Microsoft lleva varios años transformando Xbox en un ecosistema híbrido: una plataforma que tiene mucho de consola, parte de nube y todo de servicios multiplataforma con suscripciones como Game Pass y xCloud. Además, las últimas generaciones han incorporado hardware flexible, actualizaciones vía firmware y soporte para accesorios que han ido avanzando con cada nueva mejora. Y todo apunta a que la evolución oficial podría culminar en un sistema aún más versátil que integre adaptabilidad con un hardware variable.
Según informan algunos medios, en lugar de algo cerrado, con especificaciones definidas, Microsoft buscaría un modelo donde las especificaciones puedan ajustarse según las necesidades del usuario o del juego. Esto convertiría a la próxima Xbox en una mezcla entre una consola al uso y un PC modular, en el que distintas configuraciones ofrecieran diferentes niveles de rendimiento gráfico (o VRAM) según el objetivo del título.
¿Una futura Xbox a medida?
Según esos informes de los que se hace eco Bloomberg, la próxima generación de Xbox (cuyo nombre en clave sería Project Avalon) podría ofrecer hardware configurable mediante módulos internos o externos basados en, por ejemplo, GPU de poner y quitar, configuraciones de almacenamiento opcional, e incluso en nube híbrida y la posibilidad de seleccionar entre modos de ahorro energético o rendimiento extremo. Este enfoque se asemeja más a la versatilidad de un PC que a una consola tradicional.
Un punto relevante de esta revelación es que Xbox podría ofrecer múltiples SKU (consolas de desarrollo para estudios que ya podrían trabajar en la nueva generación) de hardware compatibles entre sí: una base económica para juegos menos exigentes con ray-tracing limitado y otra con GPU ampliada, memoria y CPU reforzada para experiencias 4K o realidad mixta. Todo dentro de una arquitectura unificada que permitiría ejecutar cualquier juego, sin diferenciar el catálogo ni desactivar funciones en versiones más básicas.
Los analistas destacan que el enfoque modular permitiría que futuros servicios como la nube local o accesorios Plug-and-Play (por ejemplo, módulos de IA o VR) se integren sin cambiar toda la consola. El modelo también permitiría que Microsoft lance actualizaciones que mejoren el rendimiento sin reemplazar hardware, un camino intermedio entre generación fija y PC con actualizaciones a la vieja usanza.
Se espera que esta consola sea un salto más allá de las Xbox Series X|S e incluso de los dispositivos móviles como los de Asus, las ROG Ally X: si bien esos ya ofrecen la idea de un Windows 11 portátil con GPU integrada y de cierta capacidad, la futura Xbox modular daría flexibilidad en especificaciones dentro de una plataforma completamente cerrada y optimizada directamente por Microsoft.
El modelo ofrece algunas ventajas: por ejemplo, la posibilidad de actualizar componentes a futuro según las necesidades, adaptabilidad para diferentes regiones y, lo más importante, soporte durante años sin tener que definir generaciones enteras. También facilita un soporte backend más eficiente y evita la obsolescencia programada que suele definir la vida útil de una consola tradicional. Aunque dudamos que Microsoft, de repente, quiera dar ese paso contracorriente.
