Directive 8020 supone la incursión definitiva de Supermassive Games en el terror de ciencia-ficción (aunque ya lo hicieron, más o menos, en House of Ashes), trasladando su característica fórmula de película interactiva a los confines del espacio profundo. Tras habernos sumergido en escenarios embrujados, criaturas ancestrales o supervivencia entre asesinos en las entregas anteriores, esta nueva aventura nos ubica en la nave Cassiopeia para enfrentarnos a una amenaza que desafía la percepción de la realidad y la confianza en la tripulación. En este artículo, analizamos a fondo esta nueva propuesta y os contamos nuestras conclusiones.
Desde el gran éxito de Until Dawn, el estudio británico Supermassive Games se ha consolidado como un referente de los juegos de terror, perfeccionando su estilo a través de la antología The Dark Pictures y títulos como The Quarry. Con Directive 8020, el equipo busca alejarse un poco de los sucesos sobrenaturales que vivimos en Little Hope o House of Ashes para abrazar una atmósfera de horror cósmico que claramente se inspira en clásicos como Alien o La Cosa.
Pero esta entrega no solo amplía el legado de sus trabajos previos, sino que incluye algunas novedades como mecánicas de sigilo y exploración más ambiciosas junto a un sistema de decisiones más refinado, que marcará el inicio de una nueva etapa para el estudio.
Historia: una misión desesperada por ¿la supervivencia de la humanidad?
Vamos a intentar desarrollar esta sección sin incurrir en muchos spoilers, ya que en una aventura narrativa, la historia es el pilar fundamental. Directive 8020 nos sitúa en un futuro sombrío en el que la Tierra ha dejado de ser un hogar habitable, así que la humanidad se ha visto obligada a buscar un nuevo refugio entre las estrellas.
La nave Cassiopeia es la encargada de esta misión, y va con destino al planeta Tau Ceti f transportando a una tripulación en estado de criogenia. Pero el plan se trunca cuando un asteroide colisiona con la nave. Los dos tripulantes del sueño, despiertos desde hace cuatro años para velar por la seguridad de los demás y encargados de despertar al resto al acercarse al destino, se ven obligados a salir a reparar los daños.
Al intentar reparar los daños exteriores, sucede lo inevitable: el asteroide no era solo un trozo de roca a la deriva, sino que contenía una especie alienígena invasora que «posee» a ambos tripulantes, y que determina el núcleo de la trama.
Tras los acontecimientos del prólogo (que en el juego es el capítulo 1), pasaremos a controlar al resto de la tripulación, empezando por la piloto, Brianna Young. El núcleo del horror de Directive 8020 reside en la capacidad de la entidad alienígena de mimetizarse, pudiendo imitar la apariencia y la voz de los tripulantes.
Esta mecánica de suplantación genera una paranoia constante, similar a lo visto en La Cosa, donde el jugador debe cuestionar la identidad de sus aliados mientras recorre los pasillos de la nave. Esta amenaza invisible añade una capa de terror psicológico que redefine la narrativa habitual del estudio. Y hasta aquí podemos llegar en esta sección sin destriparos nada.
Jugabilidad y mecánicas: decisiones afinadas, sigilo a medio cocer
Si hay un terreno en el que Directive 8020 representa un salto adelante con respecto al resto del catálogo del estudio, es el del sistema de decisiones. Supermassive lleva más de una década puliendo esta fórmula y aquí, por fin, se nota que ha aprendido de los tropiezos del pasado. Atrás quedan aquellas decisiones absurdas que solo tomábamos por curiosidad; ahora todo está mucho más cohesionado, y una elección aparentemente menor al principio del juego puede tener consecuencias graves seis capítulos después. Esto te obliga a jugar con un nivel de atención que pocos juegos son capaces de ofrecer.
A este sistema se le suma otra novedad: el árbol de decisiones, o como lo llaman en el juego, los puntos de inflexión. En cualquier momento se pueden consultar todas las bifurcaciones y las elecciones por las que hemos pasado, e incluso se puede volver atrás si alguna no te ha convencido para probar otro camino.
