En la historia de la tecnología, hay algunos inventos que no solo marcaron un avance técnico sino que lograron calar tan hondo que terminaron redefiniendo la cultura popular y el modo de usar las cosas. A finales de los años 70 Sony protagonizó una de estas situaciones con el lanzamiento del primer Walkman, un pequeño reproductor de cintas de casete que se convirtió en un símbolo de libertad, juventud y modernidad. Lo más curioso de todo es que lo que comenzó como un mero experimento de la firma japonesa, terminó utilizándose incluso en los PC de aquella época.
Antes del Walkman, escuchar música en cualquier lugar era bastante complicado. Los radiocasetes portátiles existían, pero eran enormes y estaban pensados para compartir música con otros, no como un producto personal. En 1979 Sony rompió esta barrera con el TPS-L2, el primer modelo de Walkman que se convirtió en un éxito inmediato y que creó una nueva categoría de producto: el reproductor portátil personal.
Su impacto fue tan fuerte que, durante décadas, la marca Walkman se convirtió en sinónimo de reproductor de música, trascendiendo incluso a las cintas de casete y adaptándose a formatos posteriores como el CD o el MP3.
El nacimiento del Walkman y la revolución de las cintas de casete
El origen del primer Walkman está íntimamente ligado a Masaru Ibuka, cofundador de Sony, que estaba obsesionado con crear un dispositivo ligero para poder escuchar música durante los frecuentes vuelos de negocios que tenía que hacer por su trabajo. Partiendo de la base de un grabador llamado Pressman que utilizaban los periodistas, el equipo de ingenieros de Sony retiró las funciones de grabación y lo convirtió en un reproductor pensado para el ocio personal.
Una de sus novedades más interesantes fue el doble conector de auriculares, pensado para poder compartir la experiencia con otra persona, acompañado de un botón que permitía mezclar la voz con la música y conversar sin necesidad de quitarse los cascos. Aunque hoy pueda parecer poca cosa, en aquel entonces era una demostración de que Sony estaba a la vanguardia de lo que a equipos de audio se refiere, y a pesar de las dudas de algunos directivos de Sony el primer modelo se convirtió en un éxito rotundo en todo el mundo.
La elección del nombre tampoco está exenta de curiosidades: en Estados Unidos, el dispositivo se presentó inicialmente como «Soundabout», mientras que en Reino Unido lo llamaron «Stowaway». Sin embargo, el término Walkman acabó imponiéndose por su fuerza y sencillez, terminando como marca propia hasta el punto de convertirse en un icono lingüístico global. Con él nació no solo un dispositivo, sino una manera distinta de entender la música, que ya no se trataba solo de llenar un espacio con sonido, sino de acompañar a cada persona de forma individual y sin molestar a los demás. El éxito del Walkman no solo se mide en cifras (más de 50 millones de unidades vendidas en su primera década de vida), sino también en el impacto cultural que generó.
Las cintas de casete como puente entre la música y el PC
Un dato interesante es que las cintas de audio en formato casete se popularizaron notablemente gracias al Walkman. Pero además de ser el medio de consumo musical portátil, también desempeñaron en paralelo un papel clave en la informática moderna. Durante los años 80, muchos ordenadores personales utilizaban cintas de audio como soporte de almacenamiento, como por ejemplo máquinas tan emblemáticas como el Amstrad CPC 464 Plus o los primeros modelos de Spectrum.
Tanto es así, que en aquel entonces, donde la prensa de videojuegos era mayoritariamente en papel físico, solían incluir con las revistas cintas de audio repletas de demos de juegos.
Aunque hoy puede parecer ya algo rudimentario, este sistema fue la puerta de entrada de millones de usuarios a la informática, y simboliza muy bien la versatilidad de un formato que logró trascender a la música. Las mismas cintas que servían para escuchar a Michael Jackson en un Walkman podían utilizarse para contener videojuegos y programas para un ordenador doméstico, y ese doble uso hizo que las cintas de casete se convirtieran en un medio de vital importancia para la época.
