Sabemos que odias el juego en la nube pero al final tendrás que pasar por el aro

Sabemos que odias el juego en la nube pero al final tendrás que pasar por el aro

José Luís Sanz

¿La nube? ¿Quién necesita guardar sus archivos en un servidor a cientos de kilómetros de su casa? Mejor un disco duro, de muchos gigas, para tenerlo físicamente y que nadie más pueda acceder a él. Cosas así se decían de servicios como Dropbox hace más de una década y no hará falta decir lo que supone ahora la tecnología cloud en nuestras vidas. La pregunta correcta en 2022 sería, sin duda, si alguien cree que «el juego en la nube no será capital dentro de una década».

¿La nube no es para gamers?

El caso es que, como reza el dicho, «cuando las barbas de tu vecino veas cortar…» y, con los videojuegos, tiene pinta de que va a ocurrir prácticamente lo mismo que en la revolución del almacenamiento en la nube; la reproducción de contenidos como series y películas en la nube; y el trabajo colaborativo dentro de una misma oficina gracias a la nube: queramos o no, servicios como Xbox Cloud Gaming, GeForce Now o el que sea que exista dentro de unos años, han llegado para quedarse e ir tomando cada vez más importancia en nuestro día a día.

No vamos a enumerar ahora las ventajas del cloud gaming porque seguro que ya las conoces. Muy por encima podemos hablar de que jugar será una afición que podrás deslocalizar del salón de tu casa por lo que será posible continuar la partida allá donde la dejaste, sin importar el dispositivo que tengas entre manos. Móviles, televisores, tablets y por supuesto ordenadores pasan a ser consolas de videojuegos de última generación donde el único requisito que debemos cumplir es el de tener una buena conexión a internet.

El juego en la nube no tiene muchos amigos entre los gamers que se consideran unos puristas. Eso de no tocar con los dedos la máquina que ejecuta God of War Ragnarok, Pentiment o A Plague Tale Requiem es prácticamente un sacrilegio y se resisten a experimentar en otro sitio que no sea empujado por la potencia gráfica que nace de las tripas de susPlayStation 5 o Xbox Series X|S. Pues bien, si te encuentras entre esos escépticos, tenemos malas noticias que darte porque vas a terminar pasando por el aro del cloud gaming… y lo sabes.

Stadia 4K Cloud Gaming Juego en la nube

El juego en la nube no para de crecer

Si afirmamos tal cosa, que puede parecer un poco pretencioso, es porque los datos que desvelan los estudios de mercado sobre el crecimiento de ese juego en la nube no paran de crecer. A pesar del cierre de Stadia (cuyo problema no fue la tecnología, sino lo mal que Google lo enfocó desde el principio), es evidente que la industria se mueve en esa dirección y aunque seguramente veamos a nuevos actores despeñarse por un precipicio, terminarán quedando las que son realmente viables. Como ocurrió con el almacenamiento.

Ahora mismo, los analistas esperan un crecimiento del valor de mercado para el periodo 2022-2026 de un total de 5.730 millones de dólares, con un gap anual que ofrece números de dos cifras, algo que habla espectacularmente del futuro de esta tecnología. Exactamente, se espera que los mercados globales crezcan de media un 33,54% por año. Con un territorio como es el de EE.UU. que supone él solito el 46% del tamaño total de esa tarta que se extiende por todo el mundo: región Asia-Pacífico, Sudamérica, Oriente Medio y por supuesto Europa.

Así que sí, hoy y ahora es muy posible que el juego en la nube pueda verse como un capricho de unos gamers que se las dan de pioneros, de avanzados, pero a medida que transcurran los años terminaremos por no hacer diferenciaciones ni percibir barreras. El cloud gaming será, simplemente, una forma más de divertirnos, como en su momento lo fueron los móviles que, de una manera parecida, ninguno de los gamers más puristas creían que triunfarían y hoy son la principal fuente de ingresos de la industria de videojuegos global. Por encima del PC y cualquier tipo de consola.

Así que sí, sabemos que odias los juegos en la nube pero al final tendrás que pasar por el aro.