En los últimos dos años, los SSD externos USB4/Thunderbolt han alcanzado un nivel de rendimiento impresionante, con picos teóricos de hasta 40–80 Gbps, lo que se traduce en transferencias cercanas a los 3.000–4.000 MB/s, algo impensable hace tiempo.
Sin embargo, esto tiene un problema, y es que, pese a llegar a esas cifras, el calor hace que no puedan mantenerlas, y sean solo picos puntuales, lo que nos hace pensar más en los SSD externos, pero con ventilación activa, los cuales, al enfriar más el sistema, pueden conseguir que aguante más sin perder velocidad, pero, ¿merece la pena el ruido que hacen?
¿Por qué un SSD con ventilación hace tanto ruido?
El problema principal en estos SSD externos tan rápidos es que, cuando empiezan a trabajar a tope, se calientan bastante. Cuando lo conectas, va bastante bien, ya que compruebas el disco y ves velocidades altísimas, casi de “laboratorio”. Pero después de unos minutos copiando archivos grandes, el calor empieza a hacer de las suyas. Y ahí es cuando el rendimiento baja, a veces de forma bastante notable. No es raro pasar de unos 3.800 MB/s a menos de 1.800 MB/s si el SSD no consigue disipar bien el calor.
Para evitar esto, algunos fabricantes han empezado a meter ventiladores pequeños dentro de las propias carcasas o sistemas de refrigeración. La idea es sencilla, mantener el SSD más fresco para que no tenga que “frenarse” cuando se calienta demasiado. En pruebas reales, estos sistemas no eliminan el problema por completo, pero sí ayudan bastante a retrasarlo y a mantener velocidades más estables cuando estás copiando muchos gigas seguidos, como en vídeos 4K o proyectos pesados de edición. En algunos casos, la mejora puede ser bastante notable frente a modelos sin ventilación, aunque depende mucho del lugar donde se realice, pues no será lo mismo en un sitio en el que ya haga calor de por sí, que en otro lugar más fresco, pues al final la temperatura ambiente también es importante.
Ahora bien, la gran duda es si compensa el ruido. Y aquí depende mucho del uso que le des. Si trabajas en un entorno de escritorio, editas vídeo o haces transferencias grandes de vez en cuando, el ventilador puede escucharse, pero normalmente no es molesto, y a cambio evitas que la velocidad caiga a mitad de la copia. En cambio, si solo lo usas para tareas ligeras o en un sitio silencioso, probablemente ni siquiera llegues a calentar el SSD lo suficiente como para notar diferencia, así que el ventilador aporta poco.
También hay que tener en cuenta algo importante, no todo el bajón de rendimiento se debe al calor. Muchos SSD externos también sufren cuando se llena su caché interna, y eso puede hacer que la velocidad caiga incluso aunque estén fríos. O sea, que la ventilación ayuda, pero no arregla todos los problemas.
En resumen, la refrigeración activa en estos SSD ultrarrápidos no es magia, pero sí puede ser útil en casos concretos. Sirve sobre todo cuando estás moviendo archivos muy grandes durante bastante tiempo, porque evita que el rendimiento se desplome a mitad del proceso. A cambio, tienes más ruido y algo más de consumo, por lo que dependerá mucho de tus necesidades, y del tipo de dispositivo que compres, pues no todos son iguales. Lo que está claro es que ayuda, y mucho, que no se calienten tanto.
