En la época en que nos encontramos, acumular juegos en nuestra biblioteca podría ser una buena noticia para cualquier jugador. De hecho, tener una biblioteca enorme es sinónimo de variedad y, normalmente, de un ahorro bien aprovechado en rebajas. Una tendencia que, en teoría, debería asegurarnos tener títulos a los que jugar siempre que busquemos. Sin embargo, es una idea que se está volviendo en contra de muchos jugadores.
Si echamos la vista atrás, tenemos un montón de ofertas, bundles, juegos gratis, suscripciones a catálogos gigantescos y lanzamientos que no paran de multiplicarse. Pero, curiosamente, cada vez es más difícil sentir que uno mismo disfruta de su colección sin sentir la presión de la industria. Lo que bien podría ser abundancia más bien comienza a ser una lista interminable de tareas.
Una situación bastante común en PC y consolas que disponen de PS Plus o Game Pass. Con un buen repertorio de catálogos digitales. Existen varios análisis sobre bibliotecas de Steam que nos dicen que una parte importante de los juegos que compramos nunca se llegan a jugar. Básicamente, la industria nos facilita que compremos más, pero no que juguemos mejor: el backlog infinito.
Tenemos más juegos que nunca, pero no los disfrutamos
El backlog no nace solo de comprar mucho. De hecho, son varios factores que se retroalimentan entre sí. Por un lado, Steam y el resto de tiendas digitales han estandarizado un modelo en que podemos adquirir juegos muy rápido y con suculentas ofertas. A lo que hemos de añadir la existencia de servicios de suscripción como Game Pass o PS Plus. Catálogos que refuerzan la sensación de que siempre hay un nuevo título por llegar. Incluso aunque los jugadores no podamos avanzar en el título que estemos jugando.
Y, como siempre, los números aportan datos al contexto. Un análisis publicado por GameDiscoverCo a partir de datos de Steam nos dice que, de media, el 32,7% de los juegos de una biblioteca se quedan sin jugar. Y que el usuario medio deja sin tocar el 51,5% de los juegos que tenga su colección. A esto hemos de sumar otra estimación más que llamativa, y es que el valor de los juegos que los jugadores compran pero que nunca inician ronda los 19.000 millones de dólares en Steam. Por lo que hay una conclusión que es difícil de ignorar: una distancia enorme entre lo que compramos y lo que jugamos.
El backlog infinito también satura la mente
Tampoco hemos de dejar de lado otro hecho menos visible, pero incluso más importante. El backlog contribuye a la saturación mental. El exceso de opciones puede generar parálisis a la hora de decidirse por un juego, reducir la satisfacción una vez que hemos elegido y suponer que sea más probable abandonar un juego. Precisamente por este motivo, mucha gente tarda más en elegir a qué jugar realmente, o por qué acaba siempre recurriendo a sus títulos de confianza mientras su biblioteca no deja de crecer.
Un concepto que se complica todavía más si tenemos en cuenta el peso de los «juegos para siempre», que no son más que los juegos como servicio. Títulos que jamás se terminan, como Fortnite, Apex o League of Legends, y que siempre están cambiando de temporadas, nuevas expansiones y eventos. Como resultado, tenemos un mercado diseñado para jugar a prácticamente lo que queramos, pero nos lleva a una actitud psicológica que no siempre lleva bien el exceso de atención. Si nos llegan a decir hace años que poder jugar a 100 juegos a la vez iba a ser un problema, no nos lo hubiéramos creído.
