Una vez que Valve ha anunciado el lanzamiento de la Steam Machine, de los tres productos que presentó en noviembre pasado, solo faltan las gafas de realidad virtual Steam Frame. Pero, si echamos la vista un poco más atrás, es probable que muchos usuarios se hagan la pregunta: ¿qué pasa con la Steam Deck 2?
Una vez más, el ingeniero de software de Valve, Pierre-Loup Griffais, ha arrojado luz sobre este rumoreado dispositivo al medio IGN. Como era de suponer, Pierre afirma que, si bien es cierto que su desarrollo se encuentra más avanzado que la última vez que le preguntaron los medios, todavía falta para que se lance al mercado, algo lógico teniendo en cuenta como está el mercado, y la espectacular subida de precios que ha recibido la consola portátil Steam Deck OLED.
La crisis de la DRAM ha obligado a Valve a lanzar la Steam Machine, muy por encima de lo que tenía previsto. Su precio de lanzamiento previsto era de 750 euros, un precio muy alejado de los 1.039 euros con los que ha aterrizado en el mercado, con 512 GB de almacenamiento y sin mando.
Si la compañía tuviera la intención de lanzar la Steam Deck 2 al mercado, tendría que incrementar considerablemente su precio para poder cubrir los costes de producción, costes que, probablemente, serán más elevados que los de la Steam Deck que vende actualmente.
El problema de los procesadores de portátil adaptados
Pero, el problema del retraso que está sufriendo la Steam Deck 2 no se encuentra en la crisis actual de suministro de la RAM y de las unidades de almacenamiento. Según Pierre, el problema sigue siendo el mismo de antaño: el silicio disponible en el mercado no cumple con las exigencias de autonomía y consumo que la compañía considera indispensables para ofrecer una experiencia portátil real.
El núcleo de la crítica de Pierre hacia los procesadores actuales se encuentra en la naturaleza de los procesadores actuales de fabricantes como AMD o Intel (incluyendo las arquitecturas emergentes como la plataforma Arc G3). La gran mayoría de los chips integrados en los dispositivos portátiles modernos son, en esencia, componentes de ordenadores portátiles de gama baja que han sido ligeramente modificados o limitados para encajar en carcasas más compactas.
Muchos de ellos son chips para portátiles de gama baja o juegan en ese tipo de factor de forma que luego se reutilizan para portátiles. Puede que no den lugar al compromiso que nosotros habríamos elegido en términos de potencia y duración de la batería.
Para Valve, meter con calzador un silicio diseñado para un entorno de mayor consumo térmico y eléctrico (TDP) arruina la portabilidad. Limitar el rendimiento de un chip de 25W o 35W para que funcione a los 15W máximos que utiliza la Steam Deck disponible actualmente en el mercado suele derivar en curvas de eficiencia ineficientes, penalizando de forma dramática la duración de la batería. Valve prioriza un ecosistema equilibrado donde el rendimiento por vatio sea óptimo desde el diseño base del silicio.
Adiós al silicio personalizado
La estrategia de desarrollo para esta segunda generación, a diferencia de la Steam Machine, supone un importante cambio. Según filtraciones previas, Valve planea abandonar el costoso diseño de una APU semi-personalizada (como el chip Aerith/Sephiroth desarrollado junto a AMD para el modelo original) y optará por soluciones de catálogo.
Esto significa que dependerán por completo de que AMD o Intel diseñen de forma nativa arquitecturas comerciales con un perfil de consumo ultra bajo muy eficiente. Si tenemos en cuenta que la única solución comercial en este sentido es la que ofrece con los procesadores de la gama Ryzen Z, ya pueden esperar sentados en Valve, siempre y cuando Intel no acabe sorprendiéndonos.
Afortunadamente para Valve todavía tiene margen de sobra para que se le pueda comparar con Nintendo (tardó 8 años en lanzar la segunda generación de la Nintendo Switch).
