Si vas a cambiar de placa o CPU, ¿necesitas formatear el PC?

Pongámonos en situación: vas a actualizar tu PC con nuevo hardware, incluyendo placa base y procesador. Puede incluso que vayas a cambiar de Intel a AMD. En ese caso, ¿qué pasa con la instalación de Windows que tienes en el disco duro o SSD? ¿Es necesario formatear el equipo o al menos reinstalar el sistema operativo? Vamos a verlo a continuación.

Formatear el PC es siempre una muy buena idea cuando cambiamos de hardware para asegurarnos de que tenemos una instalación limpia y solo con los controladores y software que vayamos a necesitar, específicos para el hardware que tenemos montado. Sin embargo, Windows 10 trae consigo un extenso catálogo de drivers que lo hace compatible con prácticamente el 100% del hardware comercial existente, lo que significa que, en realidad, formatear el PC tras cambiar de placa o procesador es recomendable pero no indispensable.

No tienes por qué formatear, pero sí hacer limpieza

Y esto es esencialmente por la placa base. Cambiar de procesador sin cambiar de placa base no va a afectar para nada al software, y tan solo tendremos que asegurarnos de que está bien configurado en la BIOS. El problema radica cuando cambiamos la placa base, porque los controladores y en muchos casos el software es específico de ésta, y aquí es donde pueden venir los problemas.

Así pues, tras cambiar de placa base el sistema operativo arrancará sin problemas (tardará un poco más de lo habitual la primera vez porque tiene que reconocer todo el hardware nuevo), pero es posible que recibamos algunos errores al iniciar si teníamos instalado software de la placa base anterior, y muy especialmente controladores. Por este motivo, deberemos «hacer limpieza» y desinstalar todo ese software que ya no necesitamos y, si lo creemos conveniente, instalar el software de la nueva placa base.

Con los drivers de las controladoras sucede exactamente lo mismo, ya que si has cambiado de placa base es probable que la controladora USB por ejemplo sea diferente y que por lo tanto necesite unos drivers distintos, y lo mismo con el resto de elementos de la placa base. Por ello, lo ideal es desinstalar todos los controladores que tenga el PC e instalar los específicos para tu modelo de placa base que podrás encontrar fácilmente en la página web del fabricante.

Lo ideal sería desinstalar antes de hacer el cambio de placa base, deshabilitar la tarjeta de red para que Windows no nos instale de nuevo la versión de los controladores de la placa base actual y reiniciar un par de veces el PC antes de realizar el cambio de hardware. Esto es bastante complicado y engorroso de hacer y repetimos que no pasa nada por hacerlo a posteriori, no obstante.

Por si se te queda la duda, esto mismo ocurre en el caso extremo, que sería pasar de tener una plataforma Intel a una AMD o vice versa. No encontraremos ningún inconveniente y no necesitaremos formatear el PC ni reinstalar el sistema operativo, tan solo hacer una limpieza de los controladores y el software de la placa base. Parece algo absurdo pero al fin y al cabo el hardware es el hardware y da igual quién lo haya fabricado ya que en cierto modo, funciona de igual manera (y por eso los componentes son tan compatibles entre si).

Ojo con los discos secundarios

El único «problema» (que como veremos en seguida, no es tal cosa) que podríamos encontrar es que, al cambiar el hardware del equipo, nos encontremos con que si teníamos un disco duro secundario instalado, no aparece por ninguna parte. No os alarméis porque no habéis perdido nada, esto no sucede siempre pero sí a veces y la solución es muy sencilla.

Simplemente deberemos ir al «Administrador de discos» de Windows 10 (clic derecho sobre Inicio, y seleccionamos «Administración de discos») y veremos que el disco duro secundario aparece en negro (inactivo) en lugar de azul (activo). En tal caso, simplemente debemos hacer clic sobre la barra negra del disco secundario y seleccionar la opción «Cambiar la letra y rutas de acceso de la unidad» para que aparezca un asistente en el que podremos asignarle una letra a la unidad. Con eso, quedará solucionado.

Eso es todo. Si necesitáis actualizar el hardware del PC, especialmente cambiando la placa base e incluso pasando de Intel a AMD o al revés, podéis hacerlo sin problemas y, de hecho, no necesitaréis ni tan siquiera formatear el equipo. Igualmente y para descartar errores, recomendamos un formateo a bajo nivel del SSD mediante la BIOS, donde aparte de terminar con posibles problemas en Windows le devolveremos toda su velocidad como cuando lo compramos, por lo que son todo ventajas.

Consideraciones adicionales

Montar placa base

Cambiar de placa base te va a obligar prácticamente a desmontar el PC completamente y volver a montarlo, así que siempre puede ser una buena idea realizar una buena limpieza de todos los componentes, y ya que obligatoriamente vas a tener que cambiar el procesador de una placa a otra aprovecha también para hacerle una buena limpieza de la pasta térmica y ponerle una nueva de buena calidad. Lo mismo sucede con el resto de componentes, obviamente, y muy especialmente la caja y la canalización de cables que es algo a lo que muchos usuarios no prestan demasiada atención pero que, como siempre decimos, tiene un efecto directo tanto en la estética como en el rendimiento térmico de la máquina.

Además de temas de limpieza, ya que desmontas el PC puede ser un buen momento para replantearte el flujo de aire de la caja, recolocar o añadir / quitar ventiladores, cambiar éstos por otros de otro tipo, o incluso plantearte el cambiar de disipador si no estás contento con el desempeño del que tenías. El hecho es que cambiar la placa base no es algo tan problemático como muchos pueden pensar a nivel de software, pero a nivel de hardware ya que te obliga a desmontar y montar el PC casi en su totalidad puede ser una buena oportunidad para abrir otras posibilidades y cambiar u optimizar el hardware que ya posees.

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