de que la PS2 no era solo un éxito comercial, sino una máquina tan avanzada que dejaba en la estacada a cualquier PC y que incluso podría ser peligrosa en malas manos.
Sin embargo, como suele suceder casi siempre con las leyendas urbanas, la realidad era bastante más complicada. Aunque nunca existió un plan real para utilizar la consola de Sony con fines bélicos, realmente el mito tampoco es que naciera de la nada: la potencia de su hardware, la facilidad para comprarla y el momento histórico hicieron que resultara lo suficientemente creíble como para mantenerse viva durante dos décadas.
La historia no era tan descabellada como parecía
Aunque la leyenda urbana nunca fue real, sí que se apoyaba en una base técnica que tenía sentido y que explica por qué resultó creíble durante bastante tiempo. Sony diseñó la PS2 en torno al Emotion Engine, un procesador que realmente era muy avanzado para aquella época (tened en cuenta que hablamos de marzo del año 2000) que se basaba en cálculos vectoriales y procesamiento paralelo. Este tipo de arquitectura era especialmente eficaz para tareas matemáticas complejas, justo el tipo de operaciones que se asocian a las simulaciones físicas o trayectorias balísticas.
A esto hay que sumar otro factor importante: el precio. La PS2 tenía un precio de lanzamiento de 299 dólares, muchísimo menos de lo que costaba cualquier ordenador profesional con capacidades similares, algo que alimentó la idea de que era posible «comprar potencia de cálculo» de forma masiva y barata. En aquel entonces, el contexto político estaba marcado por una gran desconfianza tecnológica, con todos los países mirando a sus vecinos para que no avanzaran en la carreta tecnológica más que ellos, así que no es de extrañar que algunos gobiernos comenzaran a mirar a la consola de Sony con recelo.
De hecho, con el paso de los años se llegó a demostrar que la idea de agrupar varias consolas para tareas de computación no era una utopía, ya que más adelante se vieron ejemplos reales de clústeres basados en hardware doméstico, lo que terminó de reforzar la sensación de que aquella vieja leyenda urbana de la PS2, aunque falsa, tenía bastante lógica en realidad y podría haberse llevado a cabo de verdad.
Lo que cuenta un desarrollador de Final Fantasy sobre el mito de la PS2
La clave que desmonta y a la vez contextualiza esta leyenda urbana llega de la mano de Kazuhiko Aoki, un desarrollador veterano conocido por su trabajo en juegos como Final Fantasy IX o Chrono Trigger. Según explicó en una entrevista reciente con Famitsu, dentro de la propia industria japonesa ya se hablaba a principios de los años 2000 del carácter excepcional de la PlayStation 2, no como una anécdota exagerada sino como una realidad técnica. El diseño del Emotion Engine y su orientación hacia el cálculo vectorial hacían que la consola fuera, objetivamente, muy avanzada para su época.
«El gobierno requería informes de exportación de la PS2 porque su arquitectura vectorial igualaba la capacidad de estaciones gráficas profesionales que estaban sujetas a controles de tecnología de doble uso. Temían que su potencia pudiera ser utilizada en simuladores militares o en criptografía avanzada por actores no autorizados.»
Aoki deja claro que la famosa historia de Saddam Hussein comprando miles de PS2 nunca fue cierta, pero también subraya lo que os hemos contado antes, que la idea no es que surgiera de la nada. En aquel momento la consola de Sony ofrecía una capacidad de cálculo que rivalizaba con sistemas profesionales que costaban diez veces más, lo que llevó a que dentro del sector se comentara, casi en voz baja, que Sony la había lanzado para algo mucho más allá que los videojuegos.
Es en este punto en el que entró el gobierno japonés. Según relata el propio desarrollador, las autoridades tuvieron en el punto de mira a la PS2 con estrictos controles de exportación. No llegaron a establecer prohibiciones o limitaciones, pero sí que tuvieron una vigilancia real que confirma que, aunque el mito era falso, la preocupación del gobierno era real.
