La compañía Genesis AI ha enseñado al mundo su último robot, entrenado con IA y con funciones que, hasta ahora, no habíamos visto en ellos, como es tocar el piano o cascar un huevo, que, pese a no ser lo más útil que podemos esperar de una máquina, hace gracia verlo.
Y es que, esto nos demuestra, que, en un futuro, un robot podría llegar a ser un asistente personal en cualquier hogar, desde entretenerlos escuchando cómo toca una canción, hasta que pueda cocinarnos algo, sin tener que hacerlo nosotros (pese a que falta todavía mucho para que sean funcionales al 100%).
¿Un robot que hace de todo?
Lo que llama la atención de este tipo de avances, no es que consigan romper un huevo, sino cómo logran que, un simple robot, sea capaz de realizar órdenes a nuestro antojo, y que replican, cada vez mejor, a un ser humano, pese a que falte mucho para que sean perfectos. El modelo GENE-26.5, junto con su mano robótica, es un primer paso hacia ello.
En las pruebas, el robot es capaz de gestos que requieren mucha sensibilidad, como romper un huevo sin aplastarlo por completo o moverlo con cuidado entre los dedos (aunque la tasa de acierto ronda el 60-70% en tareas difíciles). También ejecuta acciones más complejas, como coordinar ambas manos o seguir el ritmo de una pieza sencilla al piano. Lo llamativo aquí no es que lo haga perfecto, sino lo bien que empieza a controlar movimientos pequeños y delicados, algo que hasta hace no mucho era muy complicado en robótica sin programarlo todo al detalle, ya que se basaban más en acciones generales, como simplemente pasear o saltar un obstáculo.
Detrás de esto hay modelos de inteligencia artificial entrenados con grandes cantidades de datos de interacción humana, combinados con simulaciones. La idea es que el sistema no “memorice” cada movimiento, sino que aprenda patrones que luego pueda reutilizar. Eso es lo que permite que una habilidad aparentemente simple, como sujetar algo delicado, pueda llegar a evolucionar a tareas completamente diferentes y más complejas.
Aun así, no hay que imaginarlo como un asistente doméstico que nos haga todo lo de la casa sin problemas. Este tipo de sistemas todavía depende mucho del entorno en el que se prueban y de condiciones bastante controladas. Si cambian demasiadas variables (la luz, la forma de un objeto o incluso su textura) puede que no consiga completar la acción, por lo que no podríamos llevarlo a nuestra casa y que tocase nuestro piano, por ejemplo. Además, tardas más en darle el huevo para que te lo rompa, que en hacerlo tú mismo, por lo que no es realmente funcional ahora mismo.
Pero sí que empezamos a ver ya robots menos rígidos, más humanos, que no solo ejecutan órdenes, sino que “aprenden a moverse” en situaciones nuevas para las que tampoco han sido exclusivamente diseñados, sino que lo han ido aprendiendo ellos. Si todo esto continúa, es fácil imaginar un futuro en el que estas máquinas no sean solo herramientas especializadas, sino una especie de ayuda en casa o en entornos de trabajo, con habilidades que recuerdan cada vez más a las nuestras, aunque todavía estén lejos de igualarlas. Es cierto que podrían reemplazar a mucha gente en puestos de trabajo (como ya estamos viendo), pero también mejorar muchos ámbitos de nuestras vidas.