A priori puede parecer toda una herejía implementar algo así, ya que esta saga siempre ha vendido la premisa de «vive con tus consecuencias». Sin embargo, y aunque haga que le juego sea un poco más Arcade, en la práctica funciona muy bien por dos motivos: el primero es que hace que el juego sea más accesible para quien no quiere tragarse un final desastroso por haber fallado un QTE (Quick Time Event), y el segundo es que multiplica la rejugabilidad, haciendo que sea mucho más cómodo volver a donde querías sin tener que reiniciar capítulos enteros.
Además, si te parece que esto le quita la gracia al juego, puedes simplemente no utilizarlo y ya está. Y si quieres una experiencia más clásica, siempre puedes poner la dificultad Superviviente, que bloqueará la opción de rebobinar hasta el final del juego.
Otro acierto importante son las estadísticas de personaje. Cada tripulante tiene tres atributos base que varían según su rango y rol dentro de la nave, pero suelen girar en torno a conceptos como compasión, cercanía o decisión, y cada respuesta que damos los modifica ligeramente. Mostrar empatía, presionar a un compañero o pedir su opinión no es solo un gesto narrativo, sino que estos rasgos terminan dictando cómo se comporta el personaje en el tramo final del juego y qué papel juega en el desenlace. Es un sistema más sutil de lo que parece a simple vista y le da peso a interacciones que, en otros juegos del estudio, eran puramente cosméticas.
Otra mecánica que llama la atención es el sensor de mano, que cumple con dos funciones principalmente: por un lado, es una especie de «vista de detective» al estilo Assassin’s Creed, que resalta objetos o pistas cercanas, incluyendo enemigos. Por otro lado, da acceso a un chat con el resto de la tripulación, algo que nos ha parecido muy interesante porque ayuda a tomar decisiones dependiendo de su comportamiento, pues como hemos dicho al principio, no sabemos quién puede estar infectado. Juegos de confianza, mentiras y manipulación, algo que encaja como un guante en la premisa del juego.
En cuanto a los controles, esta es probablemente la entrega del estudio que mejor se siente en las manos. Quienes hayáis jugado a Until Dawn o a los primeros The Dark Pictures recordaréis aquellos movimientos ortopédicos, las cámaras fijas que complicaban hasta lo más sencillo y los apuntados torpes. Aquí han pulido todo eso, y los personajes responden bien, la interacción con el entorno es más táctil, hay más objetos para examinar y los escenarios se exploran con bastante más libertad. La estructura pasillera no ha desaparecido del todo, pero el juego respira mejor.
Donde la cosa no está tan pulida es en el sigilo. Voy a ser honesto: no funciona del todo bien. Las secuencias de infiltración son sumamente básicas, nunca tienes la sensación de «me van a pillar» y simplemente tienes que ir agachado entre cajas u otros obstáculos de un punto a otro, sin más, convirtiendo los puntos que deberían ser de tensión en mera rutina. Además, abusan demasiado de estas fases de infiltración, son demasiado frecuentes.
No es que el sigilo sea horroroso en este juego, simplemente es que es demasiado frecuente, se abusa de él hasta el punto de que lastra el ritmo de la historia, especialmente en la primera mitad del juego.
Apartado artístico: un salto visual pero con luces y sombras
A nivel visual, Directive 8020 es probablemente el trabajo más logrado del estudio hasta la fecha. Se ve mejor que cualquiera de las entregas anteriores de The Dark Pictures, mejor que The Quarry e incluso, en nuestra opinión, por encima de la reciente versión renovada de Until Dawn para PS5.
La nave Cassiopeia tiene un diseño elegante y creíble, con líneas frías y artificiales que contrastan por dentro y por fuera de forma muy efectiva con las formas orgánicas mutantes que va dejando el infiltrado alienígena. El santo a Unreal Engine 5 se nota especialmente en la iluminación, que es uno de los grandes pilares del acabado.
