Durante décadas, hemos visto cómo los juegos han evolucionado, sin embargo, siempre ha sido a base del nuevo conocimiento y experiencia de los programadores, así como de las mejoras tecnológicas, algo que podría cambiar durante los próximos años.
Y es que, la llegada de las IA ha revolucionado el sector, ya que ahora no depende tanto de saber programar, sino de decirle, a una inteligencia artificial, tu idea, y cómo quieres que la reproduzca, y estas, de mejor o peor forma, lo acabarán consiguiendo.
¿Cómo serán los juegos si los hace una IA?
La idea de la inteligencia artificial en los videojuegos es que hacer un juego sea mucho más fácil. Antes necesitabas saber programar, usar motores complejos y tener años de experiencia. Ahora, en teoría, podrías simplemente decir algo como: “quiero un juego de aventuras en un mundo medieval donde el personaje pueda construir su propio castillo”, y la IA lo iría creando. Además del ahorro en cuanto a dinero que supone todo eso, pues la mayoría de personas no se podían permitir algo complejo.
Esto es bueno porque más gente podrá hacer juegos. Personas con ideas, pero sin conocimientos técnicos, por fin pueden probarlas. Sería como pasar de necesitar ser un profesional para hacer cine, a poder hacer un corto solo con una idea clara. Pero aquí viene el problema.
Si todo el mundo usa la IA para hacer juegos, muchos pueden empezar a parecerse entre sí. No porque la gente tenga las mismas ideas, sino porque la IA tiende a hacer las cosas de una forma “correcta” o “segura”. Y lo seguro muchas veces es repetitivo. Puede que, con el tiempo, estas mejoren, y piensen más como un humano, pero, por ahora, no funcionan así.
Además, los juegos no son solo lo que ves en pantalla. También tienen algo personal del creador: decisiones raras, errores que terminan siendo parte del encanto, estilos únicos… cosas humanas. Si la IA hace casi todo, ese “toque personal” puede perderse. El típico easter egg, o un error que acaba siendo gracioso, puede que no lo volvamos a ver, al menos no de la misma forma.
Por ejemplo, dos personas pueden pedirle a la IA un juego de plataformas. Aunque tengan ideas distintas, el resultado podría acabar siendo muy parecido, porque la máquina se basa en patrones que ya conoce, y pese a que el diseño será diferente, pues le puedes pedir personajes o misiones totalmente opuestas, las mecánicas y el estilo serán similares.
Entonces aparece la gran pregunta: ¿ganamos libertad o perdemos personalidad? La respuesta probablemente está en medio. La IA puede ayudar muchísimo a crear (sobre todo ahorrando tiempo en tareas repetitivas), pero si se usa para hacerlo todo, los juegos pueden volverse más fáciles de producir… pero también más difíciles de diferenciar entre sí, por lo que veremos qué ocurre, ya que muchos desarrolladores no perderán horas de trabajo si la IA va a hacer lo mismo en segundos, pese a que sea algo más «general», y no tan propio, sobre todo porque otras personas sí que lo harán así y podrán crear mucho más en menos tiempo.
