¿Son iguales los procesadores de portátil que los de sobremesa?

¿Son iguales los procesadores de portátil que los de sobremesa?

Rodrigo Alonso

Mucha gente se pregunta por qué los portátiles no llevan los mismos procesadores que los equipos de sobremesa, y es que realmente tienen una serie de diferencias bastante sustanciales a causa de las limitaciones físicas de los portátiles. En este artículo vamos a explicarte las diferencias entre los procesadores de portátil y los de sobremesa, con lo que entenderás por qué no es algo viable.

Desde ya os decimos que no son iguales, e incluso procesadores con una nomenclatura parecida tienen unas sustanciales diferencias de las que os vamos a hablar a continuación.

Las limitaciones físicas de los portátiles

Un ordenador portátil debe integrar un PC funcional en un espacio muy reducido, lo que limita el tamaño de sus componentes, y eso incluye su sistema de refrigeración. Si tuviéramos un portátil con un procesador de, digamos, 95 vatios que suele ser un valor típico en un procesador de gama media de PC, necesitaríamos un disipador acorde para poder mantenerlo a una temperatura de funcionamiento adecuada.

Lo mismo sucede con la alimentación. Los portátiles tienen una fuente de alimentación externa que es la encargada de suministrar la energía a todo el conjunto, y éstas fuentes de alimentación son compactas para poder llevarlas de un lado a otro junto con el portátil en sí. Claro, si tuviéramos un portátil con un procesador de sobremesa necesitaríamos una fuente de alimentación acorde para poder suministrarle la energía que necesita, ¿no?

Aunque en el pasado se han visto algunas excepciones, estos son los motivos por los que no se utilizan procesadores de sobremesa en los portátiles: esencialmente, por la refrigeración y por el consumo.

Diferencias entre procesadores de portátil y de sobremesa

Dejando de lado que los procesadores para portátil suelen tener su propia nomenclatura (normalmente sufijos, como los «M» en AMD), hay diferencias fundamentales incluso en procesadores de la misma familia.

  • El consumo: un procesador de sobremesa consume mucha más energía que el de un portátil; necesita por lo tanto una fuente de alimentación y un sistema de refrigeración acordes.
  • El socket: normalmente un procesador de sobremesa es de «quita y pon», pero los procesadores de portátil por regla general van soldados a la placa y no se pueden cambiar sin sustituir también ésta.
  • Diferente número de núcleos: por norma general los procesadores para portátil suelen tener menos núcleos que los de sobremesa, y a igualdad de núcleos, generalmente no tendrán HyperThreading / SMT para doblar el número de hilos.
  • Menor velocidad: los procesadores de portátil también suelen tener una velocidad de funcionamiento muy inferior, y con una diferencia muy grande en cuanto a velocidad base y velocidad Turbo. No es raro ver procesadores para portátiles de 1,2 GHz de base y que llegan a 4 GHz en modo Turbo. Esto y lo anterior están relacionados, claro, con tener un menor consumo.
  • Diferentes características: cuando compramos un procesador podemos ver que tienen una lista de características concretas más allá de los núcleos y su velocidad. Muchas de las características de los procesadores de sobremesa se eliminan en los de portátil, como por ejemplo la capacidad de ejecutar máquinas virtuales (aunque no en todos, claro).
  • Gráficos integrados: hay muchos procesadores de sobremesa que incorporan gráficos integrados, pero otros muchos que no. En un portátil, prácticamente la totalidad de los procesadores que nos vamos a encontrar tendrán una gráfica integrada.

Ya lo habéis visto. Con las limitaciones que tienen los portátiles, los fabricantes de procesadores han tenido que ingeniárselas para poder ofrecer un buen rendimiento pero con menos características y, lógicamente, un menor consumo y con ello una menor potencia que en los equipos de sobremesa.