A la hora de sentarnos delante de un ordenador durante mucho tiempo, elegir una buena silla es clave, sobre todo a la larga, ya que puede que los primeros días, nos dé igual una que otra, pero con el paso de los meses, notaremos cómo la espalda no se siente igual de bien que antes.
Tenemos muchos modelos de sillas para escoger, desde una simple silla de cocina, hasta una silla gaming (muy llamativa), o de oficina y ergonómica, las cuales están diseñadas para este tipo de situaciones, ya sea teletrabajar, estar en una oficina sentado, o jugar a videojuegos y ver series.
Qué silla es mejor para nuestra espalda
Al final, esto es más sencillo de lo que parece: si pasas muchas horas sentado, tu espalda no se rompe de golpe, se va cargando poco a poco. Y lo peor es que al principio no notas nada.
Las sillas gaming suelen entrar por los ojos. Son llamativas, grandes, con colores, y dan sensación de “comodidad total”, sobre todo debido al precio, ya que no son baratas, y claro, solemos pensar que, como cuestan mucho, son buenas. Y sí, el primer día parecen cómodas. El problema es lo que pasa después de varias horas seguidas, todos los días. Muchas de ellas dependen de cojines para la zona lumbar. Y claro, un cojín no es un sistema real de soporte. Se mueve, no siempre queda bien colocado, y al final acabas ignorándolo sin darte cuenta. Tu espalda entonces hace el trabajo sola… y eso pasa factura.
Las sillas ergonómicas de oficina son menos espectaculares, pero están pensadas con otra idea: que no tengas que estar “colocándote bien” todo el rato. Te acompañan cuando te mueves, cuando te reclinas un poco, cuando cambias de postura. No te obligan a quedarte rígido. Puede que, a simple vista, parezcan una simple silla, pero están pensadas para largos periodos sentados.
Otro punto que mucha gente subestima es el calor. El típico “cuero” de las gaming, después de un par de horas, se nota. Te hace sudar, te incomoda y al final te mueves más de lo que deberías. Una malla o un tejido más transpirable suele ser mucho más agradable para sesiones largas, sobre todo si es verano o hace mucho calor.
Y luego están los brazos y los hombros. Si los reposabrazos no encajan bien contigo, acabas subiendo los hombros sin darte cuenta. Eso, sumado a una mala postura lumbar, es lo que termina generando tensión en cuello y espalda alta. Aunque esto puede ocurrir en cualquier modelo, y es más importante probar uno que sea de nuestra talla, que elegir el tipo de silla.
Al final, la mejor silla no es la que más impresiona cuando la compras. Es la que no te obliga a pensar en ella mientras estás sentado. Porque cuando todo está bien, simplemente te olvidas de que estás ahí, y tu espalda lo agradecerá. Algunos modelos, como la silla Markus del IKEA, tienen muy buenas valoraciones, pese a no ser excesivamente cara, ya que están preparadas para que tu cuerpo se sienta bien, sin pensar en lo bonita o gamer que pueda parecer.
