Muchas personas no saben qué es la BIOS, sin embargo, a la hora de seguir algún tutorial, se han dado cuenta de que tienen que acceder a ella y modificar algunos parámetros. En el día de hoy veremos qué es exactamente esto, y cuándo es mejor no tocarlo.
Es cierto que puede ser muy útil, pero no todo el mundo debería modificar opciones de ella sin conocer previamente qué podría ocurrir, ya que de primeras puede parecer una buena opción, pero incluso podríamos quedarnos sin acceso al sistema si tocamos lo que no debemos.
Todo lo que debemos saber de la BIOS
Entrar en la BIOS puede sonar más complicado de lo que realmente es. En realidad, es solo una pantalla “especial” que aparece antes de que arranque Windows, y desde ahí puedes cambiar cosas básicas del ordenador.
Normalmente, se entra pulsando una tecla nada más encender el PC, como F2, Supr o Esc, dependiendo de la marca. No tiene mucho misterio, pero hay que hacerlo justo al principio, porque si pasa el logo de Windows ya es tarde y habrá que reiniciar de nuevo el equipo para tener opción a entrar.
Dentro de la BIOS verás un menú bastante simple. No es como Windows, aquí no hay ventanas bonitas ni ratón (en algunos equipos sí, pero no siempre). Todo está más “técnico”, pero tampoco es imposible de entender si vas con cuidado, ya que solo hay que ir leyendo y pulsando las teclas que nos indican.
Lo más importante es saber esto: no todo lo que puedes cambiar ahí deberías tocarlo. Hay opciones que están ahí para cosas muy concretas, y si las cambias sin saber, el ordenador puede dejar de arrancar bien o empezar a dar fallos raros.
Por ejemplo, algo típico es cambiar el orden de arranque sin querer. Esto hace que el PC intente iniciar desde un USB vacío o desde el disco equivocado, y entonces parece que “se ha roto”, cuando en realidad solo está mal configurado.
Por otro lado, tenemos opciones avanzadas como el overclock, un ajuste que suena bien porque promete más rendimiento, pero si no sabes lo que haces, puede hacer que el equipo se vuelva inestable o se caliente más de la cuenta, siendo peor el remedio, que el problema.
Y por último está el tema de las actualizaciones de BIOS. No es algo que se haga a menudo. A veces arregla problemas o mejora compatibilidad, pero también puede salir mal si se interrumpe el proceso o si se instala una versión equivocada, por lo que no tenemos que hacerlo si no sabemos claramente lo que hacemos.
En resumen, la BIOS no es algo peligroso por sí mismo, pero sí es delicado. Si entras, es mejor hacerlo con una idea clara de lo que buscas cambiar. Si todo funciona bien en tu ordenador, muchas veces lo más inteligente es no tocar nada, por lo que si has visto que modificando un parámetro el procesador irá más rápido o todo funcionará mejor, ten cuidado, ya que si por ahora el PC te va bien, lo mejor es no arriesgarse a tener problemas futuros.
En caso contrario, y de necesidad, lo mejor es ir con precaución, y pese a que sí tiene cosas buenas, si no poseemos unos conocimientos avanzados, la BIOS no es algo que cualquiera pueda modificar sin riesgos, ya que no hablamos de un fondo de pantalla o del volumen del equipo, que se pueda restaurar, sino de posibles problemas que, en ocasiones, son más complicados de remediar.