Dicho esto, no todo son elogios. Hay quien argumenta que el juego ha perdido por el camino parte de su identidad cinematográfica, más apagada y opresiva, y no le falta razón. La captura facial de los actores principales es de gran nivel, pero las animaciones parecen automáticas y rompen un poco la inmersión. Hay veces, de hecho, que los personajes se mueven con rigidez casi robótica, y eso choca y resulta confuso en un juego donde nunca sabes si lo que tienes delante es del todo humano o no.
Para entender por dónde se mueve el apartado artístico de Directive 8020, conviene mirar a sus referentes. Si en lo narrativo las influencias de Alien y La Cosa son evidentes, en lo visual la estética está más cerca del clasicismo refinado de Prometheus o incluso de juegos como Dead Space que del Alien clásico de 1979. Los pasillos limpios, los paneles metálicos y las consolas técnicamente verosímiles contrastan con las zonas de tejidos orgánicos de forma muy efectiva, reforzando visualmente la idea de invasión y de pérdida de control sobre el entorno.
El uso del color y la luz también son dignos de mención. La paleta tira a fría y desaturada, con azules, grises y blancos clínicos que se rompen puntualmente con destellos de luces de emergencia rojas o la luz cálida de los pocos espacios «humanos», como los camarotes. El nuevo motor gráfico saca buen partido de las sombras alargadas, los reflejos sobre superficies húmedas y las zonas de oscuridad densa donde nunca terminas de saber qué te espera al otro lado.
Directive 8020 apuesta por una atmósfera casi contemplativa y silenciosa, que refuerza ese tono de paranoia constante en lugar de buscar el susto fácil. Es donde mejor se nota que Supermassive ha tomado nota de los referentes que tanto citamos.
Gráficos y rendimiento: los 60 FPS son innegociables
Directive 8020 llega a consolas con los tres modos clásicos de esta generación: Rendimiento (60 FPS con resolución dinámica), Equilibrado (objetivo de 40 FPS en lo que llaman una «resolución intermedia) y Calidad (30 FPS con resolución 4K), además de soporte para pantallas a 120 Hz para quien tenga el equipo adecuado. Nosotros hemos analizado el juego en una PS5 Slim estándar y, tras probar las opciones principales, la recomendación es muy clara: jugadlo en modo Rendimiento.
A 60 FPS, el juego se mueve con bastante fluidez. No hay caídas evidentes de frames, las secuencias de sigilo tienen buena respuesta, y las escenas cinemáticas mantienen el tipo sin problemas. Es la forma natural de jugar a una aventura como esta, que combina momentos pausados con secciones donde un mal reflejo en un QTE puede acabar con la vida de un personaje.
El modo Calidad, en cambio, nos ha dejado más fríos: 30 FPS son perfectamente jugables pero se notan, especialmente en los movimientos de cámara y en los desplazamientos por la nave, y la mejora visual que se gana a cambio es tan sutil que no compensa ni de lejos la pérdida de fluidez. No merece la pena en absoluto.
En PC el panorama es más amigable, siempre y cuando tengas un PC gaming con hardware moderno, muy especialmente por el trazado de rayos que aporta un plus de realismo a la iluminación y los reflejos. Pero como hemos mencionado ya, nosotros hemos jugado en esta ocasión en la versión de PS5, y los modos que hay para elegir son los que hay.
Banda sonora y doblaje: cumple pero sin destacar
Más que apostar por una banda sonora protagonista, Directive 8020 prefiere dejar respirar el silencio. La música está ahí cuando hace falta, subrayando los momentos de tensión, los enfrentamientos puntuales o las escenas con mayor carga emocional, pero el grueso del trabajo sonoro lo asume el diseño de audio ambiental: el zumbido de los sistemas de la nave, los crujidos del casco, el goteo lejano de algún conducto…
En PS5 se le saca eso sí un excelente partido al altavoz del mando, especialmente durante las comunicaciones por radio entre la tripulación, que llegan tanto por la pantalla como por el DualSense, lo que crea una sensación muy efectiva de estar realmente en contacto con personas dispersas por la nave. Es un detalle pequeño pero que ayuda a incrementar la inmersión.
