¿Por qué los gamers profesionales prefieren 1080p antes que 4K?

El mundo del gaming es muy amplio y cada usuario tiene sus preferencias, pero cuando hablamos del mundo profesional y más específicamente de los gamers profesionales de los eSports suele haber un denominador común: prefieren jugar a resolución 1080p antes que a mayores resoluciones, como el 4K. ¿Por qué es esto así? En este artículo te lo contamos con todo lujo de detalles.

Es bastante frecuente ver gamers profesionales e incluso streamers que reducen la resolución de los juegos a 1080p, e incluso relajan los ajustes gráficos en pos de obtener un mayor rendimiento, ¿tan importante son los FPS en el gaming competitivo? ¿No sería mejor tener un hardware más potente capaz de mover los títulos a resolución 4K y más FPS en lugar de conformarse con 1080p?

Resolución 1080p vs 4K en gaming, ¿qué es mejor para jugar?

Cuando estás viendo una serie o película, o si estás en un juego de un solo jugador en el que quieres disfrutar de los detalles de los escenarios y efectos especiales, obviamente la mayoría de los usuarios escogería una mayor resolución y con los ajustes gráficos al máximo aunque para ello deban sacrificar algo de rendimiento. Sin embargo, en el gaming competitivo siempre se dice que hasta el último FPS cuenta pero, ¿por qué es esto así?

1080p vs 4K

Realmente, a efectos prácticos tampoco hay «tanta» diferencia en cuanto a calidad cuando juegas a 1080p vs 4K siempre y cuando mantengas los ajustes gráficos, pero como ya supondréis un gamer profesional no juega para pasárselo bien (o no solo para eso) o para disfrutar, sino que juega para ganar. Y en los juegos competitivos siempre se ha dicho que hasta el último milisegundo de latencia cuenta, y efectivamente eligen jugar a menos resolución por temas de latencia.

La latencia y el rendimiento, la diferencia entre ganar y perder

Cuando juegas a mayor resolución estás obligando a la tarjeta gráfica a renderizar una enorme cantidad de píxeles cada segundo; para que te hagas una idea, la resolución 1080p contiene 2.073.600 oíxeles, así que renderizar un juego a resolución 1080p a 60 FPS requiere que la gráfica renderice casi 124,5 millones de píxeles cada segundo. Si elevamos la resolución a 4K (3840 x 2160), se renderizan 8.294.400 píxeles por cuadro, que a 60 FPS son más de 497,6 millones de píxeles por segundo, literalmente cuatro veces más.

Esa carga adicional en la tarjeta gráfica hace que, obviamente, el rendimiento se vea resentido y que en muchas ocasiones la gráfica no sea capaz de mantener una tasa de imágenes por segundo que se sincronice con la frecuencia de refresco del monitor, por lo que se producen «bajones de FPS» y los efectos de tearing y stuttering. Cuando cada milisegundo cuenta quieres tener la mayor tasa de cuadros por segundo posibles y un monitor con la mayor frecuencia de refresco, porque si en un segundo ves 240 imágenes (240 Hz) la latencia entre cuadros será mucho menor que si ves 60.

FPS en juegos

A los usuarios «de a pie» nos puede parecer algo imperceptible, pero los profesionales están entrenados para tener unos reflejos muy superiores (y esto está avalado por estudios científicos, no lo decimos nosotros) y una diferencia de apenas unos milisegundos en la renderización de los cuadros por segundo puede suponer la diferencia entre acertar un disparo o fallarlo. En la imagen de arriba podéis ver la diferencia de dónde está apuntando la mirilla en cada caso, como ejemplo.

¿Y por qué modifican los ajustes gráficos?

Obviamente, si relajas los ajustes gráficos estás sometiendo a menor carga a la GPU y será capaz de generar una mayor tasa de imágenes por segundo, pero también tiene otro componente que es, quizá, menos ético pero igualmente válido en el entorno competitivo: te da mayor visibilidad. Un ejemplo claro lo tenemos en PUBG, donde al bajar al mínimo los ajustes gráficos elimina maleza del entorno, y donde un enemigo piensa que está escondido, en realidad le estás viendo.

PUBG ajustes

Así pues, relajar los ajustes gráficos tiene un doble beneficio para un gamer profesional, porque por un lado se mejora el rendimiento y por otro les da una mayor visibilidad y menos distracciones.

Ahora bien, debes tener en cuenta que esto sucede en el gaming competitivo, porque si lo piensas bien el jugar a una resolución baja y con los ajustes gráficos al mínimo desde luego no te va a dar una buena experiencia de juego que digamos, pero como hemos mencionado antes, un profesional juega para ganar, no para pasárselo bien o disfrutar.