Intel no lleva demasiado tiempo en el mercado de las tarjetas gráficas dedicadas, pese a que la marca tiene experiencia en gráficos integrados, no cuentan con muchos modelos dedicados. Pero con la llegada de versiones como la Arc B580 dejaron claro que son capaces de ofrecer una gran relación calidad-precio, y esto también se extiende a los modelos de perfil bajo gracias a la Arc Pro B50.
Por lo general las tarjetas de vídeo que se diseñan para workstations tienen como objetivo ofrecer un mayor rendimiento en programas orientados a la producción, no para el gaming. Aunque estas versiones pueden funcionar con ambos propósitos, las limitaciones que encontramos en términos de drivers pueden crear problemas en juegos. En el caso de Intel conocemos que uno de los puntos negativos que han tenido sus gráficas dedicadas desde que llegaron al mercado eran precisamente los controladores que ofrecen, algo que han ido corrigiendo con el paso de los meses y que actualmente ofrecen una experiencia optimizada.
Es por ello que al aplicar estos drivers a un modelo como el Arc Pro B50 encontramos que es una tarjeta gráfica con un rendimiento más alto del que podemos imaginar para gaming, y todo esto en un componente que ocupa tan solo dos slots con un largo de 167 mm.
Una gráfica que no está diseñada para gaming rinde mejor que los modelos de otras marcas
Siempre que se lanza una GPU nueva lo primero que se suele hacer es probarla en gaming ya que al ser una de sus usos más extendidos (y más exigentes), permite a los usuarios tener un buen conocimiento sobre qué modelos son los mejores en relación calidad-precio. En el caso de las gráficas de Intel encontramos que la B580 se ha convertido en una de las opciones avanzadas gracias a que ofrece más VRAM que las soluciones de AMD e Intel, por un precio más bajo, lo que la convierte en un modelo óptimo para jugar a 1080p con gráficos altos en una variedad de juegos, pero con una limitación general de 60 FPS (como sucede con los modelos de otras marcas).
Aun así encontramos que el fallo de este modelo está en la poca compatibilidad que tiene con sistemas de menor tamaño ya que tiene una longitud de 272 mm. Por este motivo creadores de contenido como ETA Prime han estado buscando qué modelo puede mejorar las capacidades para mini PC de esta gráfica, y precisamente encontramos que es otro modelo de Intel el que lo consigue. En este caso estamos hablando de la Arc Pro B50.
Durante el vídeo podemos ver cómo ETA Prime comprueba la utilidad que tiene esta tarjeta gráfica combinada con un hardware de alta gama como es el caso del procesador Ryzen 7 9800X3D, demostrando que en muchos juegos es una opción a tener en cuenta. En Cyberpunk 2077 por ejemplo vemos que logra sobrepasar los 70 FPS con los gráficos en ultra y la tecnología XeSS en el preset de «Calidad». En otros títulos como Doom The Dark Ages la diferencia con modelos como la RTX 5050 o la RX 9060 que tienen 8 GB es todavía más grande ya que vemos que la limitación para alcanzar los 60 FPS no está en la potencia, sino en la VRAM.
Con el ajuste gráfico en «Ultra» y la tecnología XeSS en «Equilibrado» también consigue 70 FPS estables, algo que en los modelos de NVIDIA y AMD no conseguiríamos ya que el juego consume 10 GB de VRAM con estos ajustes. La falta de VRAM causaría stuttering y crasheos entre otras cosas, causando una peor experiencia de juego.
A pesar de ser un modelo diseñado para estaciones de trabajo por su escalabilidad, al tratarse de un modelo de perfil bajo compatible con configuraciones gaming de bajo presupuesto, cualquiera puede comprarla a través de los canales de distribución habituales como, por ejemplo, Amazon o PcComponentes donde la podemos encontrar por 377 euros.
