A la hora de comprar un monitor, nos fijamos en muchos datos como la frecuencia, la respuesta, su resolución, o simplemente el tamaño de la misma. Sin embargo, hay que tener cuidado con los números, ya que no siempre demuestran la calidad real de un producto.
Igual que ocurre con una cámara, en la que los megapíxeles no son lo más importante, pero juegan con ellos para intentar dar a entender que sacarás unas fotos brutales, lo mismo ocurre en las pantallas, y hoy veremos cómo hacen para engañarnos en muchas ocasiones.
Datos reales al comprar un monitor
Uno de los mejores ejemplos de esto es el famoso 1 ms de respuesta. Seguro que lo has visto decenas de veces al buscar un monitor gaming, hasta el punto de que parece que, si no tiene esa cifra, ya no merece la pena. La realidad es bastante diferente.
Ese dato suele hacer referencia al GtG (Gray to Gray), que mide cuánto tarda un píxel en pasar de un tono de gris a otro. El problema es que un píxel no siempre realiza la misma transición. No es igual pasar de un gris oscuro a uno claro que hacerlo de negro a blanco, y cada cambio tiene un tiempo distinto. Sin embargo, muchos fabricantes anuncian únicamente la transición más rápida que han conseguido medir, no la media de todas ellas. Es decir, el monitor puede alcanzar ese 1 ms en una situación muy concreta, pero comportarse de forma diferente durante una partida.
Para conseguir esa cifra también entra en juego el llamado overdrive. Sin entrar en demasiados tecnicismos, es una función que «empuja» al píxel para que llegue antes al color que le corresponde. Bien ajustada, funciona muy bien, pero cuando se fuerza demasiado para poder presumir de un tiempo de respuesta espectacular aparecen otros problemas. El más habitual es el overshoot, que hace que el píxel se pase del color correcto y tenga que volver atrás, provocando pequeños halos o estelas alrededor de los objetos que se mueven por la pantalla. Al final eliminas un problema, pero aparece otro.
Luego está el MPRT, otra cifra que también suele verse en las especificaciones y que muchas veces se confunde con el GtG. Aunque ambos se expresan en milisegundos, no miden lo mismo. El GtG habla de la velocidad con la que cambia el píxel, mientras que el MPRT está relacionado con el desenfoque que percibimos cuando una imagen está en movimiento.
De hecho, muchos monitores consiguen un MPRT de 1 ms utilizando técnicas como apagar la retroiluminación durante una fracción de segundo entre imágenes. El resultado puede hacer que el movimiento se vea más nítido, pero también tiene inconvenientes: normalmente se pierde brillo, puede aparecer un ligero parpadeo y, en algunos modelos, deja de ser compatible con tecnologías como FreeSync o G-SYNC.
Por eso no tenemos que quedarnos con el número que vemos en el producto, y es por ello que una pantalla con los mismos «datos» puede valer el doble que otra, ya que realmente sí consiga tiempos de respuesta rápidos en la mayoría de situaciones, y no es una en concreto, algo que usan mucho los fabricantes con las baterías, prometiendo que nuestro portátil tiene una duración de 10 horas, cuando luego comprobamos que no llega ni a la mitad.