En cuanto al doblaje al castellano, es uno de esos detalles que siempre se agradecen en un juego de este tipo, tan basado en diálogos. Aquí el trabajo está impecablemente resuelto, con actores y actrices de doblaje muy profesionales y que han sabido interpretar a la perfección sus papeles. Aquí además encontramos algunos actores de renombre, como Lourdes Montes, Sergio Liébana interpretando a Mitchell, Héctor Garay como Williams (os sonará por ser la voz masculina de Fallout 4), o Javier Gámir como el comandante Stafford.
Precio: una propuesta razonable por 50€
Directive 8020 sale al mercado por 49,99€ en su edición estándar, una cifra notablemente por debajo de los 70-80€ que por desgracia ya son habituales en la industria, y esto es algo que ya de entrada lo hace más fácil de recomendar. Una primera partida nos llevará de seis a ocho horas, dependiendo de cuánto nos entretengamos investigando, y teniendo en cuenta que es un juego bastante rejugable, la verdad es que no es una mala inversión por lo que cuesta.
También cuenta con una edición Digital Deluxe, que además del juego incluye un paquete de atuendos, coleccionables (digitales) de The Dark Pictures, un pack de filtros cinematográficos, libro de arte digital y banda sonora digital, por 10 euros más.
Conclusión: un camino correcto pero no exento de tropiezos
Después de una decena de juegos repitiendo prácticamente la misma fórmula, Directive 8020 es lo más parecido a una declaración de intenciones que ha hecho Supermassive desde Until Dawn. El estudio se ha atrevido a salir de su zona de confort, abandona la coletilla de The Dark Pictures en el título y abraza un género (el terror espacial) que le sienta sorprendentemente bien. La premisa, aunque demasiado parecida a Alien, La Cosa o Event Horizon, encaja bien con su modelo de aventura narrativa, y la mecánica de suplantación ha encontrado en esta fórmula su mejor escaparate posible.
Lo más reseñable es que el estudio ha logrado perfeccionar su sistema de decisiones. El árbol de puntos de inflexión, la opción de rebobinar, los rasgos de personaje que condicionan el desenlace y la posibilidad de jugar en modo Superviviente para mantener el componente más punitivo son novedades que, bajo nuestro punto de vista, logran enriquecer la fórmula sin desvirtuarla. A esto se le suma el mejor apartado visual del estudio hasta la fecha, un diseño de la nave que entra por los ojos y un trabajo sonoro que sabe cuándo callarse, que es muy importante en un juego de este tipo.
¿Significa esto que estamos ante un título de sobresaliente? No, desafortunadamente no. Directive 8020 tropieza con su intento de incorporar mecánicas de sigilo, que acaban siendo repetitivas, mal calibradas, y sobre todo demasiado presentes. Las animaciones de los personajes siguen siendo un punto flaco muchas veces, y técnicamente hay algún detalle que denota que el motor gráfico todavía es demasiado pesado para el hardware de las consolas. Son defectos importantes que restan nota, pero no eclipsan ni mucho menos el conjunto.
Con todo, nuestra conclusión es clara: si te gustan los juegos de terror, las aventuras narrativas o el cine que ha inspirado este juego, Directive 8020 merece mucho la pena, especialmente teniendo en cuenta su precio de salida y su rejugabilidad. Si esperabais que Supermassive volviese a sacudir el género como lo hizo en 2015 con Until Dawn, igual os deja un poco fríos. Lo importante es que aquí se vislumbra el camino que el estudio debería seguir, y eso, después de tantas entregas similares, ya es una buena noticia.

