Si vas a cambiar de placa o procesador, ¿necesitas formatear el PC?

Si vas a cambiar de placa o procesador, ¿necesitas formatear el PC?

Rodrigo Alonso

Pongámonos en situación: vas a actualizar tu PC con nuevo hardware, incluyendo placa base y procesador. Puede incluso que vayas a cambiar de Intel a AMD. En ese caso, ¿qué pasa con la instalación de Windows que tienes en el disco duro o SSD? ¿Es necesario formatear el equipo o al menos reinstalar el sistema operativo? Vamos a verlo a continuación.

Formatear el PC es siempre una muy buena idea cuando cambiamos de hardware para asegurarnos de que tenemos una instalación limpia y solo con los controladores y software que vayamos a necesitar, específicos para el hardware que tenemos montado. Sin embargo, Windows 10 trae consigo un extenso catálogo de drivers que lo hace compatible con prácticamente el 100% del hardware comercial existente, lo que significa que, en realidad, formatear el PC tras cambiar de placa o procesador es recomendable pero no indispensable.

No tienes por qué formatear, pero sí hacer limpieza

Y esto es esencialmente por la placa base. Cambiar de procesador sin cambiar de placa base no va a afectar para nada al software, y tan solo tendremos que asegurarnos de que está bien configurado en la BIOS. El problema radica cuando cambiamos la placa base, porque los controladores y en muchos casos el software es específico de ésta, y aquí es donde pueden venir los problemas.

Así pues, tras cambiar de placa base el sistema operativo arrancará sin problemas (tardará un poco más de lo habitual la primera vez porque tiene que reconocer todo el hardware nuevo), pero es posible que recibamos algunos errores al iniciar si teníamos instalado software de la placa base anterior. Por este motivo, deberemos «hacer limpieza» y desinstalar todo ese software que ya no necesitamos y, si lo creemos conveniente, instalar el software de la nueva placa base.

Lo ideal sería desinstalar antes de hacer dicho cambio, deshabilitar la tarjeta de red para que Windows no nos instale una versión y reiniciar un par de veces el PC antes de realizar el cambio.

Lo mismo ocurre en el caso extremo, que sería pasar de tener una plataforma Intel a una AMD o vice versa. No encontraremos ningún inconveniente y no necesitaremos formatear el PC ni reinstalar el sistema operativo, tan solo hacer una limpieza de los controladores y el software de la placa base.

Ojo con los discos secundarios

El único «problema» (que como veremos en seguida, no es tal cosa) que podríamos encontrar es que, al cambiar el hardware del equipo, nos encontremos con que si teníamos un disco duro secundario instalado, no aparece por ninguna parte. No os alarméis porque no habéis perdido nada, esto no sucede siempre pero sí a veces y la solución es muy sencilla.

Simplemente deberemos ir al «Administrador de discos» de Windows 10 (clic derecho sobre Inicio, y seleccionamos «Administración de discos») y veremos que el disco duro secundario aparece en negro (inactivo) en lugar de azul (activo). En tal caso, simplemente debemos hacer clic sobre la barra negra del disco secundario y seleccionar la opción «Cambiar la letra y rutas de acceso de la unidad» para que aparezca un asistente en el que podremos asignarle una letra a la unidad. Con eso, quedará solucionado.

Eso es todo. Si necesitáis actualizar el hardware del PC, especialmente cambiando la placa base e incluso pasando de Intel a AMD o al revés, podéis hacerlo sin problemas y, de hecho, no necesitaréis ni tan siquiera formatear el equipo. Igualmente y para descartar errores, recomendamos un formateo a bajo nivel del SSD mediante la BIOS, donde aparte de terminar con posibles problemas en Windows le devolveremos toda su velocidad como cuando lo compramos, por lo que son todo ventajas.