Después de casi 5 años sin un evento que reuniera a la comunidad y sector del videojuego en la capital de España, el pasado 6 y 7 de noviembre en La Nave, se celebró el I Salón del Videojuego de Madrid, un primer evento que pudimos visitar y, por qué no decirlo, disfrutar (y mucho).
Quedan lejos ya las «Madrid Games Week» anteriores a la pandemia que tenían un aire más de «feria» que este I Salón del Videojuego que, en nuestra opinión, esta mucho mejor enfocado para los que realmente aman este entretenimiento… y peinan algunas canas. Lejos de los eventos en los que hay grandes despliegues de las marcas o las últimas novedades, el Salón del Videojuego de Madrid se ha estrenado como una cita que está más dirigida a los coleccionistas, amantes del retro y aquellos que quieren adentrarse en los pormenores de la industria. Es por ello que si estáis buscando un sitio lleno de máquinas con las últimas demos, este no sería vuestro evento.
Padrinos ilustres: Yuzo Koshiro y John Romero
Fueron, sin duda, las estrellas del evento y para disfrute de los presentes no dejaron de pasear por el evento en los dos días que duró. Firmando libros – y cualquier otro objeto relacionado con sus obras y carrera – tanto Koshiro como Romero estuvieron cerca de los visitantes, accesibles y con una sonrisa pese a que, os podemos asegurar, las colas para hacerse una foto u obtener un autógrafo fueron interminables.
El padre de la banda sonora de Street of Rage, además de una zona donde se repasaba su carrera, trajo a la feria su nuevo proyecto, Earthion y fue el que puso el broche final al evento con su DJ Set. Por su parte Romero, además de atender a cualquiera que pasaba por su lado y se quería hacer una foto con él, también participó en diferentes charlas y no se escondió de algunas de las preguntas más indiscretas, como aquella en la que reveló que pese al revés del abandono de Microsoft / Xbox de su proyecto, este sigue adelante con un equipo de más de 110 personas trabajando en él.
El calendario de charlas es, quizás, el punto más fuerte de este evento y lo que le da el valor real a la asistencia los dos días que dura el Salón. Atender a voces consagradas de la industria que hablaron de desarrollos míticos, la situación de la prensa del videojuego o adentrarse en el proceso creativo de un videojuego, es lo que le da sentido a este evento y lo aleja de cualquier otro similar.
Un evento que respiraba nostalgia
Y es que gran parte de la experiencia del Salón del Videojuego de Madrid fue el «retro». En primer logar, con una enorme zona donde se podían probar ordenadores y consolas de casi cualquier época pero, también, con un espacio lleno de Arcades de todo pelaje – tanto clásicas como algunas que nos gustaría poner en nuestra casa y que muestran que el espíritu de los salones recreativos sigue aún vivo -.
El otro espacio era el del coleccionismo con un buen número de puestos donde rebuscar ese cartucho que nos falta o una edición especial de algún juego o accesorio. Y, debemos decir, que pese a la especulación que suele acompañar a este hobby, los precios eran razonables.
Finalmente, no podemos sino señalar la gran presencia de artistas con merchandising y arte inspirado en grandes sagas y con piezas únicas. De nuevo, unos precios razonables para hacer temblar cualquier bolsillo ante la gran cantidad de opciones que había.
Quizás el punto que tiene que mejorar la organización es haber avisado mejor de la propuesta solidaria «Videojuegos por alimentos», que ya es clásica en muchos eventos y que estaba aquí presente. Había piezas realmente interesantes y, encima, llevando algo de comida se ayudaban a los bancos de alimentos pero la mayoría de los asistentes no conocían que iba a estar presente la iniciativa por lo que, al menos en la jornada que nosotros visitamos, no tenía demasiada actividad – quizás el domingo, todo el que repitiera no perdió la posibilidad de ayudar y llevarse a casa algún título interesante -.
Unión de lo clásico con el talento joven
Una parte que también era realmente interesante fue la que preparó UTAD con muchos de sus alumnos que ya tienen un proyecto final de su primer videojuego. No sólo por poder probar, quien sabe, futuros indies de éxito sino por charlar con los creadores que, atentamente, seguían – y hasta sufrían – a quien probaba sus títulos. Sin duda, una de las partes más interesantes donde probar nuevas ideas y reinvenciones de clásicos con nuevos aires.
¿Se repetirá el año que viene?
Como todas las primeras ediciones de un evento, es probable que hayamos estado presentes en la más interesante y más cómodas. La que tenía los invitados más cerca del público, una asistencia que los organizadores han tildado de excelente pero que no masificaba el recinto y permitía disfrutar de todas sus zonas sin agobio. Muchos, es probable, que no se hayan enterado de la celebración del evento y, quizás, con la repercusión tan positiva que está teniendo, el año que viene no se lo pierdan. Y solo esperamos que no muera de éxito y vuelva a repetir una edición tan interesante (o más) como la de este año en la que todo el que se pase por La Nave – si es que repite sede – pueda disfrutarla tanto como este año hemos podido los que hemos ido.
