Cuando utilizamos un PC para jugar es probable que nos encontremos con una serie de fallos que afectan directamente al uso que le damos. Pero además de tener en cuenta cómo funcionan algunos de los componentes más básicos que tiene un ordenador, también debemos tener en cuenta otros dependiendo de la configuración que se utilice en juegos.
Uno de los principales problemas que hay a la hora de jugar a títulos en línea tiene que ver con la conexión de cada usuario. En muchas ocasiones podemos encontrar que hay una serie de títulos que dependen en gran medida de un ping extremadamente bajo que permita eliminar en gran parte el retardo que tienen los datos de llegar al servidor y volver, es decir, una conexión estable de gran velocidad. Pero esto no siempre es posible ya que también hay situaciones en las que hay quienes necesitan utilizar una tecnología inalámbrica como es el WiFi para jugar, pero esto puede tener una serie de problemas asociados, y algunos de ellos están relacionados con la antena.
Por lo general nunca es recomendable jugar a un título online mediante esta conexión ya que es bastante inferior a una cableada, además de que se ve afectada por distintos aspectos adicionales como la distancia a la que está el PC del router. Pero también hay otros fallos relacionados con los propios componentes físicos que tiene un ordenador para activar este método de conexión.
Si tu PC sufre problemas de conexión y utilizas WiFi, el problema puede ser la antena
Como bien hemos indicado al principio, prácticamente todo el hardware que hay dentro de un PC es susceptible a fallos. Estos pueden llegar por bastantes motivos, encontramos que hay algunas piezas que terminan dando errores por una mala configuración, por unos drivers inestables o por una instalación incorrecta. Pero a todo esto hay que añadirle el mayor problema que tienen todos los dispositivos electrónicos, las temperaturas. Las antenas que utilizan los routers por ejemplo son susceptibles a las altas temperaturas, esto hace que si se encuentra en un entorno en el que hay calor acumulado, la conexión presentará fallos.
Esto como podéis imaginar también se aplica a los ordenadores y es algo que no solo afecta a los dongle o USB que permiten activar el WiFi a través de uno de estos puertos, sino que también lo encontraremos en las tarjetas de expansión de red que se incorporan dentro del PC en caso de que este no presente una refrigeración adecuada.
El rendimiento de los componentes de red es inversamente proporcional a su temperatura operativa. Chips Wi-Fi como el Intel AX210 pueden experimentar una reducción de hasta un 15-20% en su rendimiento sostenido al superar los 65°C, según benchmarks de publicaciones como AnandTech. En un entorno de gaming, donde una GPU como la NVIDIA RTX 4080 puede elevar la temperatura del slot PCIe inferior hasta los 70-75°C, un adaptador Wi-Fi cercano sufrirá thermal throttling, provocando picos de latencia y pérdida de paquetes
Para minimizar el riesgo de thermal throttling en tu conexión inalámbrica, la solución más eficaz es optar por una placa base con Wi-Fi 6E/7 integrado. Estos modelos suelen situar el chip lejos de las zonas de mayor calor y utilizan antenas externas, garantizando una señal más estable. Por ejemplo, placas con el chipset Intel Killer AX1690i incluyen gestión activa de la temperatura.
| Tipo de Solución | Latencia Media (ms) | Estabilidad bajo carga | Resistencia Térmica | Coste Aproximado |
|---|---|---|---|---|
| Dongle USB 2.0/3.0 | ~35 ms | Baja | ★☆☆☆☆ | 15-30€ |
| Tarjeta PCIe (sin disipador) | ~22 ms | Media | ★★☆☆☆ | 40-70€ |
| Tarjeta PCIe (con disipador) | ~18 ms | Alta | ★★★★☆ | 60-100€ |
| Wi-Fi 6E/7 Integrado en Placa | <10 ms | Muy Alta | ★★★★☆ | Incluido en placa |
En un ordenador gaming el conector PCIe x16 siempre se utiliza para la tarjeta gráfica, esto implica que todos los demás están debajo de la misma. La proximidad es crítica. Pruebas de laboratorios como Gamers Nexus (2024) demuestran que una GPU de alto consumo, como la RTX 4090, puede incrementar en más de 40°C la temperatura de los slots PCIe adyacentes, creando un microclima que supera los 80°C bajo carga prolongada y que degrada directamente el rendimiento de cualquier tarjeta de expansión sin refrigeración adecuada.
