Juego de Tronos ha sido, sin lugar a dudas, la serie más importante de la televisión en lo que va de siglo. Ha redefinido -como hizo en su día El Señor de los Anillos– el género de la fantasía épica para el gran público. Y con todo el dinero y el fandom que ha generado, resulta complicado explicar por qué no cuenta con un gran juego a la altura de las expectativas.
Mientras que otras franquicias como Harry Potter o El Señor de los Anillos sí que han gozado de adaptaciones de gran presupuesto y con buen recibimiento por parte de los jugadores, la obra de George R.R. Martin parece estar predestinada a jamás triunfar en la industria de los videojuegos de gran presupuesto.
Es cierto, hemos visto títulos como las narrativas de Telltale Games que no lo hicieron mal. O desastrosos juegos de móviles que usan la imagen de Poniente para intentar atrapar jugadores. Pero el mercado jamás ha recibido un juego con el verdadero potencial que puede albergar el Trono de Hierro.
Un historial de lanzamientos que no ha estado a la altura
La realidad es que no podemos decir que los 7 Reinos no se hayan intentado llevar a la consola. Pero si se ha hecho, normalmente ha sido un fracaso estrepitoso. Desde el RPG lanzado en 2012 por Cyanide, que sufría de un apartado técnico muy pobre, hasta la aventura gráfica de Telltale Games (interesante en narrativa, pero no en la épica de sus batallas), la sensación constante es de oportunidad perdida.
El último y sonado caso ha sido el del título «Game of Thrones: Kingsroad«, que a pesar de intentar ensalzar «lore» y «virtudes» con su tráiler, la jugabilidad ha estado de lejos de alcanzar un nivel aceptable. Y parece que sufre del mismo mal que asola a todos los títulos que nacen de este universo: falta de desarrollo y mimo para competir con gigantes del género como, por ejemplo, The Witcher 3.
Además, también se han centrado en el mercado de dispositivos móviles con modelos de microtransacciones que no hacen sino restar cualquier experiencia positiva. Por lo que al final los juegos no son más que «rostros» que se adhieren a mecánicas jugables ultracomerciales y agresivas con el bolsillo del usuario. Por lo tanto, cualquier nuevo anuncio de futuro juego bajo la marca de Game of Thrones se convierte directamente en escepticismo y dudas por parte de los fans.
El desinterés de Warner Bros por el gaming
La segunda gran barrera para la creación de un triple A de este mundo es la gestión de sus derechos. Warner Bros es la propietaria de cualquier producto oficial de GOT. Y durante estos últimos años, la dirección de la compañía no ha apostado por su división de juegos. De hecho, parece que se encuentra en un bucle de reestructuración interna y cambios de foco sin rumbo. Algo que ha hecho que juegos tan excelentes como la saga de Batman o Sombras de Mordor queden ancladas en el pasado. Nada de nuevos juegos de la franquicia.
A diferencia de lo ocurrido con Hogwarts Legacy, donde Warner puso toda la carne en el asador por un desarrollo de largo recorrido, Juego de Tronos parece venderse al mejor postor. Aunque la calidad sea algo muy secundario para el estudio de turno. Si a ello añadimos que la compañía también ha optado por la visión de «juegos como servicio», cualquier idea brillante sigue guardada en un cajón con cada vez más polvo.
Los Siete Reinos tienen potencial para ser el escenario de uno de los mejores juegos de la historia, sin duda. Pero sin una inversión clara y una visión creativa que entienda que Juego de Tronos requiere tiempo y buen hacer, Poniente seguirá siendo una idea legendaria en una industria triple A ausente.
