Además del rendimiento, ¿qué ventajas aporta un SSD a tu PC?

Los SSD están en boca de todo aficionado al hardware, e incluso los usuarios menos duchos saben bien que un SSD entrega un rendimiento muy superior al de un disco duro tradicional. No obstante, no solo es un mejor rendimiento lo que un SSD tiene frente a un disco mecánico así que, ¿qué otras ventajas aporta un SSD? Vamos a verlo a continuación.

Muchas veces hemos dicho que sustituir un disco mecánico por un SSD es la mejor actualización que se le puede hacer a un PC para mejorar el rendimiento, ya que se acelera enormemente la carga y el procesamiento de prácticamente cualquier tarea. Hoy en día los SSD ya se han establecido en el mercado como la elección predilecta en casi cualquier PC por este motivo, pero son muchas otras las ventajas que proporciona, así que vamos a verlas.

SSD frente a disco duro: todo son ventajas salvo el precio

El tema del rendimiento ya es más que sabido, pues incluso un SSD SATA 3 de los más económicos proporciona entre 3 y 5 veces más rendimiento que el mejor disco duro mecánico, mientras que los SSD NVMe de última generación pueden llegar a proporcionar, ojo al dato, hasta 40 veces más rendimiento que un disco duro mecánico.

Y precisamente que sea mecánico implica que estos discos tienen partes móviles (los platos giratorios y el cabezal con un brazo móvil), lo cual necesariamente genera ruido, mientras que un SSD es absolutamente silencioso. Ahí tenemos la primera ventaja adicional: un SSD no hace ruido mientras que un disco duro convencional sí que lo hace, y en algunos casos es de hecho bastante notable hasta el punto de que puede llegar a resultar molesto.

Mucho se habla de la durabilidad de los SSD, algo que ciertamente era una preocupación en los inicios de esta tecnología pero que hoy en día está más que superado. Los discos duros tradicionales, al tener partes móviles, sufren desgaste y en la actualidad la tasa de fallos de un disco duro está varios enteros por encima de la de un SSD, así que en realidad un SSD tiene una vida útil superior a la de un disco duro, al menos estadística y teóricamente.

Con una utilización normal (en un PC gaming son 30 GB de escritura al día) un SSD convencional de gama de entrada puede durar más de 30 años funcionando, mientras que cuando hablamos de discos duros tradicionales resulta bastante raro que alcancen los 10 años de vida en buen estado y sin haber dado síntomas de que van a comenzar a fallar (de hecho la media de vida en una utilización 24×7 de los discos mecánicos se sitúa en unos 5 años nada más). Hoy en día un SSD tiene una durabilidad superior a la de un disco duro mecánico, y más todavía si hablamos de sistemas que están encendidos las 24 horas del día.

La tercera ventaja que proporciona un SSD frente a un disco duro convencional, y siguiendo con el hilo de las partes móviles, es que es mucho más resistente a golpes y movimientos violentos. En la antigüedad, cuando todo el mundo tenía discos mecánicos en su PC, no era infrecuente que le diéramos una patada sin querer a la caja del PC si ésta estaba en el suelo, lo cual provocaba un cuelgue en el sistema porque el cabezal del disco duro se había movido y leído un sector que no era, provocando el fallo. Con un SSD esto no sucederá nunca, ya que carece de partes móviles y su resistencia a impactos es mucho mayor.

Por supuesto, otra de las ventajas que proporciona un SSD es el consumo energético, que es bastante inferior al de un disco duro tradicional. Cierto es que el consumo de ambos tipos de unidades de almacenamiento no va a suponer un ahorro exagerado en la factura eléctrica, pero si tienes el PC encendido 24×7 y tienes varias unidades, al final sí que se nota.

Por otro lado, este menor consumo también incide en una menor temperatura de funcionamiento, si bien es cierto que los SSD en formato M.2 y con interfaz PCIe sí que se calientan más que los discos mecánicos y en muchos casos necesitan tener disipadores pasivos para evitar los efectos del thermal throttling. En cualquier caso no es la tónica habitual y esto solo sucede en modelos de alto rendimiento, ya que la realidad es que la enorme mayoría de SSD del mercado apenas se calientan y no necesitan disipador.

La relación precio por capacidad ya apenas es una desventaja

En los tiempos que corren, con los SSD ya copando casi toda la cuota de mercado en los PCs modernos, la relación precio por GB de capacidad sigue siendo la mayor de las desventajas con respecto a los discos duros mecánicos. Esto sigue estando presente en las unidades de estado sólido más modernas, con interfaces ultra rápidas y de grandes capacidades, pero está dejando de ser ya así en las unidades SATA 3, que se han asentado como la «gama de entrada» en cualquier PC.

ADATA GAMMIX SSD

Así, un disco duro de PC de sobremesa como puede ser un WD Blue de 4 TB tiene un precio de unos 103 euros, es decir, su relación de precio por capacidad es de 0,0025 euros por GB. Si nos vamos a un SSD SATA 3 de 1 TB de gama de entrada, como un Crucial BX500, cuesta unos 110 euros, con una relación de 0,10 euros por GB, una diferencia bastante notable pero que aun así, va acortando distancias.

Sigue, efectivamente, siendo la mayor desventaja ya que por menos de lo que compras un SSD de 1 TB puedes comprar un disco mecánico de 4 TB. Además, los SSD de más de 2 TB todavía tienen precios bastante prohibitivos, incluso en modelos de gama de entrada (no digamos los de gama alta). Esta tendencia no obstante ha ido cambiando a lo largo del tiempo y en la actualidad ya es posible adquirir un SSD de 1 TB por menos de 100 euros, y los modelos de mayores capacidades comienzan a tener precios cada vez un poco menos prohibitivos.