Aunque esto no es algo nuevo, pues llevamos años con el mismo problema, durante los últimos meses parece que se habría incrementado, y que el número de tarjetas microSD falsas, así como otras unidades de memoria como los pendrives, se venderían de forma habitual a personas que creen que están comprando algo mejor.
A la hora de irnos a por un dispositivo de este estilo, buscamos cierta cantidad de memoria, como 1 TB (algo ya bastante grande), pero cuando la recibimos, nos damos cuenta de que es falso, y una vez que pasamos los 64 GB, no hay más espacio, habiendo caído en un engaño.
Tarjetas microSD falsas por todo internet
Lo peor de todo es que a simple vista es prácticamente imposible saber que nos han engañado. Conectamos la tarjeta al ordenador, vemos que pone que tenemos 1 TB libres y pensamos que todo está bien. El problema aparece cuando empezamos a llenarla.
Estas tarjetas suelen tener mucha menos memoria de la que indican. Por ejemplo, pueden vendernos una supuesta microSD de 1 TB cuando en realidad dentro solo hay 64 GB. Mientras no pasemos de esa cantidad, probablemente funcione con normalidad y no notemos nada raro. El lío llega cuando seguimos metiendo archivos.
A partir de ahí, los datos pueden empezar a sobrescribirse, algunos archivos pueden corromperse y otros directamente desaparecer. Y claro, si hemos utilizado esa tarjeta para guardar fotos, vídeos o documentos importantes, podemos llevarnos un buen susto cuando queramos abrirlos y descubramos que están dañados.
Esto se consigue haciendo que el sistema reconozca una capacidad que realmente no existe. Por eso no sirve simplemente con conectar la tarjeta y mirar cuánto espacio tiene. Si el propio sistema está siendo engañado, nos va a mostrar esa capacidad falsa como si fuera real.
Una forma bastante sencilla de comprobarlo es utilizar programas como H2testw. Este tipo de herramientas llenan la tarjeta con datos y después comprueban si todo lo que hemos escrito se puede leer correctamente. Si la tarjeta solo tiene 64 GB reales y nos la han vendido como una de 1 TB, la prueba acabará dejando claro que algo no cuadra. También hay una pista bastante evidente que nos puede hacer sospechar, y es el precio.
Si vemos una tarjeta de 1 TB a un precio ridículamente bajo, probablemente no estemos ante el chollo del siglo. Puede que directamente estemos comprando una tarjeta falsa. Y esto también ocurre con pendrives, discos SSD externos y otros dispositivos de almacenamiento.
Además, ya no vale con mirar simplemente el diseño de la caja. Los vendedores normalmente copian el aspecto de productos de marcas conocidas y hacen que, al menos por fuera, parezcan completamente originales, siendo algo que apenas les cuesta trabajo, y consiguiendo que nos lo creamos mucho mejor.
Por eso, si necesitamos una tarjeta para guardar cosas importantes, merece mucho más la pena comprarla en una tienda fiable y comprobar su capacidad real. Ahorrarnos unos euros en una tarjeta de memoria puede acabar saliendo bastante caro si después perdemos todos los archivos que teníamos guardados dentro. Es por ello que, sea adquirida en un sitio u otro, lo mejor es probar primero a meter cientos de GBs que no nos importen para ver si realmente los guarda, o llega a producirse un error.
